Columna: “Mixtape no es un videojuego”

Columna: “Mixtape no es un videojuego” 4

Cada día estoy más convencido de que a los “amantes del videojuego” (en esta santa casa no se utiliza la palabra gamer) no les gustan los videojuegos. El principio de parsimonia me lleva a esta conclusión. No encuentro otra explicación al absoluto dislate que se ha producido con Mixtape, el título más reciente de Beethoven & Dinosaur, quienes ya nos dieron en su momento el imprescindible The Artful Escape. En serio, si vuelvo a leer o escuchar al enésimo señor diciendo que algo no es un videojuego porque es poco interactivo o porque lo que haces no conlleva ningún cambio en desarrollo del título, salgo a la calle y me quemo haciendo brasas con las revistas EDGE que guardo en algún recóndito lugar de mi casa.

Soy consciente de que el entorno del videojuego es absolutamente agotador en demasiados sentidos, pero de entre todos ellos, el tema de LOS PURISTAS™ me resulta especialmente molesto. Hace un par de años tuvimos ese pequeño hit llamado “las barras negras están mal” con Hellblade 2, que no era sino un remake chusco de lo que en su día ocurrió con The Evil Within. Seguimos confundiendo “buenos gráficos” con “realismo” y por alguna razón que no acabo de entender, el término “decisión formal” continúa siendo una suerte de jeroglífico extraño para cierta parte de la comunidad. Lo curioso de esto es que es la misma parte de la comunidad que siempre está vanagloriándose de la importancia del medio o exigiendo al medio proyectos más “adultos”, aunque me temo que, entre tú y yo, los dos sabemos perfectamente a que se refieren cuando utilizan ese término.

Existen muchas razones para afirmar que Mixtape es un videojuego, pero la más sencilla es que Mixtape es intrasladable a cualquier otro formato sin perder su esencia. No puede ser una película o una serie, aunque contenga muchos elementos ligados al cine. No puede ser un cómic, aunque por momentos beba mucho de ese formato. No puede ser un libro ni una obra de teatro. Mixtape utiliza un lenguaje exclusivo del videojuego para contar una historia que sólo puede ser contada de la misma manera a través de un videojuego. A partir de aquí, lo que tenemos son un montón de discursos que recogen algún elemento suelto del título, lo descontextualizan de todo lo demás y lo exponen como ejemplo, así que veamos uno de esos ejemplos.

Hay una escena en Mixtape durante el primer tercio del juego, donde dos de nuestros protagonistas entran en un fotomatón y se ponen a hacer el imbécil sacándose fotos. Nosotros, a través de los sticks, podemos controlar la posición de cada uno mientras se van disparando los flashazos. Ya está. No podemos hacer más. La escena acaba y la única repercusión dentro del mismo que tiene esa interacción por nuestra parte es que veremos esas mismas fotos que nos hemos sacado dentro de la habitación de nuestra protagonista ¿Significa esto que la poca interactividad de la escena desmonta el concepto videojuego porque no tiene incidencia en la trama? No, significa que hay un sector tan alienado por la repetición constante de una serie de patrones dentro del videojuego que son incapaces de ver lo que tienen delante sin compararlo con lo que ellos consideran que deberían tener delante. Esa secuencia es maravillosa por varias razones. La primera es que después de la presentación de los personajes y de ir intuyendo el tipo de relación que tienen, nos permite interactuar con dos de ellos en un momento intimo donde somos nosotros quienes elegimos ese nivel de intimidad. Un mando, dos personas y dos sticks. Ata cabos, Jose Antonio. Lo segundo es que a poco que hayas VIVIDO™ es muy fácil que esa secuencia te recuerde algún momento personal que refuerce la misma. Es más, puede que si miras a tu alrededor tengas alguna foto parecida y te apetezca recrearla, ya que el concepto interactivo, por mucho que se empeñen algunos, no se circunscribe únicamente a lo que esa interactividad puede generar dentro del propio medio, sino también hacia afuera. Que se lo pregunten al Haneke de Funny Games.

Definir un videojuego por su nivel de interactividad sin tener en cuenta cómo afecta esa interactividad (sea mucha o poca) al resto de los elementos es una soberana estupidez que nos ha llevado a ensalzar figuras tan mediocres como la de David Cage. Un tipo que basa sus juegos en tomar decisiones rápidas y constantes súper importantes, donde parece que todo lo que venga después va a depender de lo que hagamos en el segundo siguiente para después ofrecer una obra absolutamente vacía que lo único que hacía era meterte prisa para nada. Mixtape es completamente honesto en todas sus vertientes. Todos sus elementos, interactivos o no, están destinados a llevarte a un estado de ánimo que encaja con su propuesta sin ningún tipo de fanfarria rimbombante. Shadow of the Colossus no tenía una mecánica específica para indicarte que tenías que sentirte mal por aquello que el juego te estaba ordenando hacer. Se llama entender el contexto, pero parece que veinte (20) años después seguimos igual.

Mixtape no es una revolución dentro del videojuego, ni siquiera dentro de su propio género. Es un juego muy bien hecho, muy consciente de sí mismo y muy honesto con su propuesta. Negar la mayor, negar el propio medio en el que existe, es negar las posibilidades que el videojuego puede ofrecer. Quizá sea hora de que algunos comiencen a asumir que el videojuego no necesita que lo salven de sí mismo, sino que lo dejen ser. Aunque este no cambie nada, o puede que especialmente entonces.


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