Svoboda 1945: Cicatrices de violencia

Javier Alemán

El videojuego, al igual que el resto de artes, ha adolecido de una representación bastante chusquera de la memoria histórica en lo referente a las Guerras Mundiales. No lo digo yo, lo dice Alberto Venegas en este excelente artículo y la serie que le ha seguido en varios medios más. Que la inmadurez de las mecánicas jugables ha tenido que ver es indudable, pero también lo ha hecho una lectura que se hizo desde poco después de la Segunda Guerra Mundial que buscaba exaltar una serie de valores y no recordar lo que pasó y a quién le pasó. Attentat 1942 ha sido uno de esos videojuegos que ha empujado un poco por contar algo distinto, y sus creadores han anunciado ahora otro esfuerzo en esa dirección: Svoboda 1945.

El primer videojuego de Charles Games (llamados así por venir de la Universidad Carlos de Praga) nos proponía desenterrar el pasado familiar a través de un abuelo que había atentado contra uno de los popes nazis en la República Checa, y Svoboda 1945 toma una dirección parecida. Aquí reviviremos las historias de lo ocurrido durante la ocupación en un pequeño pueblo de la frontera entre la República Checa y Alemania, recurriendo a material gráfico y entrevistas con hasta ocho supervivientes. ¿El objetivo? Que esas historias personales no se queden sin contar, que nos acerquemos a las heridas de la guerra y esas cicatrices puedan terminar de curarse. Para lograrlo recurre a un formato de cómic y de aventura narrativa, en el que pequeños puzles acompañarán al conjunto.

Parece que en el estudio han tocado hueso con este tema y que quieren seguir explorándolo, y aquí no podemos más que alegrarnos. Además han tenido el buen tino de contar con historiadores de la Academia Checa de las Ciencias, precisamente para no caer en el error de volver a la Historia sin la propia Historia.

Por lo pronto no tiene fecha, pero sí sabemos que aparecerá en Mac y PC, pero no duden en que estará en nuestro calendario.

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Javier Alemán
Co-administrador de Nivel Oculto. Escribo libros y vivo una hora por detrás del mundo civilizado. Una vez Juanma me emborrachó en un restaurante alemán.

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