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Conarium

Crítica

Zoetrope Interactive ya se ha asomado en alguna que otra ocasión al fondo del terror en los videojuegos. Este trío de desarrolladores ya sacó al mercado Darkness Within: In Pursuit of Loath Nolder y Darkness Within: The Dark Lineage ambos títulos con un fuerte corte lovecraftiano. Sin embargo, es probable que este pequeño estudio Turco haya conseguido alcanzar su cima, al menos por ahora, con Conarium, su última aventura.

Conarium es, sobre el papel, una aventura de terror más dentro de esta nueva ola que estamos viviendo. Es otro de esos juegos derivados de la fusión de los walking simulators de The Chinese Room y el terror (como el propio A Machine For Pigs del estudio británico). No hay ninguna sorpresa para el jugador. Caminamos, movemos palancas, abrimos puertas y leemos documentos, muchos, documentos. Siguiendo esa estela iniciada por Amnesia no hay combates ni ningún tipo de mecánicas de defensa aunque se parece más al magnífico Layers of Fear por la falta de enemigos (salvo en momentos muy puntuales). Nada nuevo bajo el sol.

Sin embargo, aunque a nivel jugable no hace nada nuevo, ni tampoco nada especialmente destacable, sí que logra tener mérito la manera en la que Zoetrope Interactive aborda un asunto más o menos conocido por todos: la literatura de Lovecraft. Y digo más o menos conocido por todos porque casi todo el mundo con conexión a Internet sabe hoy, en 2017, quien fue Lovecraft o al menos conoce a alguna de sus invenciones (probablemente a Cthulhu aunque solo sea por el meme de “¿Por qué elegir un mal menor” Vota Cthulhu”).

Y digo también más o menos conocido porque, en el fondo, muy poca gente ha leído al autor de Providence y menos gente aún se ha parado a mirar más allá de los tentáculos y sus criaturas. Esto se traduce a una comprensión, en ocasiones errónea, de lo que implicaba e implica la literatura de Lovecraft tanto en sus textos como en sus adaptaciones. Las criaturas del autor y, peor aún, las reinvenciones de las mismas por autores errados como August Derleth han deformado la imagen que una buena parte de la sociedad tiene de lo que implica que algo sea lovecraftiano.

Conarium

En ocasiones muchos productos derivados lo son más de las reinterpretaciones de Derleth que suponían la simplificación de las creaciones de Lovecraft a un manido y maniqueo enfrentamiento entre el Bien y el Mal, la transformación de la antigua ciencia perdida por la humanidad en simple magia (normalmente además catalogada como “negra” para reforzar la maldad) y, una de las cosas más influyentes, la creación de tramas en las que los humanos eran capaces de enfrentarse a las criaturas de Los Mitos. Estamos hablando de un autor que no dudó en arrojar sobre Cthulhu una bomba nuclear como solución a su serie de relatos El rastro de Cthulhu. Esto nos lleva a más de uno a referirnos como Mitos de Derleth a la práctica totalidad de obras derivadas de la visión del que fuera alumno de Lovecraft. Esto lleva también a reflexionar sobre la verdadera presencia de Lovecraft, no de sus creaciones, en los videojuegos.

Pues bien. Conarium es uno de esos pocos juegos que miran directamente a Lovecraft y lo hacen mirando al Lovecraft más desconocido por la mayoría. Mira al Lovecraft de Del más allá más que al Lovecraft de La llamada de Cthulhu, al autor del Caso de Charles Dexter Ward más que al de Herbert West, reanimador aunque lo hace a través de la óptica de En las montañas de la locura y La ciudad sin nombre. De entrada esto puede parecer algo confuso puesto que el propio autor declaraba en su correspondencia que toda su literatura estaba conectada de una u otra manera sin importar si pertenecía a sus relatos de Cthulhu (Yog-Sothothery como él lo llamaba antes de que Derleth lo nombres Mitos de Cthulhu) o sus aventuras oníricas de Randolph Carter. Efectivamente toda su literatura se erige sobre una serie de pilares fundamentales que han sido más o menos olvidados con tal de introducir Profundos, cultos, sectas y amuletos por todas partes. Y lo hacen sin pretender ser una adaptación de ninguno de los relatos anteriormente citados sino una historia más que encaja dentro de los parámetros del creador.

La percepción es una de las claves en la literatura de Lovecraft. La posibilidad de expandir nuestra percepción mundana a través de las ciencias olvidadas y del conocimiento de las mismas. Conarium nos pone en la piel de un miembro de la expedición Upuaut que trata de continuar los pasos de la expedición descrita por Lovecraft en su novela corta En las montañas de la locura.

“Autores errados como August Derleth han deformado la imagen que una buena parte de la sociedad tiene de lo que implica que algo sea lovecraftiano.”

La expedición es consciente de la existencia de los Antiguos y su ciudad así como muchas de sus particularidades conocidas por todo el que haya leído el texto original. Sin embargo, el verdadero objetivo de la misión, más allá de la exploración de la ciudad, es la investigación de una nueva tecnología creada a partir de restos arqueológicos: el conarium.

El título entero gira, por si uno no lo ha notado, alrededor de esta nueva tecnología y sus particularidades. El conarium es un aparato capaz de expandir la percepción humana a través de la investigación de sus sueños y recuerdos así como el de todos los demás conarionautas conectados a la vez. Sueño y percepción, dos de los grandes temas de Lovecraft, unidos en uno. “Nuestros medios para captar información resultan absurdamente escasos, y nuestra noción de los objetos que nos circundan infinitamente estrecha. Sólo vemos las cosas de acuerdo a los órganos con que las percibimos, y nos resulta imposible formarnos una idea de su naturaleza absoluta”. Así habla Tillinghast de sus experimentos en Del más allá para tratar de ampliar la percepción humana. El doctor Faust, creador del conarium en base a antiguas descripciones de objetos similares, ha encontrado, como Tillinghast, la manera de expandir nuestra percepción.

Conarium nos pone siempre en la tesitura de tratar de discernir si lo que estamos jugando es “real” o algún tipo de ensoñación o viaje. Los conarium podrían llegar a funcionar como puerta entre dimensiones o incluso entre lejanos planetas. La percepción de nuestro personaje se verá visiblemente alterada constantemente y aunque a menudo recibiremos pistas del propio juego, como emborronar la imagen, a medida que nos adentramos en la aventura de Zoetrope Interactive iremos dudando de todo aquello que vivimos.

Se entrelazan en el título referencias más que claras a la novela de exploración de Lovecraft pero también a otras piezas como La ciudad sin nombre o la presencia, bastante velada, de textos antiguos cargados de información. Sí, se nombra el Necronomicon pero no se hace como una cesión al fanboy que está deseando leer el nombre del antiguo tomo sino como una pieza más dentro del puzle. El juego es plenamente consciente del pensamiento del autor a la hora de crear estos antiguos tomos que contienen ciencia (y no magia como acostumbramos a ver) en su interior. El conarium no es más que una suerte de ingeniería inversa a partir de restos y fragmentos encontrados en antiguos textos que describían la máquina. Es la creación de una tecnología más avanzada que la nuestra pero olvidada por la humanidad al no pertenecer por derecho a nosotros sino a todos los que vinieron previamente.

Esta presencia de criaturas y civilizaciones previas a la humanidad son también centrales en la literatura del autor. Un horror cósmico que no hace referencia directa, como tal, únicamente a la presencia o no de criaturas con tentáculos y sin rostro (como muchos autores posteriores han querido hacer) sino en la existencia de una humanidad previa a la humanidad. La llegada a la Tierra de razas muy avanzadas antes de que el primer ser humano fuera capaz de coger la primera piedra. Ese sentimiento de insignificancia es, resumiendo mucho, el núcleo central del horror cósmico de Lovecraft. Caminar por la ciudad de los Antiguos y algún que otro extraño lugar se hace una experiencia terrible no por el terror como tal sino por la captación de esas arquitecturas no euclidianas que tanto gustaban al autor de Providence. Zoetrope Interactive ha sabido plasmar las sensaciones de caminar por pasillos que no han sido diseñados para el ser humano y encontrar obras de arte y grabados que no cuentan la historia de la humanidad sino la historia antes de nuestra pre-historia.

No es Conarium uno de los mejores juegos de terror de los últimos meses, de hecho podría ni ser de terror como tal, pero sí es una de los acercamientos más acertados a la literatura de Lovecraft de los últimos meses. Se dejan de lado muchos de los artificios a los que nos hemos acostumbrado y que no estaban tan presentes en las obras originales como creemos recordar y se centra en algunos de los temas más olvidados del autor.

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Mostrando 5 comentarios
  • DarkCoolEdge
    DarkCoolEdge
    Responder

    Joer, me quedo con (muchas) ganas de un reportaje en profundidad sobre Lovecraft en los videojuegos, explicando caso por caso por qué sí o por qué no es fiel a su obra un determinado juego.
    O algo así, pero necesito una expansión de lo expuesto en este análisis.

    Mis dieses.

  • Camu74
    Camu74
    Responder

    Está claro que no van a parar hasta exprimir el temita. Al final, como con los zombies, hasta los mismísimos.

    • Javier Alemán
      Javier Alemán
      Responder

      Por lo menos parece que aquí son respetuosos con la obra original de Lovecraft y no los derivados mierder. Al menos eso me deja feliz.

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