Death Road to Canada: Road trip y cientos de zombis

Javier Alemán

Hace casi tres años de que os hablé por primera (y última) vez de Death Road to Canada. De cuando en cuando echaba un vistazo para haber si había alguna novedad en su campaña de financiación (lo logró en Kickstarter), y en general el ritmo de noticias era bastante flojito, con las clásicas quejas de los contribuyentes por la falta de actualizaciones y el ritmo pausado de desarrollo (¿de qué me suena esto?). Huelga decir que no me había olvidado de él, pero desde luego no esperaba meterme un lunes por la mañana en Steam y encontrarme con que ya estaba disponible, no en acceso anticipado ni hostias, sino como videojuego completo.

Pero, ¿de qué hablo cuando os hablo de Death Road to Canada? Me van a permitir que cite a mi yo de hace tres años, en el distópico 2013:

Básicamente, el juego de Rocketcat Games, es una especie de simulador de road trip en un mundo infestado de zombis de los lentos y numerosos. Debemos ir desde Florida hasta Canada mientras esquivamos a la plaga no muerta, lidiamos con el hambre y los conflictos que podamos tener con nuestro grupo de supervivientes, formado hasta por cinco personajes. Las ciudades se generan de manera procedural y también los supervivientes son aleatorios, con sus nombres, aspecto y personalidades variando. Eso sí, hay algunos extraños que podemos encontrar, como el loco de la cabeza de caballo.

Casi nada, ¿eh?

Aunque un videojuego de zombis en 2016 es casi algo transgresor por la locura de continuar con el temita, hay algunas cosas que creo que puede aportar Death Road to Canada: su cooperativo local, valor rejugable, los hasta 500 zombis que puede mover en pantalla para crear una orgía de no-muerte y destrucción, los pedacitos de ficción interactiva que va intercalando y la posibilidad de enseñar a un perro a conducir tu coche (sic.).

Si todo esto les parece un buen plan, lo tienen ya en PC, Mac y Linux.

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Javier Alemán
Co-administrador de Nivel Oculto. Escribo libros y vivo una hora por detrás del mundo civilizado. Una vez Juanma me emborrachó en un restaurante alemán.

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