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Análisis: To the Moon

Últimamente, cada vez que uno posa su mirada en un videojuego independiente con alguna idea simpática, acaba en la saca. Las promociones, el auge creativo y cosas como los bundles ayudan; y normalmente un precio ajustado conseguirá que nos sigamos decantando por desarrollos como To the Moon, de Freebird Games.

En este caso es la historia del videojuego la que nos acerca y atrae irremisiblemente. En un futuro cercano, existe una empresa que se encarga de cumplir los deseos de sus clientes moribundos. ¿Cómo? Introduciéndose en sus memorias, creando una especie de copia de seguridad en la que han alcanzado todos sus sueños y transfiriéndolas al paciente. Así, es como si en su último estertor pudiera recordar una vida que no vivió, pero que será la suya, la que identificará como real en sus últimos minutos.

Con interesante premisa, nos embarcaremos en el trayecto que nos ofrece To the Moon, encarnando a dos científicos (el Dr. Neil Watts y la Dra. Eva Rosalene) que deben conseguir que su cliente llegue a la luna. Lo harán avanzando hacia atrás en sus recuerdos, saltando entre escenas de la vida de Johnny (el moribundo y auténtico protagonista) hasta llegar a una infancia en la que querrán instilar la motivación de viajar al satélite.

Llegados a este punto, toca meterse en el aburrido debate sobre lo que es un videojuego y lo que no. Resulta curioso que cuando aparecen Dear Esther o Home, ambos títulos independientes, surgen como setas en un humedal las opiniones al respecto. No ocurre con Metal Gear Solid 4 o Heavy Rain, ambos títulos cargadísimos de secuencias de vídeo y momentos de nula interactividad. Así que vamos a quitarnos el debate de un plumazo: no estoy del todo seguro sobre el estatus de videojuego del título, es interactivo a ratos y su jugabilidad no es la que parece. Ahora, estamos ante una de las mejores historias de lo que llevamos de generación.Digo que es interactivo a ratos porque, aunque manejamos a los dos doctores, estará trufado de diálogos y escenas y su desarrollo no será el que esperamos. Su apartado gráfico, un guiño a la época dorada de los JRPG en SNES o al propio RPGMaker, apela a la nostalgia pero puede engañar, porque no estamos delante de un juego de rol que incluya combates ni desarrollo de personajes a través de la experiencia. Realmente, es más una aventura clásica de point & click, o un juego de puzzles que lo que su apariencia destila.

Nos moveremos a través de los recuerdos de Johnny, y el objetivo en cada escena es ir reuniendo información para desbloquear memorabilia, objetos que nos lleven a una escena anterior. Una pequeña concesión jugable es que cada uno de los objetos tendremos que completarlos en un puzzle muy sencillo. Ahí acaba la jugabilidad de To the Moon, que además, irá disminuyendo a medida que avancemos en la historia.

Lo realmente importante, como he dicho antes, es la trama que nos presenta el juego, madura y profunda hasta decir basta. Lejos de confundir la madurez con parar barcos que nos van a matar con la espalda, el guión se adentra en temas tan profundos como la vida de pareja, los sueños inalcanzables, el sentido de la vida…incluso si merece la pena alcanzar las ambiciones personales si tenemos que dejar algo por el camino. Lo cuenta todo con sencillez y naturalidad, con una inteligencia importante que nos va revelando más y más verdades a medida que avanzamos hacia atrás, confirmando o desmintiendo las ideas que nos hayamos hecho con las ideas anteriores.

Además, la pareja protagonista actúa de dos maneras. Primero, como alivio cómico necesario y bien gestionado. Segundo, como espejo de las emociones que va viviendo el jugador. Se parte primero de lo cotidiano que les resulta su trabajo, “un día más” de su rutina, y van evolucionando a medida que conocen la historia de Johnny, destilando humanidad y una construcción de los personajes bien cimentada.

Acompaña a la aventura una exquisita banda sonora compuesta por el propio diseñador, Kan Gao, que consigue hechizar al jugador. Los acordes resuenan en la cabeza mientras avanzamos y transmiten a la perfección esa mezcla de melancolía y maravilla por el viaje que el juego nos ofrece. Es una maravilla y un ejemplo perfecto de cómo la música puede servir y añadir sin interferir en ningún momento con la jugabilidad ni el mensaje.

Con todo esto presente, no me atrevo a poner una sola pega. Es difícil encontrar historias así de profundas, que mezclan temática realmente adulta con grandes escenas y un sentido del humor que no chirría. Para el que sólo piense en términos de control, eso sí, las noticias son malas. El juego no tiene un gran valor de rejugabilidad y en unas tres horas lo habremos terminado. ¿Merece la pena exponerse a él, con la numerosa oferta de títulos en el mercado? Me voy a permitir una frase del juego para responder: “Vamos a ir momento a momento, centrándonos en eso”. Si nos centramos en el viaje, en los momentos que nos ofrece y la música que nos toca el alma, sí, merece mucho la pena.