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1001 Videojuegos que debes jugar: Proteus

Existe una tendencia a describir Proteus como un juego de contemplar un escenario, una experiencia consistente en dejarse llevar por la belleza de sus imágenes, el producto definitivo para todos aquellos que padezcan síndrome de Stendhal y, aunque desde luego hay mucho de eso, creo que Proteus va de otra cosa.

   Proteus es un juego (sí, es un juego) en el que cada partida se inicia con nosotros aproximándonos a una isla generada aleatoriamente. Nuestro único propósito es recorrer dicha isla contemplando ¿el escenario? No; el paso del tiempo. Cómo el tiempo pasa, yendo del día a la noche y de la noche al día, de la primavera al verano y del verano al otoño y, ahora sí, su influencia en el escenario y el jugador; ese es el objetivo de Proteus.

   Hay dos similitudes básicas entre el juego y la vida a la hora de entender su mensaje: la primera somos nosotros vagando sin rumbo por un paraje natural perdiendo el tiempo mientras este avanza lento pero inexorable y viendo cómo se nos escapa como arena entre los dedos cuando acelera. Y su final, que tienes la obligación de descubrir por ti mismo.

   La segunda es el simple hecho de que nada de lo que veas en Proteus podrá ser visto de nuevo por ti o por cualquier otro, jamás. Dado que la isla es diferente en cada partida y que el tiempo avanza, lentamente, cambiando de forma casi imperceptible (pero francamente perceptible) todo cuanto puedas percibir, nunca verás dos veces la misma cosa de la misma forma. Y al igual que en la vida es esto, y no sólo la belleza de su intencionadamente caótica dirección artística, lo que dota al juego de un atractivo irresistible. En Proteus nunca te bañarás dos veces en el mismo río, que diría Heráclito.

   Es evidente que Proteus no es un juego para todo el mundo, quizás ni siquiera gustará a muchos, y su excesivo simbolismo y ritmo pausado pueden hacer que muchos jugadores no le dediquen la hora que te pide para ver un precioso final. Está en la misma categoría que The Plan o Little Inferno por muchos motivos; por similitud en el mensaje o las concesiones jugables, pero también por ser uno de esos juegos que, aunque no te gusten, tienen ese algo más que hace que merezcan la pena como experiencia o reflexión. Y por eso Proteus es uno de los 1.001 videojuegos que deben ser jugados al menos una vez en la vida. No nos limitemos con Proteus a valorar sus evocadoras imágenes, su brisa en la cara, sus árboles meciéndose con el viento o sus conejos saltarines que quizás ni siquiera sean conejos porque, al igual que en los ejemplos que acabo de citar, hay algo más y eso es lo verdaderamente importante.

Post data: seguramente ya lo sabíais, pero por si acaso; en Steam existe la posibilidad de hacer capturas de pantalla pulsando F12. Si jugáis a Proteus desgastaréis esa tecla.