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Alone With You

Crítica

El astronauta (al menos lleva traje ambiental) otea el horizonte desde un risco malva. No lo sabemos aún, pero su soledad es casi perfecta, casi la soledad más pura de todo el universo. La lluvia no para de caer, golpeando su casco y el resto de su traje. No es una lluvia refrescante ni bienvenida: al igual que en el fantástico relato de Bradbury, ese chaparrón es el heraldo de la muerte, el ángel exterminador. Pero como decía, la soledad es casi perfecta y por su único defecto fatal se cuela un ronroneo metálico. Es una inteligencia artificial que nos recuerda que debemos volver al trabajo, que aún queda mucho para escapar con vida del maldito planeta que osó rebelarse contra la terraformación.

Así empieza Alone With You, la aventura de romance y ciencia ficción de Benjamin Rivers (Home). En medio de un planeta hecho mierda en el que no somos bienvenidos, donde todo se ha ido al garete cuando el ser humano trato de imponer su visión de lo que debe ser un lugar habitable. Y claro, como en la (buena) ciencia ficción, las cosas han acabado saliendo mal. Nuestro protagonista enmascarado (una sencilla manera de que sea el jugador el que asuma su género) será testigo de los últimos días del que ha sido su hogar durante más de una década, y tendrá que trabajar con la única supervivente, la IA que ayudaba a los colonos a gestionar el día a día de las instalaciones y el proceso.

Pero no todo es tan sencillo.

 Alone With You es dos cosas a la vez. Por un lado está la aventura, la dichosa jugabilidad para que esto parezca un videojuego. Por el otro está su narrativa, que lo acerca muchísimo a una visual novel, sólo que con un elenco abrumador de opciones y posibilidades que harán que nadie tenga una partida igual.

El planeta se ha rebelado provocando una enorme Brecha, que ha desestabilizado el clima, traído la larga lluvia y generado unas tormentas que van a hacer aún más complicado nuestro trabajo: salir con vida. Desde el principio tenemos una nave espacial, pero necesitamos repararla y crear una serie de subsistemas (alimentación, comunicación, propulsores) que nos permitan sobrevivir a la desoladora inmensidad del espacio hasta que alguien oiga nuestra señal y pueda rescatarnos. Para ello tendremos que visitar las distintas instalaciones, ahora abandonadas y devastadas, de la emergente colonia. Cada una de ellas con una serie de estancias cerradas a las que acceder, puzles que resolver, secretos que desenterrar y elementos que recolectar.

Eso tocará hacer, una y otra, y otra, y otra, y otra vez. La rutina como jugabilidad, la imitación del trabajo como mecánica. Probablemente esto será lo que haga más pesado el juego para algunos, pero es absolutamente necesario para poner al jugador en el escenario: tiene que hacer todo lo posible por salir adelante. En cada zona hay ligeras variaciones y la trama puede avanzar a través de los archivos y el escenario que vamos encontrando. Una forma algo tosca de narración, pero que cuenta pequeñas historias, miserias diminutas y esperanzas personales que han muerto con la colonia. Hacen más ligero y disfrutable el trabajo y entroncan en algunos momentos con los puzles.

Evidentemente, no es su mejor aportación ni lo que lo convierte en un videojuego tan atractivo, pero sirve para construir toda su narración. Lo bueno, como en la vida, viene después de trabajar.

Cuatro colonos nos ayudarán a reparar la nave y escapar, dando lo mejor de sí mismos para que al menos alguien sobreviva a la odisea. Porque, formalmente, no existen. Desaparecidos, quizá muertos… en vida fueron varias de las mentes más importantes del equipo. Ahora lo siguen siendo en su nueva forma: proyecciones holográficas reconstruidas con sus registros y recuerdos, que a todas luces actúan como si sus vidas no se hubieran interrumpido. Sí, hay un gran vacío en los recuerdos que no fueron procesados tras su desaparición y sí, saben que son hologramas y que probablemente hayan fallecido. Pero ahí están, con una vida que es difícil de ver en otros videojuegos.

Ellos son el plato fuerte de Alone With You, los fantasmas que, junto con la IA, perforarán la cáscara de nuestra soledad. Después de cada misión, al final del día, podremos encontrarnos con uno de ellos y mantener una conversación. Primero sobre la misión, pero a medida que pasen los días, sobre ellos y nosotros mismos, sobre el pasado y el futuro. Y sobre todo, sobre el presente. De ahí puede que surja algo más profundo o puede que no, pero no dejará indiferente al jugador, que siempre querrá terminar su faena diaria para poder seguir tratando con esas fotocopias de vida tan reales.

Llegados a un punto, es muy fácil acabar hechizado por lo que propone Alone With You. Su mezcla de trabajo y relaciones personales, su forma de irnos descubriendo poco a poco qué ha pasado en la colonia y las pequeñas historias de sus habitantes y un guión muy trabajado consiguen que de verdad sintamos esa soledad imperfecta. Que durante un momento nos licuemos y acabemos dentro del traje de nuestro protagonista.

Sólo con eso ya podría funcionar muy bien salvo para quien sea incapaz de soportar un rato de tedio, pero también se guarda un as bajo la manga, una traca final con la que perforarnos el corazón. Algo que me gustaría que todos ustedes vivieran.

Alone With You puede parecer un juego pequeño, una cosita minimalista destinada al consumo indie. Su pixelado diseño artístico, que juega con el rosa, el marrón y el verde; es tosco y primitivo. Su musiquita, machacona, casi el chiptune de un videojuego de principios de los 90. Y su forma de narrar dista de estar en la vanguardia de lo que uno puede encontrar en el desarrollo independiente: es convencional y bastante simple.

Pero no se equivoquen. Aporta una profundidad e intimidad inmensas. Se pasea por las grandes y pequeñas preguntas con elegancia, y sabe tocar los sentimientos adecuados, como siempre ha hecho la buena ciencia ficción. No se lo pueden perder.

Javier Alemán
Javier Alemán
Co-administrador de Nivel Oculto. Escribo libros y vivo una hora por detrás del mundo civilizado. Una vez Juanma me emborrachó en un restaurante alemán.
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