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Análisis: Gamedec 1

Análisis: Gamedec

Todo el rato con la maquinita

Análisis: Gamedec 2
Fecha de lanzamiento
16 septiembre, 2021
ESTUDIO
Anshar Studios
EDITOR
Anshar Publishing
PLATAFORMAS
PC, Switch, PS5

En algún momento a lo largo del siglo XXII la sociedad ha integrado plenamente lo que los vendehúmos de hoy en día creerían que sería el metaverso y se ha vuelto tan importante que hay mucha gente que pasa más tiempo en toda suerte de mundos digitales que en el real. Virtualium llaman a los primeros, Realium a la sociedad futurista y degradada, dividida en capas que expresan hasta en lo físico la división de clases: en las zonas altas de las ciudades los ricos, en el limo, herrumbre y desechos tóxicos del subsuelo los pobres. Y en el exterior, tras el muro protector de las megaurbes, un páramo lleno de flora y fauna venenosa. Si ya el mundo actual da ganas a veces de refugiarse en una utopía digital, ¿cómo no querer en un mundo aún peor y donde la desigualdad ha aumentado? Tanto ocupa el Virtualium que con él han venido nuevas profesiones, además de exacerbarse algunas de las existentes actualmente. Una de las más sugerentes, y que da nombre al juego, es la de Gamedec. A medio camino entre el detective privado y el hacker, un gamedec se adentra en el Virtualium para resolver todo tipo de casos. Sus principales armas son el intelecto y la palabra, pero eso no significa que no pueda liarse alguna vez a puñetazos o tiros, siempre que los mundos en los que transite tengan activado el PvP.

Gamedec está basado en la obra literaria del polaco Marcin Przyby?ek (que, como con The Inquisitor, no ha sido traducida), y sorprende que, precisamente por su temática, nadie hubiera decidido adaptarla al videojuego hasta que sus paisanos de Anshar Studios decidieron hacerlo. Al fin y al cabo la propia configuración del mundo permite hacer prácticamente lo que te dé la gana con él: hay una cantidad infinita de programas en los que evadirse del Realium, por lo que uno puede estar un día en un cuento de caballeros y al siguiente pilotando una nave espacial… todo lo imaginable es programable y visitable.

Así que despertamos tras una noche de sueños extraños, nos ponemos la esperable gabardina de investigador cyberpunk, chequeamos el ordenador y comenzamos una jornada más de trabajo.

Análisis: Gamedec 3

Gamedec es un RPG isométrico sin combates, algo que decidieron sus creadores tras varias iteraciones y ver que no les convencía demasiado añadir enfrentamientos, que probablemente restarían al espíritu de lo que querían contar. Todos los desafíos que encontraremos a lo largo de los distintos trabajos (que como pueden imaginar, acabarán convergiendo en la trama) tienen que ver con la investigación. Mientras exploramos el Virtualium en cada caso deberemos ir realizándonos preguntas y tomando decisiones sobre ellas mismas, lo que nos posibilita distintas acciones. Lo importante sobre todo es recabar toda la información que podamos, porque una vez completamos una deducción en el menú que tenemos no podremos cambiar la conclusión. Es ésta la que nos lleva a la siguiente parte del caso y la que nos posibilita hacer una u otra cosa: desde asumir quién puede ser el culpable hasta si alguien merece perdón. No es que genere una extensísima variación pero sí que da color a todo nuestro trayecto por el juego, además de que en algunos casos sí que sirve para cambiar algunos pedacitos de la trama y se ramifica en los siguientes casos.

La principal mecánica para reunir todas las pistas es la pura y dura conversación. En Gamedec no hay una ficha de personaje al uso, sino una serie de disposiciones que podemos usar al interactuar con otros, simbolizados por cuatro colores (rojo para ser directo o agresivo, azul para la lógica, verde para la empatía, amarillo para la innovación). Es un sistema que cuesta un poco entender y cuyo efecto real es ir acumulando puntos en cada una (por cada uso en diálogos) que luego intercambiaremos por profesiones. Cada una de ellas nos abre árboles de conversación nuevos y también nos permite distintas interacciones (por ejemplo, descubrir el código fuente de un mundo y piratearlo; o ser capaces de curar a alguien).

Es un sistema tan críptico como orgánico y me parece que funciona muy bien durante toda la aventura, aunque podamos tener dos acercamientos distintos a él. Si jugamos de manera «genuina», interpretando a nuestro personaje como sería, vamos a acumular seguramente muchos puntos en dos únicos aspectos, apenas pudiendo comprar profesiones. Y si meditamos nuestra actuación y tomamos un acercamiento más calculador, más metaficcional, podremos desbloquear muchas más, a riesgo de no conducirnos como lo haría nuestro personaje. ¿O no? Al fin y al cabo es un detective que entra en mundos virtuales, quizá precisamente lo más interpretable sea la maleabilidad y el fingir ser otra persona.

Aunque empieza de una manera tremendamente convencional, Gamedec sorprende siendo más profundo de lo que pudiera parecer. Todo el juego está plagado de comentarios sobre muchos de los temas que rodean la actualidad y el propio juego online, y es terriblemente oscuro en lo que tiene que decir. Hay lugar para alguna que otra chanza con obras que llevan años interminables en desarrollo, pero sobre todo se mete en temas espinosos y sale más o menos bien parado. Me gusta especialmente la nada sutil crítica que hace de lo que por aquí denominamos «simuladores de trabajo» y de cómo muchos de ellos pueden pervertirse hasta el extremo deviniendo en pura y dura explotación infantil. De hecho, ya que toma este camino, si algo se le puede achacar es que con algunas cosas no vaya hasta el final y sobre todo que no sea algo más imaginativo con los mundos que propone. Porque al final el querer hablar sobre ellos hace que opten por modelos claramente identificables y más convencionales. No es mala decisión, pero me hubiera encantado ver mundos digitales más estrambóticos, más pasados de rosca.

Análisis: Gamedec 4

Los compases finales del juego son una sorpresa muy agradable, tanto por cómo se llega (como digo, todos los casos convergen con cierta naturalidad en el final) como por lo que quiere contarle al jugador. Gamedec acaba poniéndose profundamente filosófico al final y no parece forzado porque iba dando pistas, pero el juego es tan breve (apenas diez horas) y tan atropellada la conclusión que no queda más que preguntarse si no hubiera sido mucho mejor vehículo para esas ideas de haber contado con un poco más de extensión.

Pero miren, no es tan importante. Lo importante es que es un juego compacto, que en su brevedad mantiene frescos todos sus sistemas y que tiene una propuesta lo suficientemente interesante y atrevida como para adentrarse en él. No puede pedírsele más a una obra de este tipo.

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