Calendula

Primeras Impresiones

Para un medio en el que la palabra “arte” se reclama constantemente desde distintos estamentos, resulta paradójico que la palabra “transgresión” se encuentre tan ausente en las diferentes voces que gritan airadas contra la (no tan simple) definición de entretenimiento.  Transgredir, violar los límites de lo preceptivo en busca de nuevos caminos para la disciplina es parte fundamental del camino hacia lo artístico, puesto que no sólo expanden el propio concepto de videojuego, sino que ayudan a reflexionar sobre el mismo y construir un nuevo discurso. Quizás ese pasito para el arte tenga menos que ver con que estemos ante un medio en el que buena parte de su desarrollo se encuentra realizado por artistas, sino con la búsqueda del discurso a través de ese arte, aunque este discurso requiera una ampliación de miras y de cierta transversalidad en su contenido. Dicho de otro modo y ejemplificándolo con otra de esas disciplinas que lleva mucho tiempo intentando entrar en el concepto artístico: en mi barrio hay decenas de grafitis con una calidad técnica fuera de toda duda en la que imagino que cualquier entendido podrá apreciar detalles que evoquen a diferentes artistas, pero ninguno transciende su propia condición de “cuadro callejero”. En cambio Bansky consigue remover tripas con mucho menos.

Calendula nos ha llegado sin esperarlo, a través de un correo enviado por Blooming Buds Studio, creadores del mismo, invitándonos a probarlo sin contarnos nada sobre él. Una táctica interesante y nada habitual que además conlleva el riesgo de una rápida decepción si el resultado no se encuentra a la altura de la sorpresa que cada uno idea en su cabeza. Entré en Calendula con una única advertencia: “¿Cómo jugar a un juego que no quiere ser jugado?”. Lamentablemente no van a encontrar aquí una explicación sobre lo que vino después, puesto que la “virginidad” con respecto a la propuesta de Blooming Buds Studio me parece completamente imprescindible para disfrutar completamente de la experiencia. Así que toca doble pirueta mortal para hablar del juego sin el juego. Veamos cómo sale.

A pesar de que en un primer vistazo pudiera considerarse al videojuego como un medio moderno, lo cierto es que resulta bastante conservador si descartamos su vertiente tecnológica. Tenemos asumidas una serie de reglas inamovibles que en ciertas ocasiones impiden el avance por caminos menos transitados. Estas reglas no son algo negativo para el creador, pues suponen una serie de hitos que ayudan a mantener una relación conocida con el jugador y suponen una referencia propia para el medio. El problema –si es que es un problema- ha sido el acomodamiento dentro de estas zonas de confort por parte de una industria que no se atreve a moverse por miedo a salir en la foto. Volvemos por tanto al uso de la transgresión como elemento necesario para el avance del medio y la necesidad, al menos dentro del sector independiente, de apuntar en esa dirección.

Entre los muchos aciertos de Calendula se encuentra el hecho de que su punto de mira apunta directamente al jugador experimentado, aquel que ya tiene los hábitos desarrollados y que por tanto es capaz de predecir diferentes reacciones dentro de estos “lugares comunes”. Esto es algo que ya han explorado títulos como The Stanley Parable o incluso Portal, pero a juzgar por lo que de momento se puede jugar, Calendula lo lleva algo más allá, negando la posibilidad al jugador de sentirse cómodo desde el primer segundo de juego, lo cual es parte de la construcción de su propio relato.

Ignoro si el equipo de Blooming Buds Studio será capaz de armar a Calendula con la suficiente consistencia como para que el efecto sorpresa inicial se sostenga sin tambalearse a través de una partida completa, pero a juzgar por lo que se intuye parece que no han apostado todo a esa carta, sino que la propuesta se extiende en diferentes direcciones. Por mi parte puedo decir sin temor alguno que es el título más estimulante que ha pasado por mis manos en mucho tiempo. No sé si esto es decir mucho, pero para mí es sin duda algo fuera de lo habitual.

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