Buildings Have Feelings Too: La ciudad viva

Javier Alemán

Si uno se pone a mirar fotos de lo que era Detroit hace poco más de una década a lo que es ahora, verá una ciudad herida de muerte. Casas deshabitadas llenas de desconchones, fábricas abandonadas y el acero peleando con nueva vida verde que intenta hacerse paso, como si la propia ciudad hubiera albergado vida y ahora estuviera en proceso de descomposición. Podría uno imaginarse un proceso vital, un ciclo de la vida urbanístico en el que pequeñas poblaciones se alzan al ser insufladas de seres humanos y se marchitan cuando la gente se va; que nacen, crecen y mueren. Buldings Have Feelings Too! va precisamente de esto.

Desde Irlanda del Norte, Blackstaff Games ha trabajado en un citybuilder que ha encontrado la forma de salirse de los clasiquísimos estándares del juego: ha bastado con darle carácter literal a la metáfora de que la ciudad está viva. Así, aquí tendremos que hacernos cargo de desarrollar nuestro pueblo a la vez que cuidamos a unos edificios que respiran, que necesitan sustengo para existir y que pueden quedarse abandonados (y muertos) si no les hacemos el suficiente caso. Las necesidades de la ciudad, ahora más que nunca, deberán ser atendidas entendiéndose como parte de la vida que alberga y que incluye a sus construcciones.

Aparte de verse simpático, hay una cosa interesante aquí y que me intriga ver cómo se tratará: el carácter histórico de muchas edificaciones. Porque va a pasar que si el muelle antiguo se queda viejo alguien quiera demolerlo, o si cualquier otra construcción se ve superada por la modernidad habrá quien piense que ya no vale para nada. De ser tratado con cierta cautela, esto de ver a los edificios como personas puede ser una fábula potente de los peligros de la gentrificación y de cómo las ciudades van perdiendo su alma. ¿Paja mental mía? Supongo que está por ver.

Buildings Have Feelings Too! se viene en verano para PC, PS4, ONE y Switch, y entonces lo podremos comprobar.

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Javier Alemán
Co-administrador de Nivel Oculto. Escribo libros y vivo una hora por detrás del mundo civilizado. Una vez Juanma me emborrachó en un restaurante alemán.

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