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 In Zona Indie, Opinión

INDIE GAME

OF THE YEAR

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Último día del año. Momento de hacer balance, echar la mirada atrás y constatar que apenas hemos hecho nada de lo que nos propusimos al comenzar este 2018. Afortunadamente ahí está el videojuego para sacarnos de nuestra incompetente existencia y llevarnos a un lugar con reglas definidas en los que podemos perdernos hasta que La Vida Real™ llame de nuevo a nuestra puerta.

Este 2018 ha sido (una vez más) un año excepcional para el desarrollo independiente, al menos en lo que a calidad se refiere. Volvieron al tablero algunos grandes como Lucas Pope y otro como Matt Thorson se confirmaron como algo más que promesas. También estamos ante el que creo que es el mejor año del desarrollo español desde… SIEMPRE. Nos falta también lo de siempre, dinero, pero resulta difícil recordar un año en el que hayan coincidido títulos de la talla de The Red String Club, Do not feed the monkeys o GRIS, por poner algunos ejemplos. Estamos ahí, qué duda cabe. Sólo falta por saber si hemos llegado a tiempo.

El equipo habitual de Nivel Oculto junto con algunas invitadas de lujo hemos preparado una recopilación con nuestros favoritos de LO INDIE. Como todas las listas no es más que una opinión basada en el criterio personal de cada uno de los autores, así que no se lo tomen demasiado en serio.

Alejandro Cáceres (@alex_cbcp)

(Oro) Celeste

“Hay que caerse para aprender a levantarse” No puedo ni imaginarme la cantidad de veces que habré oído esta frase. El problema es que, por lo general, me parece una gilipollez. Cuando te has caído, cuando estás ahí abajo, lo último que te apetece escuchar es filosofía barata.

El caso es que hablar sobre salud mental es muy difícil. Pero con Celeste Matt Thorson ha encontrado una manera muy adecuada. En lugar de limitarse a repetir las mismas palabras que ya hemos escuchado hasta la saciedad, nos ofrece una experiencia.

Una experiencia que de entrada es frustrante. Sí. Pero que está tan bien diseñada, que te atrapa sin remedio.

Por muchas veces que fallemos en nuestro ascenso, algo nos incita a volver a intentarlo. Y cada error que cometemos nos enseña una lección.

Nos enseña que somos capaces de superarnos a nosotros mismos. Que aquello que pensábamos que era imposible sólo necesitaba ser visto desde otro ángulo. Que somos seres complejos, cargados de contradicción. Que tenemos que aprender a querernos por lo que somos. Y que si nos caemos, podemos aprender a levantarnos.

(Plata) The Red Strings Club

Si alguien intentase venderme un juego y me dijese que es una aventura gráfica, probablemente le diría que tengo mejores cosas a las que jugar. Es una fórmula que sentía superada. Que no creía que pudiera contarme nada más. Y menos mal que me equivoqué.

Desde luego es arriesgado apostar por este formato. Y puede que parte de la culpa de que The Red Strings Club no haya llegado más lejos sea esto mismo. Porque los prejuicios los carga el diablo.

Pero luego lo juegas. Aprecias en detalle su apartado artístico. Ves que la jugabilidad explora cosas. Que la banda sonora te envuelve. Y que su narrativa te toca y te manipula. Y te das cuenta de que si hay talento, lo último que importa es el formato.

(Bronce) Solo

En una sociedad en la que el amor se busca a base de “swipes” y “superlikes”, aprender a gestionar una relación es más difícil que nunca. Somos impulsivos, tóxicos, manipuladores, celosos e impacientes.

Lo peor de todo es que la mayoría de las veces no nos damos ni cuenta. Y cuando las cosas se van a tomar por culo, nos preguntamos qué es lo que ha podido fallar.

Solo puede interpretarse de muchas formas, pero una de ellas es que intenta dar respuesta a estas preguntas. Y siquiera por intentarlo, por invitarnos a la autocrítica y por acompañarnos en este doloroso proceso, se merece un puesto de honor entre los mejores juegos del año.

Diana P. Gómez (@diana_twittea )

(Oro) The Red Strings Club

Deconstructeam nos tiene acostumbradas a ir regalándonos juegos de game jam que van directos a remover tripas; a veces son calentitos y dulces y otras veces son amargos y contundentes como un puñetazo en el estómago. Aunque me encantaría meter en esta lista Behind every great one (que es de los segundos), voy a poner en lo más alto de mi top 3 a The Red Strings Club.

TRSC es la unión de varios de estos pequeños juegos cosidos a una trama que sucede en una distopia cyberpunk. El juego, que es un estupendo ejercicio narrativo, sabe tocar las teclas para que te pases las pocas horas que dura removiéndote en la silla ante las cuestiones que plantea para luego dejarte sola reflexionando sobre la felicidad, la identidad, lo que nos hace humanos y la trascendencia de nuestras decisiones. A Deconstructeam hay que agradecerles que no cayeran en los detestables tropos sociales propios del género sin perder ni un poco de la esencia y la estética melancólica del cyberpunk; y la música. Qué música, amigas.

(Plata) GRIS

Gris ha sido el mejor regalo de Navidad que pudiéramos esperar. Nomada Studio ha dispuesto lo mejor de toda su gente, del artista Conrad Roset y del grupo Berlinist para crear una experiencia que desprende amor y cariño.

Se ha hablado mucho de Gris, yo misma todavía lo estoy digiriendo mientras escribo esto, pero lo que más me ha gustado ha sido esa actitud de “esto no va de ser buena jugando, esto va de disfrutar del paseo”. Poder relajarme y disfrutar del paisaje, del sonido, de la música y de la historia a mi ritmo me ha resultado delicioso.

(Bronce) Do not feed the monkeys

Qué alegría ha sido volver a ver a Fictiorama Studios en acción y con algo totalmente distinto a Dead Synchronicity. Do Not Feed The Monkeys nos pone en la piel de un voyeur profesional a las órdenes de una logia secreta que, a la vez, ha de cumplir con obligaciones vitales tales como dormir, comer y pagar el alquiler. He gozado muchísimo el balance frenético entre gestión de tiempo y recursos y la observación y toma de decisiones cuando llegas a un punto avanzado del juego (lo más criticado, curiosamente).

Bienvenidos de nuevo, hermanos Oliván, qué bueno ha sido vuestro regreso.

Isabel Cano (@IsiAngeath)

(Oro) DELTARUNE

En plena efervescencia del Red Dead Redemption 2 en redes sociales, el valiente Toby Fox comenzó a tuitear desde la cuenta oficial de Undertale, evidenciando que estaba a punto de publicar algo que se encontraba a medias, pero que necesitaba enseñarnos. Esta estrategia funcionó incluso con aquellos que no eran tan seguidores de su anterior juego, ya que consiguió llamar la atención y que olvidáramos durante un tiempo a los vaqueros. Este oro no va solo por un videojuego sin acabar, va por un momento. Por un instante todo jugador habitual estaba unido por la intriga y la ilusión. Las polémicas se desataron después: si nos gustaran las mismas cosas no existiría Twitter. Pero la emoción de descubrir cada tweet, la magia de comentar cada detalle con todo el mundo y el hecho de envolver el fenómeno fan sin ninguna vergüenza solo me lo ha dado este año una demostración de cuatro horas de juego. Y esta es la ilusión que me da motivos para seguir en el desarrollo de videojuegos y es la que quiero contagiar a los que están por llegar. Si os atrevéis a entrar a DELTARUNE, disfrutad cada nota de la banda sonora y abrazad a Ralsei de mi parte.

(Plata) Avernum 3: Ruined World

Cada vez que Jeff Vogel publica una nueva aventura de Avernum, ya sé que va a ser el mejor año. Este 2018 empezó justamente con el lanzamiento de lo que es el remake de mi videojuego favorito desde que tenía aproximadamente 8 años: Exile III: Ruined World (1996). Es una mención puramente nostálgica, pero la historia ha envejecido estupendamente y continúa atrapando a todo aquel que se atreve a dejarse envolver por ella. Intenta acabar con las plagas que han invadido la superficie de Avernum creando un grupo de cuatro aventureros desde cero. Si el foco narrativo y el combate por turnos no os convencen, quizás lo haga su desarrollador. Su conferencia de la última GDC estaría en las mejores del año si hiciéramos un top sobre charlas de videojuegos.

(Bronce) GRIS

Soy defensora de lo feísta como auténtica expresión artística desde que cada vez que se publica un juego preciosista se abre el debate sobre si los videojuegos son Arte. Pero esta vez tengo que dejar esa bandera a un lado y agarrar la de que lo bonito también puede ser jugable. Parece que se ejerce una doble presión en los desarrolladores cuando optan por realizar una obra focalizada en lo estético. GRIS no es un recorrido vacío. Sin las mecánicas, la belleza del videojuego no estaría completa. Se complementan para cerrar una pieza en la que el jugador debe ir desbloqueando colores, los amigos, pero también enemigos de los artistas. Y es justamente esa contradicción la que da sentido a la narrativa de GRIS: la dificultad por finalizar la gama cromática evidencia la verdadera historia de nuestra protagonista.

Hugo M. Gris (@Hugo_M_Gris )

(Oro) Cultist Simulator

Cultist Simulator es como ponerse otros ojos para mirar de otra manera al mundo. Es el juego no solo como producto, sino como actitud. Es rebuscar entre las piedras del entorno para encontrar una grieta a partir de la cual filtrar lo invisible, pero también por la que deslizarse hacia visiones de otros fragmentos de realidad, de fantasmas itinerantes y preguntas que nunca devuelven respuestas, solo engimas sobre enigmas. Su tapete-ciudad y sus calles hechas de cartas no dicen, sino que insinúan, y no revelan, sino que luchan. No es un juego amable, directo ni accesible. Cada centímetro que le ganemos a ese otro lado hay que sudarlo, pero cada mirada a su Mansus hecho de bosques blancos, mares en escalera y museos de gusanos se siente como todo un ascenso. Arriba esperan esos otros ojos, que solo caben en otro cuerpo: subir es trascender, es dejar atrás los días de asegurar techo y pan para empezar a vivir otra vida. Cultist Simulator es casi un juego mágico, pero en el sentido de la palabra que habla de existir en una red de contactos y conexiones, a través de la que hablar y escuchar, mirar y ser mirado, profundizar y ser profundizado. Es, para que nos entendamos, un buen ejemplo de que jugar es construir, por un instante, otro lenguaje que de sentido a todo eso que nos rodea.

(Plata) The Hex

Aquí bien podría estar hablando de El regreso del Obra Dinn, una de las obras que más me ha fascinado este año por todo aquello que ya expuse en la crítica. Encajaría perfectamente en esta lista por su condición de obra de autor (un apelativo que parece estar ganando valor en el circuito), pero prefiero poner el foco en The Hex, un juego también firmado, con las luces y sombras que ello suponga, pero, por encima de ello, un corte transversal a la industria. Y digo industria de manera intencional, porque Daniel Mullins vuelve a sacar la pistola de la metaficción para disparar a todo lo que se menea. Su posada Six Pints, esa topología surgida tras el choque de todas las fuerzas que intentan decidir sobre qué y cómo son los juegos, es uno de los mejores retratos de lo que significará, dentro de un tiempo, dos mil dieciocho.

(Bronce) Heaven Will Be Mine

El juego de las lesbianas espaciales. Esta novela visual es uno de los mejores textos que han pasado por mi pantalla este año, con todos los vicios y virtudes que pueda tener. No hay nada más político que la elección, como bien exponen sus ocho días de campaña y flirteo interestelar mecanizado. Y este año en que la discusión sobre qué y qué no es un juego parece seguir vigente (el que sea capaz de dibujar esa línea que levante la mano), invitar a pasar un rato en la obra de Pillow Fight Games es bregar con aquello de que lo político es absolutamente personal. Batallas espaciales y mordidas de labio en un cosmos en el que observar y jugar son actos muy poco inocentes. Porque los ojos crean fronteras, las manos en la cadera galaxias y la gravedad no es sino una manera de recordar que todo tiene su forma. Aunque a veces esta se pierda, se olvide o se muera.

Javier Alemán (@esjavieraleman)

(Oro) The Red Strings Club

Llegó a nosotros en enero de 2018, y desde entonces llevo buscando un indie que me haya gustado más que el segundo grande de Deconstructeam. Y lo cierto es que no encuentro ninguno. Es un bloque granítico de buen hacer al que se le pueden poner muy pocas pegas—¿quizá que al haber sido escrito en inglés choque un poco su propia traducción?— y al que hay que alabarle sobre todo la valentía.

Valentía doble porque rompe por dos lados. Por un lado, en vez de enarbolar el clásico cinismo e iconoclastia del cyberpunk, consigue ser calidísimo y tender una manta llena de intimidad al jugador. Y por otro, por animarse a tejer una hermosa historia de amor homosexual mientras nos lanza más preguntas que respuestas. The Red Strings Club coquetea con la vida y la muerte, la duda sobre la existencia del libre albedrío y la orfebrería de haber engarzado tres elementos jugables dispares para contar una bonita historia. Lo mejor es que logra hacerlo sin sacarnos del juego, que será probable que terminemos la misma tarde que nos lancemos a él, adherido a nosotros y a la pantalla.

(Plata) Unavowed

Lo último de Wadjet Eye Games es una debilidad particular. Mete en una coctelera lo mejor de los videojuegos de rol à la Bioware, el énfasis en los acompañantes y las interacciones con ellos con su propio buen hacer previo en las aventuras gráficas. Así convierte a los personajes en elementos de los puzles, nos da varios caminos en cada uno de sus escenarios y nos hace sentirnos como si de verdad formásemos parte de una conspiración sobrenatural para contener los recovecos oscuros del mundo que quieren filtrarse al nuestro. Encima es imposible que no recuerde a los juegos de rol de Mundo de Tinieblas, ¿cómo no iba a conquistarme?

(Bronce) The Banner Saga 3

Si la trilogía fuera un solo juego no me cabe duda de que le daría el oro de este año, porque lo único malo que tiene The Banner Saga 3 es que hay que haber jugado a los otros dos para disfrutarlo de verdad. Lo que ofrece es importantísimo: una sagaz vuelta de tuerca que nos pide que en vez de huir nos acerquemos a lo que llevamos dos juegos evitando, un final muy bien hilado que entrelaza los tres juegos y, si acaso, una victoria que sabe amarguísima pero a la vez nos llenará el corazón de calor. Stoic lograron lo que se proponían, crear una auténtica saga vikinga y una serie de juegos de rol que tendrán un lugar especial en la historia del videojuego.

Juanma Moreno (@_twinsen_)

(Oro) The Friends o Ringo Ishikawa

Yeo inventa un trampantojo que bajo la apariencia de un beat ‘em up dibuja uno de los relatos sobre el paso de la adolescencia a la vida adulta más interesantes del medio. Un relato crepuscular a ritmo lo-fi donde la violencia es sólo una de las partes que conforman la amistad como sólo se entiende en la adolescencia. Para ello construye todo un mosaico de momentos de calma en los que se permite el lujo de crear instantáneas perfectas y duraderas sobre lo que significa la pertenencia de grupo cuando la vida “de verdad” acecha en el horizonte en forma de rascacielos. Ante eso sólo queda pelear por lo que uno cree, y eso hace Ringo, pelear hasta el final contra el inevitable paso del tiempo y sus consecuencias en el que sin duda es uno de los finales más emotivos que he podido disfrutar este 2018.

(Plata) Return of the Obra Dinn

Lucas Pope continúa su camino hacia la demostración de que cualquier trabajo puede ser una aventura si te lo propones. Ya lo demostró en Papers, Please poniéndonos en el papel de un funcionario de aduanas y ahora le llega el turno a un perito. Lo demás también el puro Pope. Una mezcla de matemática y narrativa que luce estupendamente envuelta en su estética de 1bit y que ofrece al autor norteamericano la oportunidad de mostrar un sudoku literario del que, una vez más, sale muy bien parado. Return of the Obra Dinn no decepciona, y eso viniendo de donde veníamos, es casi un milagro.

(Bronce) Do not feed the Monkeys

El segundo proyecto de Fictiorama es como poner un espejo delante de una cámara para mostrar un reflejo infinito. El Gran Hermano ya no vigila, sino que somos nosotros, ellos, todos. Pocos títulos han sabido captar tan bien elementos tan inherentes el momento actual como la paranoia, procrastinacion o la precariedad laboral. Do not feed the Monkeys es el paso siguiente a las stories, al stalkeo en Instagram. Todos somos susceptibles de espiar y ser espiados, pero no pasa nada si la narrativa alcanza el nivel que en han mostrado los hermanos Oliván.

Marina Díez (@Ninfa_dp)

(Oro) Celeste

La obra de Matt Thorson y Noel Berry se ha erigido indiscutiblemente como uno de los juegos imprescindibles de 2018. Mecánicas adictivas y su increíble apartado artístico a un lado, lo que personalmente me ha llamado más la atención, tanto como para que encabece mi top 3 del año, es que significa otro paso más en hacer entender al público que los juegos no son “sólo” juegos y que su poder va mucho más allá de nuestras pantallas. Pocas veces hemos podido disfrutar hasta ahora de obras que pusieran sobre la mesa temas tabú como lo han sido las enfermedades mentales hasta hace muy poco y creo que, además, Celeste rompe con ese constructo social ridículo de que tienes que ser feliz todos los días de tu vida porque sí, porque no tienes motivos para estar triste. Celeste es un canto a las emociones y a las dificultades que se pasan en algunos momentos de la vida para, como si escalásemos una montaña, llegar a la cima.

(Plata) Return of the Obra Dinn

Después de haber disfrutado enormemente de Papers, please y haberme vuelto loca hace unos años con la pequeña demo que Lucas Pope sacó de Obra Dinn, el lanzamiento de este juego lo recibí con ilusión y miedo a partes iguales. Afortunadamente venció la ilusión en un juego en el que me siento tremendamente cómoda porque imagino que me estoy asomando a la historia desde una ventana y que, como una actriz invisible, muevo los hilos para destapar el crimen. Me encantan la literatura, los barcos, los piratas, los viajes en el tiempo y los acertijos, por lo que Obra Dinn tiene todos los ingredientes para estar pegado a la pantalla si tú también disfrutas de todos estos elementos. Como curiosidad, uno de los detalles que más me hicieron adorar el juego fue que los diálogos, además de estar escritos en la tipografía típica de las novelas de aventuras, están representados de viva voz.

(Bronce) 10 Mississippi

Karina Popp, desarrolladora americana, es la mujer brillante que se encuentra detrás de este juego experimental que nos hace reflexionar acerca de las actividades de nuestra vida diaria. El juego está creado usando únicamente fotografías y, a través de la primera persona, se crea una atmósfera íntima que puede resultar hasta incómoda por sentirte prácticamente como un voyeur. Tal y como sucede con las enfermedades mentales, no es común que veamos videojuegos que representen la intimidad y que, además, nos hagan reflexionar sobre actividades aparentemente mundanas como lavarnos los dientes. Digo aparentemente porque observándolo con detenimiento, pocas cosas las hacemos porque sí. Todo tiene un significado.

Marta Trivi (@MartaTrivi)

(Oro) Do not feed the Monkeys

El cine, en un ejercicio autoreflexión, ha abordado en multitud de ocasiones la figura del voyeur relacionándola casi siempre de manera explícita con el horrorizado espectador que no puede apartar los ojos de la pantalla. En los videojuegos, no obstante, suelen preferirse las figuras de acción, los protagonistas activos que, gracias a la interactividad, introducen al jugador en la experiencia de primera mano. Pero los jugadores también somos mirones. Todos exploramos los escenarios en busca de cartas, detalles o escritos que nos permitan conocer en profundidad qué sucede en el universo de ficción que temporalmente habitamos y Do Not Feed The Monkeys es de los primero títulos en entender esto.

La propuesta de BadLand Games y Fictiorama Studios es un juego de exploración en el que lo que inspeccionamos no es un espacio físico sino narrativo. A través de varias cámaras instaladas por una super organización secreta podremos espiar situaciones e historias y decidir si interferir en ellas o no. Do Not Feed The Monkeys tiene mucho humor y alguna que otra dosis de intriga. Más que habilidad, el jugador tendrá que tirar de ingenio para descubrir cómo sacar partido de cada situación y volverla a su favor. Un juego divertido, lleno de historias, finales y decisiones morales.

(Plata) Cultist Simulator

Más que narrativo, Cultist Simulator es un juego sobre el lenguaje. Sobre la escritura. Con la apariencia de un juego de cartas, el título de Alexis Kennedy nos pone en la piel del líder eterno y atemporal de un culto que nosotros mismos podremos definir. Nos abriremos camino, cómo no, con palabras. Combinando cartas de acciones y objetos escribiremos nuestras propia historia iluminando (o no) a la humanidad por el camino. Cultist Simulator es un juego único. Oscuro y brillante. Tranquilo pero estimulante. Y difícil, por supuesto. Porque el camino de la iluminación no se encuentra pavimentado.

(Bronce) Wandersong

Desarrollado en solitario por Greg Lovanob, e inspirado por un viaje que el creador realizó a través de Estados Unidos en bicicleta, la historia del bardo que no era el elegido pero que estaba dispuesto a salvar el mundo de todas maneras es una celebración de la humanidad y el indie más encantador del año. Wandersong es el juego al que quiero volver. Una explosión de alegría, música, humor absurdo y carcajadas tontas. Un universo lleno de personajes positivos dispuestos a no conformarse cuando pueden escribir su camino.

Y el Indie Game of the Year es para…

The Red Strings Club. El segundo “largo” de Deconstructeam se hace con un merecido primer puesto y nos deja el primer podio en este listado de final de año para un desarrollo realizado en España. De cerca le siguen Celeste y Do not feed the monkeys junto a Cultist Simulator, confirmando el sabor nacional.

podio-2018-def

Y hasta aquí LO INDIE de 2018. A partir del año que viene continuaremos con energías renovadas para traer lo mejor del sector independiente. Mientras tanto os invitamos a dejar vuestro propio podio independiente (¿indiepodio?) en los comentarios.

Juanma
Juanma
Co-Fundador de Nivel Oculto. Puedo aguantar la respiración durante 10 minutos, buen manejo de la espada y experto en duelo de insultos. Ambitorpe.
Showing 3 comments
  • Avatar
    Tom
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    1. Celeste
    2. Into the breach
    3. The Banner Saga 3 o Minit

  • McDormand
    McDormand
    Responder

    Me quedaría con:

    1# Rimworld (que extrañamente, siendo como es, una jodida y adictiva maravilla, no tiene ningún voto… :S)

    2# Return of the Obra Dinn
    2# Gris
    2# Celeste

    3# Do not feed the Monkeys
    3# The Red Strings Club

  • Avatar
    Dyermaker
    Responder

    La lista me viene de perlas porque veo que hay unos cuantos que se me han pasado por debajo del radar.

    Mi top del año:
    1. Guacamelee 2
    2. Celeste
    3. Into the breach

    Lo diplomas olímpicos: Chuchel, Q.U.B.E. 2, Two Point Hospital, Planet Alpha, Gris.

    Feliz año y gracias por lo vuestro.

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