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Celeste

Crítica

Madeline Celeste

Cuando era pequeño siempre pasaba por delante de una montaña con los restos de un castillo en lo alto. Esa visión me fascinaba. Ante mis ojos infantiles, aquellas ruinas eran las puertas a otro mundo. Pero esas puertas permanecieron alejadas por mucho tiempo, ya que los siglos habían provocado que un lugar de por sí poco accesible se hubiese convertido en prácticamente inexpugnable.

Sin embargo, unos años más tarde mi padre y yo decidimos subir a explorar, intentando trepar por entre unas grandes formaciones de granito. No se imaginen una expedición monumental, sino a un padre y un hijo ayudándose para ascender torpemente entre rocas, maleza y árboles. Al llegar al castillo no encontré ni un atisbo de lo que había imaginado. Allí sólo había unos muros a punto de sucumbir a la presión de la naturaleza. No pude encontrar ningún rastro que me guiara a todos esos mundos con los que había soñado tantas veces.

Pero esto no significa que aquella fuese una temprana decepción de la vida. Aún guardo aquel día con especial cariño en mi recuerdo. Puede que el castillo no estuviese a la altura, pero durante el ascenso encontramos restos de un campamento improvisado por unos niños. O cómo nos encontramos con un grupo de mastines (que probablemente habían sido abandonados) que estuvieron jugando con nosotros y pidiéndonos caricias incesantemente durante una hora. Por no hablar de las vistas privilegiadas, el silencio y el aire gélido llenando nuestros pulmones mientras jadeamos con la piel ardiendo y cubierta en sudor por el último esfuerzo para coronar la cima.

Celeste es la experiencia más cercana que he tenido a aquella jornada. Y eso que la dureza de mi expedición familiar no tiene una décima parte de dureza de lo que se van a encontrar al tratar de escalar la montaña homónima al título del juego.

Y es que Madelaine (o el nombre que ustedes elijan darle al personaje) se embarca en una aventura simple: escalar la montaña Celeste en Canadá. Algo que agradezco es la honestidad de Matt Makes Games al no tratar de imponer una aventura sobre salvar al mundo de un villano de dibujos matinales, ni tampoco un drama existencial que cumpla todos los puntos de la lista de clichés. Celeste es una historia personal, que se nota que realmente importa a sus autores.

Hay algo especial en entregarte a la obra de alguien que exuda cariño por los cuatro costados. El amor es contagioso, y aquí no van a tardar en quedarse prendados del universo que se va desenvolviendo ante sus ojos. Celeste no trata de ser más de lo que es, pero al mismo tiempo consigue ser mucho más de lo que aparenta. 

“Casi se siente como si el equipo de Matt Makes Games te estuviese viendo jugar, con una sonrisa y mandándote ánimos”

A fin de cuentas, Celeste se mueve en un estilo similar al de Night in the Woods, con un tono de rebeldía generacional. No trata de ser irreverente o edgy en ningún momento. No hay un tono ácido en su reflejo, sólo una brutal sinceridad que llega a conmover en ciertos momentos de la historia.

Pero Celeste no es un drama. Paradójicamente se mueve más en el terreno de la comedia ligera, algunas veces pareciendo querer tocar el terreno de la tragicomedia, pero levantando el vuelo rápidamente. Celeste es la historia de Madeleine, una veinteañera que decide escalar una montaña porque supone un reto personal. Sé que la descripción de la historia es vaga, pero es que si sigo explicando más les arruinaría las sorpresas que el juego les tiene guardadas.

Digamos solamente que se trata de una historia sobre nuestros propios demonios y cómo cuando nos enfrentamos a retos, no son estos los que nos impiden alcanzar nuestras metas. Evidentemente la historia se retuerce y habla de muchas más cosas, y eso que podríamos decir que la historia no es especialmente larga, dándose más énfasis a la jugabilidad.

Y, sin embargo, es precisamente la forma de jugar la que hace que Celeste sólo pueda ser entendida como un videojuego. Digamos que la comparamos con la película Wild. Ambas tratan temas similares, pero mientras en Wild nos muestran el dolor que sufre el personaje de Reese Witherspoon en su travesía, en Celeste somos nosotros los que sufrimos cada fracaso. Somos nosotros los que tienen que llegar a la cima. No podemos sentarnos y esperar a ver cómo se resuelve. Por eso la jugabilidad supone una parte vital de la experiencia. Celeste cuando cogemos el mando es un plataformas del género frustrante. Es decir, que podríamos situar a este juego al lado de Super Meat Boy sin ningún pudor. Y es que en Celeste van a morir. Mucho. Muchísimo.

De hecho, uno de los puntos que me sorprendió es que en las breves pantallas de carga entre capítulos (cuando fallas el reto inicia casi de manera inmediata) se destina a que el equipo de desarrollo te mande postales animándote a tomar un descanso, a no agobiarte y a volver cuando estés más tranquilo. Por no hablar del modo asistido, una especie de modo dios, donde puedes elegir activar las ventajas que tú quieras o saltarte un capítulo entero si la experiencia es demasiado dura para ti. ¿Supone esto hacer trampas? Un poco sí, pero piensen que hay momentos donde se exige una velocidad y coordinación muy elevadas, y este modo está implementado de manera opcional, en pos de priorizar la accesibilidad, algo que se suele pasar por alto en los videojuegos.

Además, al igual que dispone de un modo asistido, el juego propone una cantidad ingente de desafíos con una dificultad mucho mayor para quien busque esa experiencia. Estos retos suponen dominar de manera prácticamente sobrehumana las cuatro mecánicas que componen Celeste, algo que no está al alcance de muchos.  Nos dará entre seis y ocho horas de desafío continuo y es el tipo de juego en el que puedes ponerte a gritar mientras te resistes con todas tus fuerzas a lanzar el mando contra la pantalla, dejarlo un par de horas, volver y resolver la misma pantalla a la primera. Celeste es duro, pero es un reto que se mete debajo de nuestra piel, no un desafío imposible.

En definitiva, Celeste es una experiencia por la que deben pasar, aunque odien los juegos frustrantes o difíciles. Hay una gran diferencia entre enfrentarse a los momentos difíciles de Dark Souls, colocados en muchas ocasiones para penalizar al jugador, y la celebración del reto de Celeste, donde te encuentras con el apoyo continuo de los desarrolladores. Casi se siente como si el equipo de Matt Makes Games te estuviese viendo jugar, con una sonrisa y mandándote ánimos. Diciéndote que todo saldrá bien, que no pasa nada por fracasar, que siempre puedes intentarlo otra vez.

Voy a hacerles un pequeño spoiler: cuando consigues coronar la cima no encuentras gran cosa. No hay una revelación llamada a provocar una catarsis en todos los que hayan conseguido llegar. Pero puedes maravillarte con el silencio, contemplar el horizonte y llenarte los pulmones con el aire gélido mientras tu cuerpo arde por el último esfuerzo. Y recordar el camino. Emocionarte pensando en todos aquellos momentos que parecían imposibles y los conseguiste resolver. Tú. Tú sola. ¿Quién te iba a decir que eras capaz de trepar una montaña por ti misma?

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Danny Panizo
Danny Panizo
Una vez me dijeron que perdía el tiempo con los videojuegos. Desde entonces no hay día "que no pierda el tiempo" amándolos. Escribo y diseño entre partidas. Un juego es narración, interacción y emotividad, no gráficos y hype. Por eso el Shenmue es el mejor juego de la historia.
Showing 2 comments
  • Tom
    Responder

    Felicidades por el estupendo análisis. Soy u profano al género y me he enamorado de Celeste, estará entre mis destacados del año sin duda, en una posición muy elevada. Precioso es poco.

  • Adrian
    Responder

    Uno de los mejores Indies de este año, su narrativa es al grano y la historia que nos cuenta enamora, al ver como la protagonista va haciendo amistades (incluso con aquella que le persigue al inicio) es asombroso.

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