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Invisible Fist

La mano de las pajas del capitalismo

El filósofo Adam Smith, padre del liberalismo clásico, es uno de los autores a los que peor lee su propio fandom, más centrado en su propia paja mental que en lo que el pensador sugiere. No voy a ponerme por aquí a hacer ajuste de cuentas citando La riqueza de las naciones y viendo cómo se pasan sus postulados por el forro sus propios seguidores, porque todavía estamos en la segunda fase de la agitprop en Nivel Oculto y debemos seguir pareciendo una web de videojuegos, pero les recomiendo la lectura. No es ahí donde aparece por primera vez el infame término Mano Invisible, sino en el anterior Teoría de los sentimientos morales, y es una metáfora con menos contundencia de lo que se cree, simplemente defendiendo que al ser cooperador por naturaleza, el ser humano ajustará sus interacciones para que todos salgamos beneficiados de ellas.

En 2019 parece obvio que esto no ha pasado. La desigualdad entre lo que cobra un directivo de una gran empresa y el trabajador que le enriquece ha crecido de manera exponencial, las horas trabajadas y la productividad también mientras los salarios se quedaban helados y encima no tenemos implantes fardones ni jetpacks para hacer algo más soportable este cyberpunk pocho de sonrisas forzadas.

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La Mano Invisible no se ha portado nada bien, los mercados no se han ajustado solitos para repartir la riqueza con una cornucopia de abundancia, y aunque quedan fieles de esta religión, siguen topándose con la realidad: el sistema en el que vivimos es nocivo para el ser humano, para su salud mental, su salud física y para el planeta que habita.

Invisible Fist invierte la metáfora de manera burda, pero efectiva: no se trata de una mano que ayuda a racionalizar los peores abusos del mercado y corrige sus fallos, sino un puño que nos revienta y asfixia. Todo en el juego de Failcore es exagerado y estrambótico, si no fuera porque la realidad lo es más aún.

“La victoria es algo poco probable, absolutamente individualista y desnaturalizador”

A nivel formal hablamos de un juego de cartas y combates, nada más que eso. Cada personaje tiene una serie de escenarios en los que se enfrenta contra el Puño Invisible y lo hace poniendo en juego una serie de cartas: trabajar (para herir al Puño), relajarse (para no reventar de estrés) y descansar (recuperar vida). Tenemos una serie de turnos para acabar con nuestro enemigo y en cada combate una condición extra, que de ser elegida nos compensará con la “moneda” del juego, una estrella. Si ganamos en tiempo y forma tendremos otra estrella, además de la básica que nos dan por sobrevivir a cada escenario. Es decir, un máximo de tres estrellas por combate y de veinticuatro que podemos recolectar con cada personaje; necesitando veinte para desbloquear al siguiente.

El primero de ellos es un emprendedor tecnológico que se ha hecho rico lanzando una startup y ahora quiere proseguir en su camino de éxito con otra app aún mejor. No podría parecer el mejor ejemplo de cómo el capitalismo aplasta a la humanidad, pero ejerce una función muy interesante: es prácticamente un tutorial. Es prácticamente imposible no pasarse su escenario, sus cartas son fantásticas y apenas tienen inconvenientes, si acumula estrés no le pasa nada y apenas requiere que nos organicemos para ganar. Es lógico ver que tiene problemas personales y familiares que le afectan, pero también es divertido observar que muchas de sus cartas de trabajo no implican trabajar sino hacer que lo hagan otros o reunirse y las de descanso son caprichos carísimos. Lanzada su nueva app y derrotado el Puño Invisible, ahora toca el reto de verdad. Porque sin duda el sistema daña a los ultrarricos, pero sigue habiendo clases sociales.

El siguiente personaje es una estudiante universitaria comida por la deuda y sin un duro, cuya única expectativa de futuro si quiere salirse de ahí es convertirse en influencer. Las cartas que tenemos son aleatorias con cada intento, y se nota. Mi primer final con ella fue el mediocre (sobrevivir a muchos combates pero sin ganar) y no fue hasta el tercer reintento que pude triunfar, cuando empecé con unas cartas algo mejores. A diferencia del entrepreneur, prácticamente todas las cartas de descanso requieren de dinero para ser activadas; dinero que sólo ganamos trabajando y que se gasta demasiado rápido. Las actividades son más mundanas: jugar con tu gato, ir al cine, fumarte un porro… y los trabajos que dan más beneficios ya incluyen vender tu cuerpo vía webcam, cosa que no pocas estudiantes hacen en EEUU para pagar sus deudas (eso, o la industria del porno). ¿Puede alcanzarse el éxito poniendo copas en un bar y sacando perros? Quizá, pero con aún más sudor y sangre.

Y sin embargo, todo palidece en dificultad con respecto a la última protagonista, una trabajadora de almacén (clara alusión a Amazon) que sueña con ganar una suerte de America’s Got Talent. Con ella el trabajo paga mucho menos, estresa más, consume más horas y deja menos tiempo a relajarse. Sus actividades de relax suelen ser más lesivas y caras, y puede que las cartas de descanso que te toquen apenas te den salud y te quiten dinero (por ejemplo, dormirse en la cadena de empaquetado). El Puño Invisible estrangula en distintos grados y ella está en lo más bajo de la picadora de carne del capitalismo. Lo que es peor: esas estrellas que tanto cuesta ganar ahora se convierten en el coste de muchas de las mejores cartas. Y peor todavía: si se acumula el estrés habrá que hacer frente a un montón de penalizadores en forma de problemas de salud mental, desde insomnio hasta ideación suicida. No hay escape de ese tipo de vida para nadie, y por eso el mejor final es el más improbable: formar parte de ese ínfimo porcentaje que se venderá de otra forma en el circo global tras ganar un concursito.

“Todo en el juego de Failcore es exagerado y estrambótico, si no fuera porque la realidad lo es más aún”

Invisible Fist está increíblemente ideologizado y seguramente se le acuse de ello, cuando todo lo está, sólo que no en el sentido que se considera ideología. Es cínico y escandaloso y apenas deja respirar al jugador con sus conclusiones: que la victoria es algo poco probable, absolutamente individualista y desnaturalizador; que nadie se hace rico trabajando ni escapa de la picadora de carne esforzándose mucho, sino más bien porque encuentra esos pequeños resquicios que deja el sistema para adoptar otro papel.

Como juego, una vez se ven sus entresijos, puede hacerse un poco repetitivo y algo sencillo salvo en su último capítulo, que realmente exige del jugador. Se nota que se ha hecho con muy pocos recursos y centrando todo el esfuerzo en su mensaje y en escribirlo de una manera socarrona y que a veces abusa de algún estereotipo, pero es que tiene que ser así. Encaja como un guante en este Zeitgeist hiperconectado, tecnooptimista y exagerado e incluso celebra con ese mismo descreimiento sus victorias, con un sonoro whatever en vez de aplausos cada vez que ganamos un combate. Por todo eso, harán bien en tomárselo en serio.

Javier Alemán
Javier Alemán
Co-administrador de Nivel Oculto. Escribo libros y vivo una hora por detrás del mundo civilizado. Una vez Juanma me emborrachó en un restaurante alemán.

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