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1001 Videojuegos que debes jugar: Flower

Cuando uno entra en la web de Thatgamecompany se encuentra un diseño limpio y una clara declaración de intenciones: transitar los terrenos más emotivos de los videojuegos de manera accesible, buscando que el jugador viva una experiencia lo más positiva posible. Esto, más allá de ser una descripción pretenciosa, acaba convirtiéndose en realidad en títulos como Journey o Flower, del que hoy hablaremos.

Mientras pensaba en lo que iba a decir sobre Flower, una frase se repetía en mi cabeza: “no digas lo de poesía visual, por favor”. Y sin embargo, por mucho que suene rancio, por cursi que sea, no me queda otra que decirlo: Flower es poesía visual. Y no deja de ser un videojuego. Es uno de esos títulos que te hace plantearte si realmente el género puede aspirar a ser arte, y que levanta pasiones y genera debate.

Y a pesar de todo, es mucho más simple que eso. Flower no pretende ser nada, no es pretencioso y no va más allá. Es sencillo, fácil de jugar, bonito y digno. Es esa persona que te resulta guapa, pero que vive con la inocencia de no darse cuenta y no presumir jamás de ello. Esa persona que conmueve con su movimiento, que te arranca el alma con una sonrisa.

La premisa es muy simple. Somos un pétalo solitario en medio de distintos parajes y el jugador controla el viento, que lo moverá de flor en flor. A medida que nos desplacemos entre ellas ganaremos más pétalos, y tendremos que ir completando distintos trazados para ir trayendo vegetación a zonas baldías. Para esto tendremos cualquier botón del pad para acelerar el viento, y moviendo el mando sobre el eje Sixaxis lo haremos variar dirección y sentido. Así de sencillo.

En ningún momento el desarrollo se hace monótono, porque los paisajes y ambientes van cambiando y nos vamos dando cuenta de que Flower nos propone que examinemos la relación del medio ambiente con la tensión del crecimiento urbano, llevándonos por una especie de viaje metafórico y planteándonos preguntas mientras intentamos llevar algo de vida a lugares cada vez más agotados.

A destacar el aspecto gráfico del juego, con un nivel muy elevado que roza muchas veces el fotorrealismo. El césped ondula con el viento y en todo momento provocamos reacciones en el medio con lo que hagamos. No es sólo que la calidad gráfica sea elevada, sino que el trabajo en la dirección artística nos da variedad de formas y complace ampliamente a los sentidos.

Nos acompaña la maravillosa banda sonora creada para la ocasión por Vincent Diamante, y se añaden todo tipo de efectos de sonidos. A destacar el del viento soplando y las notas musicales que van sonando cuando abrimos las flores a nuestro paso, que, de hacerlo rápido, van creando pequeñas composiciones.

Así es Flower. Una experiencia agradable, relajante, y tristemente corta, aunque muy rejugable. Para quien guste de este tipo de sensaciones es una compra obligada, y si aún no tenéis Journey o flOw en breve aparecerá la edición coleccionista, que incluye los tres. En todo caso, es una manera excelente de tirarse en el sofá, subir el volumen y dejarse llevar. De recuperar la inocencia y estar un rato, simplemente, experimentando.