
Antes siquiera de ser lanzado, Horses de Santa Ragione se ha convertido estas últimas semanas en protagonista de no pocos post, artículos y mensajes compartidos en redes sociales, al decidir Steam que no podía estar ni venderse en su plataforma. Volveré sobre esto al final, para ver si tiene algún sentido (destripe: en absoluto lo tiene), pero primero vamos a ver qué nos ofrece Horses.
Un aspecto a resaltar desde el principio, es que en Santa Ragione siguen manteniendo un estilo, una actitud, particular, casi reconocible a simple vista, incluso aunque los recursos audiovisuales, el arte o la propuesta lúdica sean diferentes entre sí. Tienen juegos en dos dimensiones, en tres, con gráficos tipo dibujo animado, poligonales, cargados de música, con más o menos texto, con mecánicas roguelike y survival… En fin, una diversidad de apetencias y expresiones que solo puede ser admirada en un ecosistema donde lo genérico avanza como un elefante en una cacharrería, y que ya hemos tenido oportunidad de disfrutar (especialmente en Nivel Oculto) con títulos como MirrorMoon EP, Wheels of Aurelia, Mediterranea Inferno o Saturnalia.
Destacar que el juego ha sido producido y publicado por Santa Ragione, pero su escritor y director es Andrea Lucco Borlera. Colaboran habituales del estudio, por supuesto, pero también otras personas. En este sentido, curiosa y grata sorpresa ha sido ver en los créditos que Julián Palacios, creador de Promesa, I Hope to See You Again y Cucchi, ha contribuido como artista visual.
Entrando en materia, Horses parte del principio del walking simulator para alterarlo convenientemente. Si en juegos como Dear Esther solo tenemos que andar y en otros como What Remains of Edith Finch se introducen más elementos lúdicos, Horses se sitúa en un punto intermedio: la mecánica principal es mover al personaje, pero a medida que el juego avanza se incrementa el tipo de interacciones, más allá de explorar, como encargos que requieren ciertas acciones y hasta algún puzle. No obstante, lo lúdico se muestra superado por lo literario. No es tanto cómo lo contiene lúdicamente sino qué contiene literaria o cinematográficamente.
La influencia del cine sobre los videojuegos se ha destacado y se sigue destacando hasta el hastío. Tampoco se puede negar. Es una influencia real, limitada más a la narrativa audiovisual que a la creación propia de narrativas literarias (algo para lo que el cine, igual que los videojuegos, sigue mirando a la literatura en sentido amplio: desde novelas a cómics). Esto hace que la mayoría de videojuegos limiten esa influencia a ofrecer cinemáticas e historias manidas, llenas de arquetipos y de clichés que siguen a rajatabla el modelo del viaje del héroe, la producción hollywoodense y que tanto se parecen unas a otras.
Horses no se limita a eso. Destila pasión por el cine, lo que se ve en los planos utilizados, en los cortes, en la eliminación del formato panorámico y en la elección de mostrarlo como una película de cine mudo, prescindiendo no solo del sonido, sino también del color. La influencia de Buñuel, de Lang, Pasolini o Lynch es palpable; o del surrealismo, el expresionismo alemán y el neorrealismo italiano; o de Un perro andaluz, Saló o los 120 días de Sodoma, Cabeza borradora y, aunque seguramente no pensaran en ella sus creadores, The Human Centipede. En este homenaje formal al cine, y solo en eso, recuerda a lo mostrado también por Your Computer Might Be at Risk.
Su historia es sencilla: un universitario, Anselmo, acepta un trabajo de verano en una granja para sacarse un dinero. Sencilla, sí, pero es también truculenta; y lo es conscientemente. Lo percibimos ya antes de que ocurra cualquier cosa en el primerísimo primer plano de Anselmo antes de entrar a la granja: su expresión está descompuesta, y lo seguirá estando durante todo el juego.
Luego se desata la extrañeza, la alienación psicológica constante, casi en una escala en la que lo anterior tiene por necesidad que pasmarnos menos que lo siguiente. Lo lúdico es aquí un simple detalle utilizado con inteligencia, casi como un alivio frente a lo grotesco que todo lo inunda: da de comer el perro, limpia la cuadra de los caballos, riega el huerto… Walking simulator sí, pero claustrofóbico, renegando del mundo abierto y las misiones secundarias —cliché primigenio y estructural en el game design— con un manierismo sardónico: se acotan espacios, percepciones y diálogos para buscar más expresividad. Obsesivo y enfermizo, pero de una elegancia pasmosa: al presentarlo como un artefacto audiovisual mudo, no solo se hace menos explícito, también más inquietante e incómodo; menos vulgar, más crudo. Acostúmbrate a escuchar solo el sonido de fondo de un viejo cinematógrafo, asaltado puntualmente por efectos de sonido y melodías cortantes, como si te tragaras un cristal.
El periplo de Anselmo en la granja dura catorce días, cada uno de ellos un capítulo, a veces dividido en una o más partes. Un tramo temporal en el que se pondrá a prueba nuestro estómago para tramitar peticiones de obediencia, de trabajo, a cada cual más retorcida, así como visitas inesperadas a una granja en la que nadie ve nada raro, excepto Anselmo; y, con él, nosotros.
Lo mismo sucede con ciertas incoherencias en el guion: dada la influencia tan fuerte del surrealismo y unas intenciones tan acentuadas de transgredir los límites entre realidad y ficción (la virtual del juego y la nuestra), cuesta diferenciar qué es intencionado y qué descuido. Escenarios, efectos visuales y otros aspectos artísticos y técnicos (ausencia de bugs) brillan por su buena mano, y nada hay que objetar.
Ahora viene la pregunta del millón: ¿por qué Steam ha decidido prohibirlo en su plataforma? Como dicen desde Santa Ragione, pese a lo que pudiera parecer obvio, no tiene nada que ver con la reciente censura impuesta por los procesadores de pago a plataformas como Itch o la propia Steam, sino al propio funcionamiento de la plataforma de Valve, pues «Steam minimiza públicamente la revisión humana en favor de la optimización de ventas algorítmica, e interviene con censura cuando la visión artística de un juego no se alinea con lo que los propietarios de la plataforma consideran arte aceptable».
El cinismo de Steam se huele a kilómetros. Alegan que en el juego aparece una muestra de contenido sexual en la que se envuelto un menor, cosa que no es cierta, como dicen desde Santa Ragione, a quienes Steam también ha negado cualquier diálogo ante las muestras de documentos internos (diseño de personajes y demás) que demuestran que no hay ningún personaje menor en el juego.
Viendo lo que ofrece Steam en su plataforma, la interpretación puede ser peor: la de permitir elementos sexuales únicamente como elemento masturbatorio, no como pericia artística a la hora de cuestionar poderes, moralidades y represiones. Si uno se da una vuelta por la sección solo para adultos de Steam va a encontrar más de cinco mil juegos pornográficos, y en muchos de ellos se utilizan rostros aniñados, cercanos al lolicon, que se han salvado declarando que todos los personajes son adultos. Sin contar con que están disponibles aún juegos como el nefasto (técnicamente, sobre todo) Agony o la violencia sin sentido de Hatred. De Agony incluso se ha permitido una versión unrated.
Me parece bien que Agony y Hatred estén en Steam, y seguramente muchos de sus títulos para adultos. Pero al prohibir Horses —cuya comparación con el solo para adultos de Steam es burda, porque sus intenciones son artísticas y no la pobre provocación o el elemento eyaculatorio—, Steam ha personificado de nuevo esa «enfermedad del infantilismo» que sufren los videojuegos; un infantilismo que más tiene que ver con una percepción y tratamiento de los videojuegos como estimulantes de la masculinidad tradicional que con cualquier intento de que los videojuegos traspasen la barrera del mero entretenimiento.
Y es mucho más triste que se tenga que hablar de esto en vez de solo de Horses. Y, sobre todo, que esta prohibición pueda afectar a la estabilidad de un estudio tan especial como Santa Ragione. Eso es lo importante, y eso es en lo que no se paran a pensar los obispos de Steam que, como un personaje de Horses, demandan rectitud moral conscientes de que ellos mismos son los primeros en salirse de la línea.
Recordad este día como aquel en el que los ejecutivos de Steam mostraron a las claras sus escapularios y en el que, paradójicamente, fueron a prohibir un juego que retrataba precisamente ese tipo de doble moral.
Si queréis ayudar a Santa Ragione, el juego está disponible a un precio de 4,99 € en Epic Games Store, GOG, Itch.io y Humble Store.
