Outer Wilds: El universo en bucle

Javier Alemán

La ciencia ficción y la ciencia se retroalimentan una a otra, y sólo hay que fijarse en el pujante ejemplo de la cifi china y su programa espacial para darse cuenta. Lo mismo pasó en los años sesenta con la ciencia ficción estadounidense y la soviética: los logros tecnológicos inspiran a nuevas generaciones, y a la vez se subliman en obras imaginativas y especulativas que también desplazan a los lectores hacia carreras de ciencias. Así que aquí estamos, con un revival inmenso de todo lo espacial a la vez que el tonto de Elon Musk hace sus cosas, soñando con pisar nosotros mismos la Luna o Marte y encontrando el videojuego como aproximación más cercana e inmersiva. Outer Wilds invita a algo así, y llevamos más o menos desde el anterior E3 enamorados de él.

La propuesta del juego de Mobius Digital no podría ser más sencilla: acabamos de enrolarnos en una compañía de exploración espacial y nuestra tarea es la de investigar el sistema solar. Con una pequeña variación, y es que aquí el tiempo avanza y va modificando los planetas y parajes que visitemos. Por ejemplo, unas ruinas desoladas en medio de la luna pueden ser engullidas por la arena con el siguiente cambio en el bucle temporal. Todo en una continua sucesión que no sabremos si puede detenerse o no, y que nos tendrá como sobrecogidos testigos.

El espacio quizá sea el nuevo post-apocalipsis, que a su vez era los nuevos zombis. Las modas van y vienen y tarde o temprano nos cansaremos, pero de momento, aquí estamos, con los ojos pegados a la pantalla. ¿Será algo como No Man’s Sky o quizá más contenido, como Morphite?

No tardaremos mucho en saberlo, porque Outer Wilds se nos viene encima este 30 de mayo. Parece que tendrá exclusiva temporal en Epic para Windows y si no en XBOX One. Sospecho que nos gustará y que nos quedarán unos años hasta la siguiente moda, probablemente menos bonita que este espacio lleno de mundos y estrellas.

About
Javier Alemán
Co-administrador de Nivel Oculto. Escribo libros y vivo una hora por detrás del mundo civilizado. Una vez Juanma me emborrachó en un restaurante alemán.

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