Alt-Frequencies: Misterio radiado

Javier Alemán

El interfaz es el juego es el interfaz. O algo así, ¿no? Me refiero a que el formato muchas veces marca la jugabilidad, como esa pistola en primera persona que ya nos invita a que nuestra relación con el entorno sea a través del disparo y no mucho más. Por suerte en esto hemos crecido mucho y el indie va empujando hacia nuevos tipos de relaciones con el entorno jugable, desenroscando las tornillos y dejando las piezas sueltas para recombinarlas. Quizá ese sea uno de mis temas favoritos en el videojuego, cómo darle una vuelta a lo que lleva décadas asentado para generar novedades que los demás no podíamos ver. Alt-Frequencies viene a sumarse a esta revolución del interfaz.

Que venga de parte del estudio Accidental Queens, al que conocimos con A Normal Lost Phone, ya es al menos garantía de que tendrá algo interesante que decirnos. ¿Su propuesta? Estamos inmersos en un enorme bucle temporal en el que los días se repiten marmoteramente y somos la única persona consciente del hecho¿Cómo salvar a la humanidad de este movidón? Ahí está lo nuevo: tenemos acceso a una radio que escucharemos, cuyas retransmisiones podremos grabar y luego hacer llegar al resto de la gente. Esto creará permutaciones en el bucle y nuevas reacciones en el público, hasta que con suerte demos con la clave para romperlo.

Disponible ya para PC, Mac, Android y dispositivos Apple; Alt-Frequencies se trae bajo la mano una precuelilla gratuita con la que probar la mecánica de una forma menos ultraterrena: trabajando para la radio y tratando de que nos contraten. Cada vez me gusta más que se atrevan con estas cosas antes que con demos del juego, la verdad. Y también es de agradecer que incluya opciones de accesibilidad para que también puedan jugarlo personas ciegas o con baja visión.

Visto el resultado de sus anteriores dos títulos, yo al menos le daría un tiento a la precuela gratuita, ¿no?

About
Javier Alemán
Co-administrador de Nivel Oculto. Escribo libros y vivo una hora por detrás del mundo civilizado. Una vez Juanma me emborrachó en un restaurante alemán.

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