Invisible Fist: La mano que mece los euros

Javier Alemán

Me gustaría recomendarles, antes de entrar en harina, que lean La riqueza de las naciones, de Adam Smith. Que lo lean con ganas de ver exactamente qué pensaba el “padre” del liberalismo clásico y que luego traten de compararlo con la gente que se dice liberal y mora por las redes sociales habituales. Van a pasar un buen rato, se los aseguro. De hecho, se lo pasarán tan bien y se reirán tanto que es probable que dejen los videojuegos y se dediquen a la crítica política, que probablemente es más divertida que todo el rollo videolúdico que nos traemos aquí. Pero, en caso de que quieran volver, miren lo que les traigo: Invisible Fist.

Los polacos Failcore han hecho un videojuego con un comentario político de trazo tan grueso que uno podría empacharse en él. Básicamente se cagan en la puta del sistema económico actual y dicen que la supuesta mano invisible que regula el mercado es en realidad un puño que viene a aplastarte. Clarísimo, ¿eh? Y es sorprendente que semejante crítica a los mercados y al neoliberalismo venga desde Polonia, ojo. ¿Cómo se le da un envoltorio de videojuego a todo esto? Con una mezcla de RPG al uso y juego de cartas en la que tenemos tres personajes para elegir y con los que tratar de sobrevivir: un billonario tecnológico (al que desde ya le deseo lo peor), una estudiante sometida por la deuda universitaria y una trabajadora de una fábrica precaria.

Aunque a mí el tema de las cartas me saca completamente, le tengo muchas ganas a Invisible Fist. No voy a ocultar que me gusta que sea un juego político aunque prefiera algo más sutil, pero lo que sí que me encantaría ver es que cada uno de esos personajes fuera un modo de dificultad distinto. Ahí ya quedaría realmente claro de lo que estamos hablando.

No parece que tengamos que esperarle mucho. Aunque no tenga fecha concreta, está anunciado para PC y Mac para febrero de este mismo año. Veremos.

About
Javier Alemán
Co-administrador de Nivel Oculto. Escribo libros y vivo una hora por detrás del mundo civilizado. Una vez Juanma me emborrachó en un restaurante alemán.

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