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Semana Fallout

El 26 de abril de 1986 pasaría a la historia como la fecha del peor accidente nuclear de la historia (junto con, desde hace poco, Fukushima). Ese sábado terrible, durante una prueba que simulaba el corte del suministro eléctrico, un aumento súbito de la potencia del reactor 4 de la central nuclear Vladimir Ilich Lenin produjo un sobrecalentamiento del núcleo del reactor.

BOOM.

La explosión se llevó por delante a dos técnicos de la central esa misma noche, a los que se unirían otros 29 en los tres meses siguientes. Nunca el mundo había asistido a tal despliegue destructivo, con una radiación liberada unas 500 veces superior a la de las bombas lanzadas en Hiroshima. 116.000 personas fueron evacuadas, más de 600.000 reclutadas para descontaminar y mitigar el brote…

Y desde entonces hasta ahora, sigue aislada un área de 30 kilómetros alrededor de la central, con un sarcófago de acero cubriéndola y que debe ser sustituido porque ya no aguanta más.

boom

Prípiat fue conocida como “la ciudad del futuro” durante su desarrollo, a principios de los 70 en la Ucrania aún soviética. Era una ciudad planificada, con una jovencísima media de edad, plagada de vegetación, buenas intenciones, y trabajo en la central.

El biólogo Timothy Mousseau ha dedicado parte de su carrera a estudiar los efectos de la radiación en la flora y fauna de Chernobyl.

72 horas después de la catástrofe, tres putos días después, la ciudad fue evacuada. Los días anteriores el gobiero soviético había tratado de mitigar la alarma, recomendando a los residentes que siguieran con su vida e incluso yendo los niños a clase en lo colegios. El éxodo humano alcanzó las 40.000 personas, y el gobierno empleó en él la friolera de 2.700 autobuses, dos trenes, trescientos camiones y quince barcos. Los animales fueron sacrificados para evitar “mutaciones” y enfermedades inesperadas.

A día de hoy Prípiat se encuentra en la zona de exclusión, en ese radio de 30 km de la central en el que el ser humano haría bien en no aventurarse. Podríamos imaginarla perfectamente como ese Yermo post-apocalíptico de la saga Fallout, pero lo cierto es que al resto de la vida le ha ido muy bien sin la intervención del hombre. La flora ha podido adaptarse y la vegetación es aún más frondosa que antes del desastre, e incluso la vida animal se ha negado a abandonar.

Cuando uno ve este vídeo, en el que se observa lo que queda de Prípiat, la sensación de humildad le atraviesa como una lanza. De todo lo que queda en la ciudad, el único daño permanente ha sido a las estructuras creadas por el ser humano.

Y estoy de acuerdo, la escena se parece más a la que podríamos hallar en otros títulos que han coqueteado con un fin del mundo favorable para el resto de especies (The Last of Us, Enslaved, Submerged…), pero incluso en el Yermo uno puede encontrar alegrías. El ejemplo extremo lo encontramos en la región de Oasis en Fallout 3, que sí es ese vergel de post-apocalipsis esmeralda, casi un paraíso. Pero tampoco hace falta huir hacia ese lugar único para entender que hablamos de lo mismo que en Prípiat.

Por un lado, está la dosis de radiación: no es la misma cantidad de material la que se libera durante la explosión de una central que con los impactos de miles de bombas que traen el fin del mundo y el invierno nuclear, cierto. Pero aún así, fijémonos un poco más y veremos que la Naturaleza, como en la maravillosa La Tierra Permanece de George R. Stewart, tiene respuestas para todo.

A poco que nos movamos un rato por cualquiera de los escenarios, ya sea el Yermo Capital, el Mojave irradiado (o ahora esa Commonwealth que es un resto de Boston), veremos que hay toda una nueva cadena trófica en movimiento. Las especies animales mutadas se depredan unas a otras, las vacas de dos cabezas siguen siendo clave en el sedentarismo e incluso surgen árboles frutales con nuevas especies que puede llevarse el ser humano a la boca. La radiación sigue ahí, pero hay quien se adapta mejor o peor. 

¿Y la humanidad? También ha cambiado: los ghouls son producto de la nueva era, y están llamados, con su extrema longevidad e inmunidad a la radiación, a heredar la Tierra. La Naturaleza ha conseguido perdonar a la vida inteligente que la llevó a ese estado y la seguirá permitiendo. Los únicos que no estaremos invitados a la cena seremos nosotros.

La vida sigue su camino, ya sea en la verde Prípiat o en los tonos cenicientos de la saga Fallout. En ambos lugares es una existencia diferente, terriblemente tóxica y peligrosa para el ser humano. Quizá con nuestras acciones perdimos el derecho a habitarlo, pero a mí me reconforta pensar que, hagamos lo que hagamos, el mundo se sacudirá el hombro como si fuéramos un mosquito y seguirá, distinto.

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Javier Alemán
Javier Alemán
Co-administrador de Nivel Oculto. Escribo libros y vivo una hora por detrás del mundo civilizado. Una vez Juanma me emborrachó en un restaurante alemán.

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