Tengo que confesar algo: no tenía ni idea de cómo empezar este texto para contar lo que realmente quería contar. Primero se me pasó por la cabeza comenzar con una definición de esa etapa de la vida que denominamos adolescencia, una sacada directamente de la página web de la Real Academia Española. ¿Qué puede salir mal? ¡Vamos a ello! Dice así:
Adolescencia
Definición
Del lat. adolescentia.
f. Período de la vida humana que sigue a la niñez y precede a la juventud.
Perfecto. Podemos decir que ante todo no engaña, pero entonces… ¿Cuándo acaba la niñez? ¿Cuándo empieza la juventud?¿Cuándo terminas realmente de ser adolescente? Quizás resulta ser una definición más acertada de lo que creemos, pues plantea más preguntas que respuestas y la pubertad no deja de ser una fase bastante confusa, que ni siendo adultos conseguimos definir del todo. No sabemos ni cuándo empieza, ni cuándo acaba, ni qué pasa realmente por nuestras cabezas durante esos años; únicamente sabemos echarle la culpa a las hormonas para justificar todo comportamiento desproporcionado.
Mi segunda opción era compartir alguna anécdota jugosa de mi propia adolescencia, como aquella vez que me bebí una botella entera de whiskey y le vomité encima al chico que me gustaba, o cuando fue mi amiga Greta quien se emborrachó… y le vomitó encima al chico que me gustaba. ¡Qué tiempos! Aunque había algo que sí tenía claro, que no quería empezar diciendo que fue la peor etapa de mi vida, me resultaba bastante típico. Y aún menos contar que fue la mejor, me resultaba bastante falso. Seguramente tuvo sus momentos malos y sus momentos buenos, ni siquiera sé si fue normal o fuera de lo común. Eso sí, lo único que tengo claro, y que me lo ha confirmado el videojuego Mixtape (Beethoven & Dinosaur, 2026), es que la música fue —y es— una parte fundamental de mi crecimiento personal y que estuvo muy presente en aquella etapa de mi vida de comportamientos desproporcionados producidos por las hormonas, así que… ¿No será mejor empezar con una canción?
{Suena Loaded de Primal Scream, publicado en febrero de 1990}
Just what is it that you want to do?
¿Qué es lo que queréis exactamente?
We wanna be free
Queremos ser libres.
We wanna be free to do what we wanna do
Queremos ser libres para hacer lo que nos dé la gana.
And we wanna get loaded
Queremos emborracharnos.
And we wanna have a good time
Y pasarlo bien.
That’s what we’re gonna do
Eso es lo que vamos a hacer.
We’re gonna have a good time
Vamos a pasarlo bien.
We’re gonna have a party
Vamos a montar una fiesta.

Con cuarenta años, Gary King volvió a su pueblo natal con un único objetivo: conseguir completar la ruta de la Milla Dorada de Newton Haven que el último día de instituto no pudo terminar. De primeras, parecía fácil, solo tenía que volver a reunir a sus amigos de infancia, Peter Page, Oliver Chamerlain, Steven Prince y Andy Knightley; y tomar una pinta de cerveza en cada uno de los doce pubs que formaban parte del famoso itinerario, cerrando con el llamado The World’s End. Un Simon Pegg de pelo negro y camiseta de The Sisters of Mercy protagoniza esta película de Edgar Wright sobre no aceptar la vida adulta y agarrarse a un instante de felicidad que permanece todavía abierto. Al principio del videojuego Mixtape, la protagonista y joven aspirante a supervisora musical, Stacy Rockford, nos cuenta directamente, sin quitarnos ojo de encima, que en esa noche, que estamos a punto de jugar, la selección musical es lo más importante, ya que será la última que disfrute con sus amigas, Van Slater y Cassandra Morino, antes de mudarse a Nueva York al día siguiente para cumplir su sueño profesional. Justo al poner el pie en su monopatín, Rockford le da al botón de play de su discman y comienza a sonar That’s Good de DEVO como una declaración de intenciones:
Everybody is just like you it’s true
Todo el mundo es como tú, es verdad
Everybody wants a good thing too
Todo el mundo quiere algo bueno también
Lo único que querían Rockford, Slater y Morino en aquella última noche juntas era lo mismo que King, Page, Chamberlain, Prince y Knightley en la suya: emborracharse, pasárselo bien y montar una fiesta. Ambos crepúsculos fueron ambientados en la misma década de los 90, la única diferencia fue su desenlace. Ya que mientras que el rey Gary y los suyos ven entorpecida su misión por la embriaguez, a nosotras nos toca echar una mano a Stacy y compañía para que cumplan la suya sin altercados y que no tengan que volver a Blue Moon Lagoon veinte años más tarde para correrse una buena juerga.
{Suena This Corrosion de The Sisters of Mercy, publicado en septiembre de 1987}
Gimme something that I missed
Dame algo que he perdido
A hand to hold, wild and what it seems
Una mano que agarrar, salvaje y tal y como parece
El plan que nos propone Stacy Rockford para esta aventura final es sencillo, aunque necesita de una preparación rigurosa y un mapa para no perdernos. Lo más importante es llegar a la fiesta que organiza Camille Cole en la playa, pero antes hay que conseguir algo de priva, de bebercio, de mandanga; allí no se podía llegar con las manos vacías. Así que el recorrido viene bien marcado con un permanente rojo sobre un plano, empezando por la casa de Stacy, para seguir en la de Cassandra, continuar en su escondite secreto para tomar las previas y terminar en la equis que marca el lugar, la fiesta. A pesar de que Stacy Rockford no eligió ser líder, dirige a sus amigos Van y Cassandra a través de su selección musical y ellos confían y se dejan llevar; por un lado, por esa despreocupación, esa descarga mental de tomar decisiones que tanto ansiamos de adolescentes; por otro, por ser una vía de escape que les evita pensar en otras preocupaciones vitales, sobre todo para Cassandra. Andy Knightley no entendía por qué todos seguían de nuevo a Gary King, pero ahí estaban, intentando tomar doce cervezas en doce bares, cautivados por el magnetismo del rey y su mapa que guiaba al fin del mundo. Además, si existe algo que caracteriza el cine de Edgar Wright es su capacidad de destripar toda la trama al espectador desde el principio, de una forma sutil y elegante, que engatusa más que aleja. Yo no perdería de vista a los habitantes y elementos que forman Blue Moon Lagoon durante la partida. Después de todo, la música que eligió la propia Stacy tiene una razón de ser y nos lleva de la mano por cada uno de los capítulos, desvelándonos sus recuerdos y sentimientos. Quizás no solo sea una letra de una canción, quizás sea una indirecta.
{Suena Super Freak de Rick James, canción de 1981, con el característico solo de saxofón de Daniel LeMelle, miembro de los Stone City Band}
She’s a very kinky girl
Es una chica muy atrevida
The kind you don’t take home to mother
De las que no se llevan a casa para presentársela a tu madre

«La vida es un puto concurso de belleza detrás de otro. El instituto, la universidad, luego el trabajo… ¡A tomar por culo! Y a la mierda la academia de pilotos. Si quiero volar, ya buscaré el modo de hacerlo. Hay que hacer lo que te gusta, y a la mierda lo demás». Paul Danno, en el papel de Dwayne, se arranca esta frase del pecho frente a Frank, interpretado por Steve Carell, un experto en Proust que, tras haberse intentado suicidar, marca el ritmo de la película Pequeña Miss Sunshine (Dayton y Faris, 2006). Dwayne en su etapa final de instituto se había dado cuenta de que no iba a poder cumplir su sueño de ser piloto. O eso le querían hacer creer, pero las adolescentes son cabezonas y testarudas, y rechazar la posibilidad de cumplir una meta vital no le hace bien a nadie, se convierte en uno de los peores duelos que podemos experimentar. Ambas obras de Beethoven & Dinosaur, tanto The Artful Escape (2021) como Mixtape, tienen como foco principal en su trama el mismo planteamiento: tomar la difícil decisión de qué queremos ser de mayores, elegir por nosotras mismas cómo queremos vivir nuestra propia vida y no dejarnos llevar por la influencia de la jerarquía familiar. Todo contado a través de acordes aleatorios en el caso de la historia de Francis Vendetti; y de partituras elegidas en el de la aventura de Stacy Rockford. Aunque es Cassandra Morino quien nos grita a la pantalla su frustración por no saber quién es, experimentando un momento de lucidez similar al de Paul Danno en Pequeña Miss Sunshine. Cuando las amigas de Blue Moon Lagoon continúan con su plan y llegan a la habitación de Cassandra, comienza a sonar State of the Heart de Mondo Rock, entre trofeos y premios que le causan a la propietaria una tremenda indiferencia:
If I seem a little strange
Si parezco un poco raro
It’s just a state of the heart
es solo por cómo me siento
I’m waiting here for you
Te estoy esperando aquí
In the state I’m in
Tal y como estoy
La sala se muestra de un color rosa que eligió su madre por ella, justo la gama cromática que nos imponen desde pequeñas si nos marcan como mujer en nuestra partida de nacimiento, pues incluso nuestro propio género lo deciden por nosotras al llegar a un mundo marcado por el binarismo y las dinámicas de poder. Por lo tanto, Cassandra se ve continuamente rodeada de imposiciones, desde las más sencillas hasta las más definitorias, y es lo que le hace sentirse extraña hasta para ella misma. Descubrir quiénes somos se convierte en una carrera de obstáculos en la que las vallas están construidas por todas las interacciones que hemos llevado a cabo: tu expresión corporal la definió tu madre, la verbal tu padre, tu forma de amar tu primera pareja… Optas por ser camaleónica para sobrevivir y eso sólo añade más inestabilidad, una incógnita constante sobre nuestro verdadero yo. Si a todo esto se le suma que tu progenitor se encuentra atrapado en una rutina laboral definida por las fuerzas del orden, la libre elección no existe. Le queda cero espacio para la experimentación y, aún menos, para el error, le toca crecer aparentando perfección y demostrar lo que esperan de ella. Sin embargo, cuando te aprietan, explotas, y Cassandra decidió que su explosión consistiría en juntarse con las peores influencias del instituto, convirtiendo a Stacy en esa chica que no querrías llevar a casa para presentársela a tu padre policía.
Proyectando su ausencia de decisión, Cassandra ve en sus amistades aquello que le gustaría tener a ella: elegir qué quiere ser de (no tan) mayor. Aún así, el futuro es igual de incierto para todas y a nosotras se nos deja el interrogante abierto: ¿Queremos realmente una secuela de Mixtape que nos cuente si Stacy Rockford llega a cumplir su sueño de revisora musical? Eso da igual, lo importante está ocurriendo en esa última noche en la que debemos de soñar más que nunca. Necesitamos la incógnita para proyectar nuestras propias ambiciones a través de un videojuego que presenta momentos de nula interactividad para invitarnos a sumergirnos en las mismas reflexiones que las protagonistas. Se siente una película de un continuo flashback de una etapa adolescente porque, como jugadoras y, ante todo, como personas, que disfrutamos aquella edad alguna vez, lo que necesitamos de verdad, en una sociedad cargada de productividad, es parar, aburrirnos lanzando rocas en un lago o a un conjunto de latas apiladas- De esta manera, podemos llegar a entender cómo queremos vivir nuestra propia vida, si a través de otros o eligiendo los senderos que se nos ponen por delante.
{Suena Devil got my woman, que la firmó Skip James en 1968, un año antes de fallecer}
I laid down last night, laid down last night
Anoche me acosté, anoche me acosté
I laid down last night, tried to take my rest
Anoche me acosté, intenté descansar
My mind got to ramblin’, like a wild geese
Pero mi mente empezó a divagar, como una bandada de gansos salvajes
From the west, from the west
Desde el oeste, desde el oeste

Enid y Rebecca terminaron el instituto con un corte de mangas hacia la fachada del centro escolar como una reivindicación: habían terminado una etapa vital odiosa para ellas y se negaban a pisar el siguiente concurso de belleza llamado universidad. En Ghost World (Zwigoff, 2001), la amistad es lo más importante, pero las adolescentes protagonistas de esta película están igual de perdidas que las de Mixtape. Entre fiestas con perdedores aficionados a los vinilos o diversos intentos de buscar trabajos en cafeterías y cines, les tocaba enfrentarse a la vida adulta y no estaba resultando ser como esperaban, sobre todo para Enid, que ya no tenía tan claro si quería irse a vivir con su mejor amiga. Las amistades se priorizan tanto en ese momento vital que cualquier mínimo enfrentamiento se siente como una traición. Por lo que los sentimientos enquistados entre Cassandra y Stacy, esa incapacidad de verbalizar su miedo al abandono, es la canción principal en este disco que es Mixtape. A lo largo del videojuego se nos transmite una conexión romántica entre ambas, pues no hay amor más auténtico que el de una verdadera amistad. Por el contrario, Van Slater se transforma en el tema que siempre saltas de la playlist, es el más uno en una relación de dos, el Josh de Enid y Rebecca. Van Slater es aquel con el que escuchar tu canción preferida cuando te has peleado con tu persona favorita. Y eso tampoco es malo, nos recuerda que todas necesitamos un hombro sobre el que llorar para desahogarnos de aquellos conflictos que sentimos irresolubles, ya que no hay mayor sensación de desazón que pelearte con la única persona que te da oxígeno en un sistema que te lo quita.
{Suena New Slang, canción con la que debutó la banda americana The Shins en 2001]
I’m looking in on the good life
Busco esa buena vida
I might be doomed never to find
Que quizá esté condenado a no encontrar jamás
Without a trust, a flaming field
Sin una esperanza, un campo en llamas
Am I too dumb to refine?
¿Soy demasiado tonto para encontrarla?
«Tienes que escuchar esta canción, te va a cambiar la vida, te lo prometo». Tras decir eso, Natalie Portman le colocaba sus cascos a Zach Braff en una consulta médica de la película Algo en común (Braff, 2004) y, tendría toda la razón, su vida estaba a punto de cambiar por completo. Andrew Largeman, el protagonista de este largometraje, había tenido que volver a su pueblo natal por el funeral de su madre y se encontraría con un grupo de personas que compartían con él la misma adversidad: no haberse convertido en lo que se esperaba de ellas. El hilo musical interactivo de Mixtape asienta el mensaje de romper con la norma, aunque duela; el de elegir huir del entorno que te ha visto nacer con la intención de no volver y poder continuar creciendo. La desesperanza ante la posible privación de un objetivo vital no es el único duelo que sufrimos jugando el disco de Stacy Rockford, también toca mudarse, física y mentalmente, a otro lugar, alejado de un círculo afectivo que entendías como único. Aunque es un desconsuelo compartido, algo en común de las tres protagonistas que nos acompañan en esta historia y que solo podía cerrar con Atmosphere de Joy Division, la despedida y réquiem de su cantante Ian Curtis:
Walk in silence
Busco esa buena vida
Don’t walk away, in silence
No te vayas, en silencio
See the danger
Ver el peligro
Always danger
Siempre peligro
Endless talking
Hablar sin fin
Life rebuilding
Reconstrucción de vida
A pesar de que el mixtape lo seleccionara Stacy, Van y Cassandra se hacen partícipes del mismo y abrazan esa selección como si fuera la que va a marcar toda su existencia. Después de todo, lo decía Rockford al inicio del juego: «Cuando menos te lo esperes, dejarás de escuchar música porque estarás escuchando tu legado». ¿Y tú?¿Cuál crees que va a ser la banda sonora que definirá tu vida para siempre?
TRÍPTICO DE MIXTAPE



