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Highwater: Cuando ya no queda más que la amistad

Afrontando el fin del mundo desde el hopepunk

Highwater

Se dice que Ballard inauguró allá por un lejano 1962 el género de clima ficción con El mundo Sumergido, ya saben, futuro incierto que condiciona a la humanidad a vivir de una manera muy diferente a la actual debido a los estragos de un cambio climático o similar. Han pasado más de sesenta años de esta primera aproximación y lo que entonces se posicionaba dentro de la ciencia ficción es a día de hoy un futuro más que plausible. No es de extrañar por tanto que estemos viviendo un auge de este género allá donde miremos, e incluso nos encontremos con casos como los de Demagog Studio, cuya obra se basa por completo en iterar sobre la premisa de una Tierra en descomposición. Por supuesto Highwater no iba a ser menos.

Highwater nos sitúa durante la Gran Catástrofe Climática, concretamente en la región inundada de Hightower, la cual se mantiene como una zona aceptablemente segura entre las dos regiones secas: la tierra devastada casi globalmente de la Zona de Guerra y la ciudad fortificada de Alphaville, donde los ultrarricos viven tras gigantescos muros. Con la vida en la Tierra volviéndose insostenible para los humanos, y los rumores de una huida a Marte en el aire, nuestro protagonista Nikos inicia un arriesgado viaje, recogiendo amigos por el camino. Primero a Hightower, luego más allá para cruzar la impenetrable frontera de Alphaville, luchando contra insurgentes y robando comida por el camino.

Tras Golf Club: Nostalgia y The Cub, Demagog Studio continúa jugando con los dos temas que más les interesan: planeta devastado y clases sociales. Si el primero nos presentaba a un puñado de ricos volviendo a una Tierra destruida únicamente para jugar al golf y el segundo se centraba en un joven que había crecido dentro de este planeta en el que ya no quedaban humanos, aquí parece que estamos ante una última fotografía de ese mundo en el que ya no hay vuelta atrás y en el que sabemos que los ricos saldrán ganando.

Me interesan muchas cosas de Highwater, pero quizás la que más es esa suerte de mirada optimista dentro de un futuro que, en el caso de situarse dentro del mismo universo que los dos juegos anteriores (no he podido confirmarlo, pero todo parece indicar que así es), ya sabemos cómo acabará. Una suerte de hopepunk que se está afianzando como una corriente en alza que además se sustenta sobre el habitual buen hacer del estudio en lo que a elementos artísticos se refiere. Con respecto a esto, me van a permitir que una vez más reivindique la importancia de los estudios de videojuegos formados por gente que no viene directamente del videojuego. Sólo hace falta echar un vistazo al currículum de Igor Simic, su CEO y Director Creativo, para comprobar que su formación en Films Studies y Filosofía impregnan por completo los proyectos del estudio.

Tras su paso por el catálogo de juegos de Netflix, Highwater llegará distribuido por Rogue Games (ojo a esta gente) a Windows, Nintendo Switch, Xbox Series X|S y PS5 el próximo 14 de marzo.


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