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MechaNika

Crítica

Uno de los aspectos más atractivos del panorama independiente hoy día es que, gracias a empresas como Telltale Games, Daedalic Entertainment, se está recuperando el género de la aventura gráfica (o el Point & Click) que cayó durante una buena temporada en el olvido tras vivir la época de auge que se conoció como la edad dorada de las aventuras gráficas. Los que peinamos cierta cantidad de canas recordamos con cariño todo lo que tiene que ver con la ya difunta LucasArts (Monkey Island, Indiana Jones, etcétera) o cualquiera de las grandes editoras de aventuras gráficas y se podía decir que cada uno tenía su fetiche (en mi caso eran los dos Simon The Sorcerer).

La realidad es que a día de hoy a mí personalmente me falta paciencia para sentarme largas horas delante del ordenador a intentar darme cuenta de que vestir conejo con sombrero es la solución para pasar por delante de aquel ogro con unas babuchas de conejito sin hacer ruido.

Es aquí donde posiblemente los dispositivos móviles y, en concreto, el trabajo de Mango Protocol con este Psychotic’s MechaNika brilla con fuerza.

La niña del diablo

MechaNika es una despreocupada y breve (sobre todo breve) aventura gráfica pero con una carga muy importante de crítica social (más o menos acertada en algunas ocasiones). Encarnas el papel de Nika, una niña muy inteligente que no encaja en la sociedad actual. Madres amantes de los programas de cotilleos, hermanos que juegan el papel de niño rata enganchados al Call of Duty de turno, abuelos divorciados, profesores que pasan del alumnado en pro de estar todo el día cotilleando las redes sociales, son algunos de los ejemplos que MechaNika quiere destacar y realzar de forma exagerada pero divertida.

El planteamiento es simple, pese a la carga emocional que puede llevar detrás: debemos ayudar a Nika a construir MechaNika, el robot definitivo con el que pretende acabar con la sociedad actual tal y como la conocemos. Para ello deberemos recolectar los doce artilugios del mapa que la misma Nika ha diseñado haciendo uso de nuestro ingenio, cómo no. En nuestra maleta guardaremos aquello que vayamos cogiendo o intercambiando a lo largo de la aventura. Dichos objetos podremos utilizarlos para combinarlos con el escenario o para dárselo a los personajes de la aventura (a cada cual más rocambolesco). Además, podremos hablar con estos personajes y se nos dará en muchos momentos la posibilidad de elegir qué decir.

Aunque la aventura es lineal, algunas acciones podemos llevarlas a cabo de distintas formas para conseguir lograr un fin determinado (como por ejemplo, entregarle el mando de la televisión a nuestra madre para que se vaya a ver los programas de cotilleos o simplemente encender y cambiar de canal para que lo oiga y acuda a lobotomizar su cerebro delante de la caja tonta).

Algunas de las situaciones que plantea MechaNika me han resultado excesivamente estúpidas o exageradas: hay una niña que tiene por religión el carnivorismo, un poco como lo contrario del veganismo y se dedica a convencer a los animales para que se dejen asesinar y despedazar porque dice que en su estómago es donde más seguros están o la pelea entre el abuelo y la abuela de Nika, que no quiere saber nada de él porque en su día lo pilló cepillándose a una cabra.

Crítica social rocambolesca

En resumen, MechaNika es un título más bien pensado para disfrutar en dispositivos móviles y si eres lo suficientemente audaz, puedes acabártelo en poco más de media hora. Está lleno de crítica social dentro de un marco con aspecto infantiloide para restarle un poco de hierro a los asuntos que trata. Lo tenéis ya disponible tanto para iOS y Android como para Steam (Windows, Mac OSX y Linux), al módico precio de 3,99€. Una buena solución para invertir momentos de espera en la consulta del dentista o mientras esperas a que llegue la guagua puesto que la mayoría de los puzzles son de fácil resolución.

Lezard
Lezard
Enamorado de los videojuegos de toda la vida e informático de profesión, no pasa un día sin que caiga al menos una partidita para relajarse de los duros ajetreos de la vida cotidiana.

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