Análisis: Fable III

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Desde la aparición de las primeras noticias sobre Fable III, la imagen del rey tirano y la posibilidad de asumir su rol ha ido permeando toda la información que recibíamos sobre el juego. Con cada avance se daba algún detalle más de lo que podríamos hacer, del destino que le podríamos dar a una Albion que ahora estaba en plena revolución industrial y de la posibilidad de gobernar con guante de seda o puño de acero. Tras toda esa insistencia en lo de ser un rey, encontramos eso, el camino a convertirnos en monarcas.

Básicamente, en eso podría resumirse el nuevo Fable. Atrás ha quedado lo de progresar desde crío hasta héroe de renombre, pasando por la adolescencia. Atrás han quedado las historias sobre el Gremio de Héroes, que casi no es mencionado en el juego. Ahora empezaremos manejando a uno de los hijos del/la protagonista (aunque se asume que fue hombre) del juego anterior, y el objetivo será expulsar al rey actual del trono, por eso de ser un tirano y oprimir al pueblo.

Para hacerlo tendremos que reunir seguidores, que se han convertido en el leitmotiv del juego. Para todo necesitamos seguidores. Para empezar, el desarrollo del personaje estará limitado, al no haber nada parecido a los puntos de experiencia. Ahora con cada acción que hagamos podremos ganar “medallones”, desde hacernos amigos de un aldeano hasta matar villanos, pasando por recuperar gallinas de un redil o terminar misiones principales. Los medallones los usaremos para desbloquear cofres que encontraremos en una especie de mundo paralelo llamado “camino al reinado” (representación metafórica del progreso del héroe), y en ellos podremos comprar nuevas expresiones, nuevas magias o subirnos los atributos (cuerpo a cuerpo, a distancia y magia). Además, esta progresión está limitada al momento de la trama principal en el que estemos, porque entre los cofres habrá puertas que sólo podremos abrir a medida que reclutemos nuevos seguidores para nuestra revolución (y eso lo haremos en el modo historia).

Si bien la idea de abandonar los trilladísimos puntos de experiencia es buena, termina convirtiéndose en un error por pecar de simplista en exceso. Si antes había tres atributos para cada ataque (salvo las magias), ahora sólo encontraremos uno relacionado, limitando la diferenciación entre personajes. A esto hay que añadir que se ha quitado una de las barras de moralidad, lo cual elimina aún más las posibilidades. La cosa no queda ahí, porque hay menos armas (espadas y martillos, pistolas y rifles) y menos magias, menos pociones y objetos…Aunque lo de las armas tiene excusa.

Ahora, a pesar de la escasez, las armas toman mayor protagonismo, porque progresan con el personaje. Así, encontraremos algunas que nos dan la posibilidad de mejorar sus características si cumplimos determinadas acciones, o que dependiendo de lo que hagamos (usar mucha magia de fuego, ser malvados…) cambiarán de forma y prestaciones. A la menor cantidad de magias habrá que añadir una muy buena idea: la posibilidad de enlazar dos de ellas. Para usarlas requeriremos guanteletes, y si nos equipamos con dos (por ejemplo, fuego y vortex) podremos crear nuevas magias más poderosas y espectaculares (en este caso un torbellino de fuego).

Más allá de eso, jugablemente es muy similar, con un botón por acción (cuerpo a cuerpo, ataque a distancia, magia y esquivar), con nuevas animaciones y movimientos finalizadores (que aparecerán más a menudo a medida que nos hagamos más fuertes). Fuera de las batallas seguiremos teniendo al perro, con la parte de cavar para encontrar tesoros, y la ya clásica interacción con aldeanos, con nuevo interfaz (más simple, también) y miniquests para cambiar el estado de relación con ellos. Habrá nuevos trabajos (algunos con especial sentido del humor) y podremos seguir casándonos, tener hijos, reventar la burbuja inmobiliaria de Albion y comprar establecimientos.

Como nota curiosa, ahora no habrá menú, sino que todas las gestiones las haremos volviendo al “Santuario” (dándole al botón de start), donde tendremos habitaciones para cambiar de armas, vestirnos, guardar partida…todo de manera muy intuitiva y original, pero que termina cansando cuando sólo queremos equiparnos otra pistola y tenemos que pasar por el proceso. A destacar el nuevo mapa, que nos permite desplazarnos más rápidamente, nos indica las misiones y nos da la posibilidad de gestionar negocios inmobiliarios de manera bastante eficiente.

Finalmente, llegado determinado momento en el juego, tendremos que tomar decisiones sobre el futuro del país tras ascender al trono. Aunque esto le añade sabor y modifica el paisaje y ciudades, volvemos a caer en el simplismo exacerbado y serán decisiones de blanco y negro, sin ningún tipo de consecuencia secundaria a lo que hayamos decidido hacer. Es de celebrar que se nos haya dado esta opción, pero podrían haberse extendido un poco más y habernos dado posibilidades más grises y con consecuencias inesperadas.

Gráficamente nos sorprende, pero para mal. Con el mismo motor del juego anterior, ya envejecido, hay veces en las que nos parecerá por debajo de su predecesor, y eso es inexplicable. Lo único que ha mejorado son los efectos de luces y partícula, con neblinas y tormentas impresionantes (para el resto de lo ofrecido). Además, habrá que soportar bastantes pantallas de carga y alguna ralentización cuando hay muchos enemigos en pantalla, y eso es inexcusable teniendo en cuenta lo fluidos que eran los combates en su predecesor.

La música cumple y tiene algunas piezas muy interesantes, pero el punto fuerte es el doblaje. Colosos como John Cleese (de Monty Python) están a las voces (en español, sustituido por Carlos Latre…) e incluso el protagonista tendrá voz y participará en algunos diálogos. No puedo decir mucho sobre el doblaje a la lengua de Cervantes porque me he decantado por el inglés, pero sí que se nota un esfuerzo y las voces encajan perfectamente en el contexto de lo que juguemos.

Para acabar, aunque el guión no es para tirar cohetes, hay buenas ideas, como lo de gobernar, o algunos momentos de tensión y drama que no hemos visto hasta ahora en la saga. La idea de la realpolitik y de que a veces hay que hacer lo que no queremos por un bien mayor también está bien, pero poco trabajada. Y a esto hay que añadir el sentido del humor, que llena todo el juego (aunque un poco menos que el anterior), desde los carteles de las calles y pantallas de carga, hasta muchas de las secundarias en los que habrá situaciones surrealistas que podrán sacarnos alguna carcajada. Humor, eso sí, muy inglés,y a veces difícil de entender a la primera.

En total, hablamos de unas 9-10 horas para la trama principal, más todo lo que queramos añadir de juego “social” y un buen puñado de secundarias. El juego es divertido y está plagado de buen humor, además de ser rejugable por poder afrontar las cosas desde diferentes puntos de vista, pero peca un poco de infantil por no dejarnos tomar decisiones más allá de ser buenos o malos. ¿Merece la pena? Depende de lo que busques. Para mí Fable II fue un muy buen juego, y tengo claro que Fable III es inferior, pero no deja de ser un título divertido y con alguna buena idea. Eso sí, seguro que se disfrutará más comprándolo cuando baje de precio.

Lo mejor: Personalización de armas, mezclar magias y el sentido del humor.

Lo peor: Simplista en exceso. Peor gráficamente y con ralentizaciones. Decisiones muy de blanco o negro.

Javier Alemán
Javier Alemán
Co-administrador de Nivel Oculto. Escribo libros y vivo una hora por detrás del mundo civilizado. Una vez Twinsen me emborrachó en un restaurante alemán.
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