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Análisis: The Lacerator 1

Análisis: The Lacerator

Grindhouse y horrorsplotation

Análisis: The Lacerator 2
Fecha de lanzamiento
9 octubre, 2025
ESTUDIO
Games From the Abyss
EDITOR
Dread XP
PLATAFORMAS
PC

Max es un hombre que ama el sexo. De hecho, Max es “El hombre que ama el sexo”, ese es su eslogan profesional, con el que protagoniza películas pornográficas a inicios de los años 80. Armado con su bigote, su carisma, y su enorme personalidad, Max ha protagonizado cientos de películas. Algunas de ellas con su co-estrella y mentor, Buck, y otras como protagonista solitario. Este iba a ser un trabajo como cualquier otro, ya había rodado con Rodríguez, su camarógrafo habitual, y con Stacy, una de las estrellas para adultos más atrevidas. Sin embargo, algo ocurrió durante el rodaje, y Max despierta sin pantalones en una mugrienta celda en un subsuelo abandonado, preso de The Lacerator (Games From the Abyss, 2025).

Dread XP es una filial de Dread Media, una compañía dedicada a la distribución de cine y juegos de terror.  Sus pasos iniciales en esto de los videojuegos lo hicieron hace un lustro a través de distribuir en Steam e itch.io o las colecciones de terror Dread X, compilaciones de pequeños juegos de diferente formato hechos por autores indie, y han ido creciendo poco a poco hasta convertirse en un espacio seguro (aunque terrorífico) donde autores noveles pueden publicar sus juegos.

Si hay algo que caracteriza a Dread XP, aparte de la estética de 32 bits de muchos de sus juegos, es identificarse como una distribuidora de productos de nicho. Con juegos que se encuentran entre lo transgresor y lo bizarro, muy dirigidos a un público concreto, que busca una dosis más de su género o estética favoritos. Muchos de los cuales además son géneros o temas que han quedado en el limbo del mainstream de los videojuegos actuales, y que a través del indie experimentan pequeños resurgimientos. Claros ejemplos de distribuciones para nicho son Hand of Doom (Torple Dork, 2023), que nos recuerda a los viejos juegos de rol por cuadrículas de inicios de los noventa, o Dread Delusion (Lovely Hellplace, 2024), una suerte de aventura en primera persona tipo Bethesda, de la que solo puedo decir cosas maravillosas.

Análisis: The Lacerator 3

En esencia, si buscamos un paralelo con el cine veremos que a lo que más se asemejan las producciones de esta compañía es al formato grindhouse, un cine que se caracterizó en la década de los 70 e inicios de los 80 por consistir en producciones baratas, dirigidas a un público adulto, y que buscaban emular a géneros ya establecidos (especialmente el de acción y terror) aunque generando cierta expectativa de “shock” cinematográfico, principalmente por la casquería y el sexo gratuitos en todas estas producciones.

Precisamente, The Lacerator capitaliza estos tópicos y esta estética determinada para sumergir al jugador en su propuesta. Y es que nos encontramos ante la versión grindhouse de un juego tipo survival horror clásico, con controles de tanque y cámara fija, elementos que también se han convertido en puntos comerciales para el juego, claramente destinado al público que disfrute de este tipo de propuestas. Su punto creativo, además del estético, es la posible pérdida de partes corporales a manos del susodicho Lacerador, que alterarán el curso de la aventura y la jugabilidad, limitando qué se puede hacer y qué caminos se pueden tomar.

The Lacerator es un juego corto, siguiendo la línea del género que imita y parodia, y podremos acabar una vuelta en aproximadamente hora y media, como si viésemos una película corta. Ahora bien, no veremos todo el juego en esa hora y media, ya que se divide en tres caminos, que a su vez tienen ocho posibles finales. Uno de los puntos clave es la rejugabilidad y en realizar diversas vueltas para verlo todo y conocer toda la ambientación detrás de la historia. Pese a lo sencillo de su trama y la escasez de personajes, hay varias historias mayores detrás de los eventos del juego, y cada uno de los escenarios desarrolla aspectos de este universo particular. Al igual que puede ocurrir con las secuelas del cine de serie B, cada una de las partidas que juguemos tienen potencial de revelar algún aspecto de esta truculenta ambientación. Quizás descubramos que el titular asesino es más que un psychokiller genérico, puede que desarrollemos el pasado de Max, o averigüemos detalles sobre el Miami degenerado y corrupto en el que se desarrolla la (escasísima) trama de The Lacerator.

Aprovechando el tipo de juegos que emula, The Lacerator divide cada uno de sus caminos en diferentes escenarios, todos ellos conocidos para el asiduo del género, como una mazmorra subterránea, una mansión con pistas en cuadros y puertas con códigos, algunas secuencias oníricas en pasillos con óxido, o una obligatoria sección en alcantarillas perseguidos por mutantes. Todo ello nos recuerda que estamos ante un producto muy focalizado en la reminiscencia de sensaciones que sin duda sus creadores vivieron en su juventud con títulos como los primeros Resident Evil o Silent Hill. Precisamente, y aunque el juego tenga una opción de jugar con la cámara al hombro, estoy convencido de que el juego se disfruta muchísimo más, y tiene mayor dificultad, con el esquema de cámara fija y controles relativos a la posición de la cámara. De esta forma se puede jugar con la perspectiva e incidir aún más en esas sensaciones de claustrofobia, o de peligro más allá del campo visual, que caracterizaban a los survival horror de antaño.

Análisis: The Lacerator 4

Pese a todo, poco más se puede decir de este título, ya que se trata de una producción muy, muy pequeña, autoconsciente, y realizada con muchísimo cariño. Tiene la duración justa para que veamos todos los recorridos en algunas sesiones, no superando las ocho horas para verlo todo, y tiene un nivel de complejidad en la historia que, sin demasiadas florituras, permite especular un poco una vez soltamos el mando sobre la identidad del susdodicho Lacerador. Los finales son muy divertidos y bizarros, hacen referencia a los estereotipos del cine de esa época y son dependientes de que partes del cuerpo hayamos perdido. Una mecánica también muy reminiscente del cine de esta época, y que permite realizar algunos tirabuzones jugables y narrativos, al igual que hacían Tom Savini en Abierto Hasta el Amanecer y Rose McGowan en Planet Terror, producciones de Robert Rodríguez, asiduo a emular el cine grindhouse. Las extremidades perdidas pueden resultar en prótesis que tengan diversos usos, casi todos violentos. Y si, por supuesto que sí, podemos perder la polla y reemplazarla con un arma. Olvidemonos, eso sí, de cualquier tipo de representación o sensibilidad actual, The Lacerator toma al turbomacho de los años ochenta y lo convierte en protagonista de una obra en la que la masculinidad y la hipersexualización son omnipresentes, tal y como eran durante esas décadas de antaño.

The Lacerator, como propuesta, no pretende revolucionar el género, pero resulta un punto de entrada accesible al submundo de la explotación de los survival horror. La horrorsplotation es un género que nunca muere del todo y siempre vuelve a por más, como los asesinos de las películas de Serie B. Jugando a este juego he recordado auténticas primeras joyas del grindhouse videojueguil como Manhunt (Rockstar Games, 2004), y veo perfectamente a este juego sirviendo como eje directivo de una conversación en la que se le descubran este tipo de títulos al pobre desgraciado que quiera adentrarse en los rincones más profundos y pegajosos del género de terror. Justamente como hace Max en sus películas.

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