Columna: Casi un año de meditaciones y experiencias

Tomás Grau

A principios de año contemplé la idea de seguir a diario el proyecto iniciado por Rami Ismail y apoyado por centenares de artistas y diseñadores denominado Meditations. En aquél entonces la idea parecía novedosa y que no encontraría copias en el futuro (a fin de cuentas… ¿quién tiene tiempo?). Ahora ya estamos a mediados del décimo mes, y me he tenido que tragar todas mis palabras. Aparte de compañeros como Karim Aber, que comenta de cuando en cuando lo que siente de obras específicas, tenemos blogs, hilos, artículos y vídeos en Youtube subiendo contenido a diario. Y todo ello tratando de aportar una opinión sobre cada una de las obras que surgen a diario. Suficiente para agotar a cualquiera que quiera seguir el estado de la cuestión.

Sin embargo, lo que importa ahora no es tanto discutir las experiencias individuales como la del proyecto en su conjunto. Sigo dándole vueltas a lo que sucedió al principio y a la cuestión que tanto espinaba a algunos cuando empezó todo. Meses después, la visibilidad parecer seguir siendo tema de debate entre participantes y seguidores del evento. Algunos desarrolladores, en gesto de solidaridad, pidieron que se retirase su obra del evento y dejaran vacíos sus días seleccionados. Otros se encontraron con problemas de implementación y vieron su trabajo pasar de lado, sin posibilidad de probarlo. Y dentro de ese número, no todos fueron capaces de ofrecer alternativas de descarga. El resultado es que, durante algunas semanas, daba la impresión de que el proyecto se había quedado estancado por completo.

Mi visión personal de mi actividad ha quedado alterada desde entonces. En parte por estos sucesos, pero también por el volumen ingente de meditaciones que he terminado consumiendo. Al principio dejaba que cada obra me atrapara el máximo tiempo posible; la jugaba por la mañana, dejaba que su impresión madurase en mí durante el día, y escribía mis ideas por la noche. Ahora, siempre me conecto antes de irme a dormir, y trato de transcribir lo que pienso en el momento de haberlo experimentado. Mi manera de escribir se ha adaptado a estas circunstancias. Ahora no quiero retomar lo que pienso ni modificar mis ideas, pero intento dejar que los textos caduquen al ritmo que deban caducar. Como las mismas meditaciones a las que van atados, su impacto o trascendencia acaba limitado al momento, y la única garantía de que alguien pueda rescatar alguno es que, una vez se haya terminado, perdure algo de valor.

No puedo evitar pensar en lo que esta obra significará de aquí al año que viene, cuando llegue la segunda ronda y podamos ver (en teoría) todos los juegos que se han descolgado. Para entonces, me figuro que la mayoría de los seguidores del evento habrán fluido a otros cauces. En todo caso, resultaba evidente desde principios de verano que el proyecto había quedado relegado de los medios principales, y que solo un puñado de periodistas lo estaba siguiendo a título personal. La actitud de los contribuyentes y creadores, al menos ahora, es de cansancio y optimismo. Cansancio por un proyecto que, a todas luces, se quedó grande casi desde el primer día. Pero optimismo por la idea de que, en un futuro, se pueda consolidar como un modelo a seguir para futuros expositores de talentos desconocidos.

Y, aun así, la cuestión permanece: ¿hasta qué punto ha ayudado esta exposición a aquellos que más lo necesitan? Puede argumentarse que algunos contribuyentes no precisaban más visibilidad que la que ya tenían, y que esto no era más que un pequeño respiro en sus apretadas agendas. Estoy bastante seguro, por ejemplo, de que ni Tom Hall ni Lucas Pope ni Nathalie Lawhead estaban anhelando un poco más de notoriedad ¿Pero qué hay de gente como Charlie Pedrell, Laura de Castro, Álvaro Bermejo o Daniele Giardini? ¿Ha supuesto algún beneficio específico esta participación?

En su esencia, Meditations sigue siendo un proyecto hermoso: poder conocer tantas obras y perspectivas vitales, de un modo tan íntimo y personal, es el sueño hecho realidad para los que aún buscan la tan cacareada autenticidad de lo indie. Y aun así, tras casi 300 días a mis espaldas, siento que lo que conozco de estas personas es imposible de verificar, corroborar o validar. De un modo casi malicioso, Meditations es la trampa definitiva para los defensores de la Teoría del Autor: una ventana como pocas que se abría para conocer a los desarrolladores detrás de la industria, pero que al final, sólo ofrece el reflejo de nuestra complacencia. Es posible que algunos textos se abran a nosotros como pocos, pero en última instancia, lo único que me queda de la experiencia es la manifestación videolúdica de unos hechos a los que solo me puedo acercar en los términos impuestos por el creador. Y, por culpa del carácter instantáneo de estas experiencias, me siento incapacitado de indagar en el resto de obras de estos autores. Tal vez el año que viene, cuando tenga tiempo, pueda conocer en mayor profundidad el compendio que pueda haber detrás de todos estos nombres. Pero ahora, lo único que tengo es eso, nombres.

En un espacio alternativo donde no estuviésemos regurgitando cada dos por tres el relato del Indie-apocalipsis o lamentando que ya no vivamos bajo el paraguas idealista de Indie Game: The Movie, Meditations sería esta oportunidad radical de situar la industria a un nivel equitativo con el público al que pretende dirigirse, y una ocasión ideal para acallar algunos de los mitos que permean y enrarecen nuestra relación con el mundo que habita tras las pantallas. Una oportunidad, por ejemplo, de dejar de tratar a algunos como semidioses infalibles y a otros como duendes invisibles sin circunstancias personales. Ahora mismo hay muchos obstáculos que impiden alcanzar esa meta; la insistencia en orbitar todo alrededor de un puñado de personalidades, para empezar. Hay mucha culpa que se puede achacar aquí a los medios, sobre todo al principio del evento, y aunque el debate sobre la visibilidad abrió un poco las puertas, supongo que la respuesta generalizada ha sido escurrir el bulto y dejarlo ir.

Una cosa me queda clara: necesitamos más cosas así, y promocionarlas de un modo más visible. Necesitamos métodos de interacción que no tengan que pasar por el cansino círculo del hype y desinflamiento, sino por uno de pura curiosidad, que anime a probar las cosas por lo que parecen, y no por lo que prometen. Necesitamos un modelo de interacción que no trate de excusar constantemente la necesidad de los artistas por compartir sus historias a través de este medio. Sigo pensando en lo que TheCatamites dijo el pasado marzo sobre su modelo de interacción ideal, y cada vez estoy más de acuerdo con él. Ojalá todo el mundo haciendo lo mismo.

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Tomás Grau
Tomás Grau de Pablos es Doctor de Estudios Culturales y Japoneses por la Universidad Autónoma de Barcelona. Sus áreas de interés incluyen las relaciones interculturales entre la cultura japonesa y la americana y europea, así como las ideas y valores que se conciben y transmiten a través de eses relaciones. Su proyecto de tesis estaba dedicado al estudio de los procesos de distribución de juegos japoneses en España y su impacto en los procesos creativos de desarrolladores españoles. Actualmente, su interés principal se centra en la intersección entre los valores y discursos culturales y las convenciones de diseño predominantes en la cultura del ocio interactivo (y, cuando es importante, el impacto que perspectivas orientalistas ejercen a la hora de moldear dichos discursos).

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