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Un poco más de Contrast

Lo mío con Contrast fue amor a primera vista. No puedo decir que sea algo mutuo, puesto que yo ya le he escrito dos cartas llenas de pasión -ésta será la tercera- pero aún no he visto que él escriba nada sobre mi, pero confío en que se deba a su timidez y que poco a poco se vaya soltando. Tampoco me importa. Soy un romántico antiguo, uno de esos que se enamora de una prostituta y la agasaja mientras ella se siente incómoda con la situación y acaba huyendo de la relación por culpa de un amigo, que ni es amigo ni es nada, que la avergüenza en público, y ella se siente traicionada, y quiere abandonarlo todo dejando su casa y su profesión atrás porque se ha dado que cuenta que vale mucho más de lo que su padre maltratador le decía, pero que justo antes de cerrar su última maleta escucha un extraño ruido, y se asoma a la ventana y resulta que SOY YO, con un ramo de flores y una sonrisa que implora perdón y oculta mi miedo al fracaso, miedo que he tenido desde que mi padre me exigía cursar estudios relacionados con la empresa familiar cuando él sabía perfectamente que el sueño de mi vida era ser trapecista y volar por los aires cual Ícaro con unas preciosas mallas perladas gritando ¡Padre, mire cómo vuelo! Pero ahí estoy yo, sonriendo, sudando asustado y ansioso, y ella me mira, y yo la miro, y sonríe, y sonrío, y ella me dice que suba las escaleras de emergencia para abrazarla pero yo contesto que no, que me hice daño en la rodilla defendiendo a una noble anciana del ataque de unos patos anormalmente grandes, pero ES MENTIRA y a ella le da igual porque baja corriendo las escaleras y tropieza, y sonríe nerviosa porque sabe que me revienta la gente torpe, pero yo sigo sonriendo, y viene hacia mi, y yo por fin me muevo, pero muy despacio, imitando una cámara lenta porque me hace gracia, y me río carcajadas como un loco mientras toso con fuertes convulsiones, y nos encontramos, y coge mi cabeza tiernamente entre sus brazos mientras susurra que nunca jamás se separará de mi, y yo sonrío, y ella cierra los ojos esperando el beso que selle nuestro amor para siempre, y yo la abrazo mientras noto su corazón latiendo fuertemente contra mi pecho, y saco algo del bolsillo interior de mi chaqueta y ella lo nota, e imagina que es un anillo, que nuestro amor quedará sellado por un beso, un anillo y un compromiso formal, y abre los ojos formando una mueca de sorpresa segundos antes de que un pañuelo impregnado en cloroformo cubra su rostro y trate de forcejear. Lo dicho, un romántico antiguo.

Dentro vídeo.

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