The Dwarves

Crítica

Ay, la fantasía heroica. Sus armaduras relucientes, sus malos malísimos y sus héroes destinados a la grandeza desde la cuna. Sus elfos, sus hombres, sus orcos y sus enanos. Y de cuando en cuando algún mediano o los odiosos kenders de Dragonlance. Habrá todo tipo de iteraciones, habrá relatos más o menos oscuros hasta llegar a Andrzej Sapkowski, pero que me aspen si el uso del viaje del héroe y una mezcla de todos elementos no acaba apareciendo en las obras más populares del género. Nada en contra.

Sin embargo, uno se pone a pensar y nunca encuentra a los enanos como protagonistas de este tipo de historias. Muchas veces están ahí, al lado de los héroes, tozudos como mulas, incapaces de conjurar magia y fraguando todo tipo de metales con la mayor de las artesanías. Útiles, pero secundarios, al fin y al cabo. La serie de novelas The Dwarves (2003) del alemán Markus Heitz, da ese protagonismo a los enanos, encargados de velar por la paz en la tierra de Girdlegard. Hay otras criaturas y humanos coñazo que no se pierden una, pero al final los protagonistas son ellos, por fin. Y ahora les toca saltar a los videojuegos, mediante una campaña de Kickstarter exitosa de manos del (también alemán) estudio King Art Games.

El salto ha sido, evidentemente, a un juego de rol, aunque con muchas salvedades. Pero antes, hablemos un poco del escenario, ¿aprovecha realmente la licencia que tiene detrás?

No sabría decirles cuánto de fiel es la adaptación de The Dwarves a la novela que le da nombre (la primera de la serie), porque no la he leído. De hecho, hasta que se anunció su campaña de crowdfunding, no tenía ni idea de su existencia. Un vistazo rápido sí confirma que más o menos sigue los eventos del libro y que es más que respetuosa con el universo forjado por Markus Heitz, por lo que si buscaban ese plus, ahí lo tienen.

Lo que sí puedo decirles es que, aún repitiendo muchos de los tropos del género, el mundo que van a encontrarse aquí es muy original. Con su propio mito creador, sus propios malos (malísimos) y un funcionamiento distinto de la magia, además de los distintos clanes de enanos. Como buen viaje iniciático, tanto el protagonista como el jugador van a ir descubriéndolo poco a poco, y hay detalles realmente interesantes y varios ases en la manga.

Acompañan unos diseños muy inspirados, especialmente en la parte de los enanos. Cada vez que visitemos una de sus fortalezas podremos apreciar el esfuerzo de la dirección artística por darles un peso importante, una diferenciación real del resto de construcciones del juego. Lo mismo ocurre con las pocas armaduras que veamos y algunos de nuestros acompañantes: casi siempre será lo esperado en la fantasía heroica, pero están muy bien diseñados.

La trama de The Dwarves es clásica y la habremos visto y leído ya en innumerables ocasiones, pero no deja de funcionar. En general nos deja una cierta libertad por el mapa para avanzar hasta ella, así que podremos encontrarnos con algunos eventos distintos en cada partida, pero el resto del desarrollo es bastante lineal. Hay orcos, hay elfos malvados que dan bastante mal fario, hay magos y todo lo que uno pueda esperar. Pero también gestas, heroísmo llevado hasta el límite y algún que otro momento emotivo que será difícil que no nos llegue. En defintiva, acompaña al jugador y sabe recompensarle si se implica en las misiones secundarias, tanto con la narración posterior como con los efectos jugables que acaba generando.

Lo mismo pasa con sus personajes. Entendiendo que la mayoría son los de las novelas y que no había mucho que rascar, la mayoría están conseguidos y aportan algo de color al conjunto. Muchos de ellos son arquetipos y casi ninguno guarda misterios salvo que lo requiera el guión, pero la interacción con ellos (especialmente fuera de las batallas) servirá para expandir nuestro conocimiento sobre el mundo y crear un contorno para la narración. Y para los combates, claro.

Decía al principio del texto que The Dwarves se presentaba como un videojuego de rol, y aunque tiene partes de él, realmente es otra cosa. Una especie de mezcla entre un juego de mesa, un juego de rol táctico y una aventura pura y dura. Porque aunque hay una tímida progresión de cada personaje por niveles (que nos dan habilidades), apenas hay opciones para personalizar a los guerreros. El inventario nos permite equiparles un accesorio pero no cambiarles armas ni armaduras. La buena noticia es que tampoco se echa de menos.

El peso real de la jugabilidad se encuentra en la suma de dos momentos: el mapa y las batallas. Por el mapa nos moveremos hasta llegar a la siguiente misión, pudiendo elegir libremente entre distintos caminos, pueblos, eventos… Cada movimiento consume un día y suministros, que son lo que nos devuelve la energía tras las batallas. Es durante los trayectos cuando se desarrolla la historia, profundizamos en los demás personajes, nos detenemos a realizar misiones secundarias o paramos a comprar suministros. Recuerda a una versión algo más dirigida de Icy o Expeditions: Conquistador, y hará que cada partida tenga distintos desafíos.

Pero lo principal son los combates, lo que de verdad hace que el conjunto luzca. Somos enanos y estamos ahí para matar orcos, repartir hachazos y darle justificación a toda esa banda sonora de pura épica que nos han metido. Lo curioso es que no lo haremos como en un action-RPG, sino que llevaremos a un máximo de cuatro integrantes en el equipo y los enfrentamientos serán increíblemente exigentes. En tiempo real, pero con pausa para alternar combatientes y trazar un plan para aprovechar sus habilidades, lanzarse a tumba abierta aquí está penalizado con la muerte.

Los objetivos en ellos varían. Muchas veces serán el clásico “acaba con todo enemigo que haya en el escenario”, pero en otras tantas nos pedirán que destruyamos escalerillas en un asedio, que lleguemos a otro punto del mapa ilesos… Se hacen tremendamente divertidos, ninguno de ellos es injusto si sabemos entender qué nos piden e invitan a ir alternando acompañantes para probarlos en combate. Ahí tienen la salsa de The Dwarves: unos enfrentamientos bien construidos, divertidos y estratégicos. No echarán de menos en ellos poder equiparse, y sí aprovecharán cada habilidad nueva para juguetear con las normas que les han dado y salir victoriosos.

The Dwarves me ha sorprendido. Quizá esperaba un título de rol más al uso, pero la mezcla que han preparado en King Art Games funciona muy bien. Su acabado es el esperable para la financiación con la que han contado, y está lleno de mimo especialmente en los escenarios de los enanos. Sí tiene varios fallos técnicos molestos en la versión que he probado (ONE, caída de frames en algunas batallas y secuencias), pero me consta que están preparando un parche, y entiendo que cuando estén pulidos la experiencia se hará más disfrutable. Pero insisto, lo importante es que funciona.

Simplemente, no se acerquen a él buscando el típico RPG occidental y encontrarán un videojuego interesante, épico y clasicón. Un entretenimiento exigente con el que dejarse barba, escuchar a Blind Guardian a todo meter y decidir si ahora toca caer sobre un grupo de enemigos o cargar de frente.

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