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Soy de aquellos que echan mucho de menos un nuevo Mirror’s Edge. El título de DICE tenía como defectos una trama estupidísima y se hacía corto, pero jugablemente era impecable, un coloso con una construcción perfecta para el jugador. Por eso, cuando veo cositas como Lemma, el corazón se me alegra. (Y eso que DON Twinsen ya habló de él hace tiempo, aquí, y yo no debí enterarme)

En palabras de sus creadores, el objetivo de Lemma es “darle herramientas al jugador para ser creativo a través del movimiento”. ¿Cómo? En el mundo de juego se va modificando el escenario y creando elementos en él a medida que avanzamos. Por ejemplo, podemos generar una pared lateral a medida que corremos por ella, sin miedo a caer al vacío, gracias a la extraña física del mundo que estamos visitando. Otra forma puede ser la generación de estructuras mientras estamos en el aire, que nos ayudarán a conservar el momento lineal en nuestra trayectoria.

El vídeo lo explica mejor que yo.

El escenario se compone de voxels, y la cosa se va complicando a medida que van surgiendo elementos de distintos colores, incluyendo algunos que nos pueden hacer daño, otros que infectan el entorno y lo modifican para jodernos la vida…

Todo para ponernos en la piel de Joan Emerson, una estudiante de física que ha ido al mundo de Lemma persiguiendo a su descubridor. El juego quiere que nos relacionemos con él vía mensajes de texto a la vez que vamos explorando el entorno de mundo abierto, descubriendo la historia y modificándola con nuestras elecciones. Creo que un videojuego así no necesita argumento (sólo hay que ver el caso de Mirror’s Edge), pero me gusta lo de los sms y que todo quede entre físicos.

Aunque el juego no salió bien parado en Kickstarter, ha pasado por Greenlight y su desarrollador, Evan Todd, le ha puesto una fecha: en noviembre de 2014 llegará a nuestros PC’s. Mientras tanto podéis probar la demo en el enlace de abajo.

Javier Alemán
Co-administrador de Nivel Oculto. Escribo libros y vivo una hora por detrás del mundo civilizado. Una vez Juanma me emborrachó en un restaurante alemán.
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