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La Filmoteca: Asesinos en serie y videojuegos

La Filmoteca: Asesinos en serie y videojuegos 1

El asesinato siempre ha fascinado al ser humano. Al fin y al cabo, es el acto último de destrucción que puede haber: arrebatarle la vida a otra persona. Por eso, desde muy temprano, el acto del asesinato ha impregnado nuestra cultura de muy diferentes formas, estando presente en producciones tan antiguas como la Biblia, donde es un acto así el que condena a un hermano (cazador-recolector) frente a otro (agricultor).

Pero, al igual que en todo lo demás, aquí también hay clases. No es lo mismo matar a un igual en un acto de celos, rabia o frustración que emprender un camino que nos lleve a la caza y captura de otros seres humanos. De ese homicidio individual somos todos tristemente capaces y la mayoría acabaremos consumidos por la culpa preguntándonos qué hemos hecho. Para matar a muchos y no parar hay que ser de otra pasta. Hay que ser lo que se ha dado en llamar «asesino serial». Resulta curioso que en la época en la que vivimos gente así pueda pasar a la fama y convertirse en auténticos «rockstars», recibiendo toneladas de correspondencia y la admiración de muchos tarados, imagino que eso nos deja claro el grado de fascinación al que somete nuestra sociedad a este tipo de figuras, capaces de romper el tabú de matar una y otra vez.

Como decía, no ha habido referente cultural que escape de su figura, y los tenemos en la música, la literatura, el cine y los videojuegos. ¿Qué peor enemigo puede haber para nuestros protagonistas que aquél que ha cruzado el límite y no tiene las restricciones que tenemos los demás? ¿Hay forma de pararlo sin llegar al punto de asimilar alguna de sus cualidades para acabar con él?

Antes de entrar al tema, haremos un pequeño repaso de lo que motiva el asesinato en serie, de casos reales y ejemplos en otras producciones culturales, para llegar al final al tema que realmente nos ocupa: la forma en la que van abriéndose paso en los videojuegos.

Asesino psicópata vs Asesino psicótico

Hay una diferencia fundamental a tener en cuenta a la hora de valorar los crímenes de un asesino en serie. ¿Era consciente o no de lo que hacía? En caso de ser consciente, de tener perfectamente claras las normas morales que rigen nuestra sociedad, estaremos ante alguien capaz de desligarse de una moralidad que conoce. En el otro caso, cuando tratamos con alguien que ha asesinado sin tener una idea de lo que es real o no, estamos ante un enfermo mental  cuyo trastorno (y falta de control por parte de las instituciones) le ha llevado a cometer su crimen.

Al primero lo conocemos bien a través de las noticias y la literatura: es el psicópata. El psicópata es una persona con un déficit muy importante para vivir en sociedad: es incapaz de tener emociones, o son tan tenues que no las entiende. Puede tener miedo o ira, pero son algo transitorio y no demasiado violento. Al ser un idiota emocional, tiene grandes problemas para tratar con otras personas en profundidad, y más que amigos, tiene «conocidos útiles». Paradójicamente, esto le ayudará a mentir y manipular a los demás, pues le da igual cómo se sientan o lo que piensen. Y, finalmente, le da patente de corso para cometer todo tipo de crímenes. La mayoría no son asesinos, y de cometer crímenes, serán impulsivos: buscan más el subidón de adrenalina que algún tipo de beneficio. Sólo en los casos más extremos hablaremos de asesinos en serie: son los más organizados, capaces de planificar y aguardar, aunque sólo sea por autopreservarse. El móvil principal, en su caso, es la dominación y la sensación de poder. Disfrutan de pocas cosas y sólo les atrae la novedad, con lo que matar se convierte en una huida hacia adelante buscando sensaciones (que nunca serán tan intensas como con la primera muerte).

El segundo es el asesino psicótico, o desorganizado. Comete sus crímenes ajeno a la realidad, y no suelen ser una cosa planificada, sino más una «ola» de asesinatos que para en el momento en el que es detenido, sin demasiada dificultad. Suele tener alucinaciones auditivas, una serie de voces que le designan quién y por qué debe morir. Eso, o la creencia delirante (imposible de razonar y sin base real) de que sus asesinatos tienen un sentido y una justificación. Por tanto, suele ser un enfermo de esquizofrenia. Curiosamente, muchas veces este tipo de crímenes trascienden más a la opinión pública y se quedan en el imaginario colectivo, tachando a la gente con trastornos mentales como violenta y peligrosa. Al contrario, hay menos asesinos psicóticos y, en general, el porcentaje de delitos en la población con enfermedades psiquiátricas es menor al presentado en la población normal.

El inicio de todo y la figura moderna

Muchos consideran los crímenes de Jack el Destripador como el inicio de la figura del asesino en serie de la modernidad. A pesar de su racha de cinco asesinatos (corta en comparación con otros), ha quedado para la leyenda por dos motivos: fue el primero en asaltar los tabloides y escapó de la policía. Hay que tener en cuenta que en el Londres de 1888 los métodos forenses estaban aún por nacer, y aunque desde Scotland Yard se hizo todo lo que se pudo para cazar al asesino, ni siquiera existía aún la prueba de las huellas dactilares. Hay páginas y páginas de especulación con su origen, sus motivos e identidad, al igual que cientos de cartas del supuesto asesino (casi ninguna veraz respecto a los hechos). Lo que queda es su figura envuelta en la bruma de Whitechapel y el pistoletazo de salida a la figura moderna.

En nuestra memoria hay muchísimos más ejemplos, muchos de ellos, más recientes. Por ejemplo, Ted Bundy, que contradecía la idea de que el asesino debe ser alguien que ha padecido abusos en la infancia. Un hombre supuestamente feliz, con una infancia tranquila (aunque echó la culpa de su situación a ser hijo de madre soltera), graduado en psicología, con una carrera exitosa por delante y una prometida. Y por otro lado, un violador, necrófilo y asesino en serie de al menos 30 mujeres. Fue condenado a muerte, y hasta su ejecución, intento manipular a jurados y jueces y negar toda responsabilidad. Achacó sus crímenes a la «nefasta influencia de la pornografía», al alcohol, a la mirada de sus víctimas y a un sinfín de cosas, pero nunca a sí mismo. Su arrogancia y necesidad de atención le llevó a colaborar con la policía desde la cárcel, asesorándoles para detener a otro asesino. Es el ejemplo clásico de psicópata: pagado de sí mismo, mata en busca del subidón y luego es capaz de negar y engañar a quien sea.

Los españoles tenemos dos ejemplos aún más recientes: el asesino de la baraja, que aterrorizó a los madrileños hace unos años (mataba desde la distancia y dejaba una carta de la baraja al lado del muerto) y un indigente que decapitó a una turista en Tenerife, hace dos semanas. El primero acabó entregándose y sigue el perfil de asesino psicópata. El segundo, aunque no asesinó en serie, sí presenta el perfil de psicótico que en un brote mata sin saber lo que está haciendo.

Desde el asesino en la literatura y cine…

Uno de los primeros asesinos en serie que encontramos en la literatura es Norman Bates, que le sonará a todo aquél que haya leido o visto Psicosis. Norman es el dueño de un motel de carretera, que alcanza el éxito tras ser construida cerca una autopista. Además de eso, Norman asesina a varias de sus huéspedes en medio de un brote psicótico en el que cree que es su propia madre (a la que él mató, y conserva viva en su delirio) y se venga de las demás mujeres. Es un retrato casi perfecto del asesino psicótico, además de una obra maestra, tanto en la literatura como en el cine (hablamos de la de Hitchcock).

Igual de conocido (o más) es Hannibal Lecter: un psiquiatra de gustos y modales exquisitos, aficionado al canibalismo. Nace en la novela «El Dragón Rojo», en la que ayuda al agente del FBI William Graham (el hombre que le metió en la cárcel) a atrapar a otro asesino en serie. Un psicópata ayudando a atrapar a un psicótico. No es difícil encontrar cierto paralelismo con Ted Bundy. El éxito de las novelas (y luego las películas, en especial «El silencio de los corderos») ha convertido al personaje en un icono popular.

Hay cientos de ejemplos más, pero cabe destacar uno más para ver el auge que está viviendo la figura del asesino en serie: Dexter. Un forense analista de manchas de sangre que en su tiempo libre se dedica a matar y descuartizar, con una peculiaridad. Ha sido educado para tener metas, aún a sabiendas de que nunca dejará de ser un psicópata. A través de un código rígido sólo caza criminales, y sólo eso parece interesarle realmente. Ha saltado desde los libros hasta la televisión, siendo el protagonista de una fantástica serie en la que no sólo se explora su ansia homicida, y que da un retrato bastante creíble (a nivel psicológico) del funcionamiento de una mente psicópata. Tal es su éxito que ya tiene adaptación jugable para iPhone.

…hasta los videojuegos

Y llegamos finalmente al sector que nos ocupa. Los videojuegos, al igual que otras manifestaciones culturales, son retroalimentados por los intereses de la sociedad. A la hora de crear una trama interesante beberán de otras fuentes culturales y de las propias inquietudes de los programadores. Así tenemos nuevos referentes en el mundillo, como el Salvaje Oeste, el cine negro o los asesinos. He aquí un breve repaso, sin ánimo de ser exhaustivo.

Silent Hill 4, probablemente uno de los menos valorados de la saga, opta por un cambio importante en su propuesta. En vez de vivir un horror interior y de afrontar una pesadilla que nace en la mente de los protagonistas, se nos enfrenta a un asesino en serie relacionado con el pueblo. Si bien el cambio es drástico, también es efectivo; se logra no caer demasiado en la repetición, se trae al imaginario un antagonista memorable, que llega a dar lástima por su condición psicótica y falsas creencias.

En Condemned, también perseguiremos a un asesino serial: uno que sólo caza a otros asesinos imitando su método. A lo largo de la aventura no nos queda del todo claro el motivo de este «superasesino» y la trama se conjuga con la investigación policial y una ola de crímenes inmotivados en la ciudad. Probablemente uno de los tapados de la generación, el título de SEGA nos hace estremecernos ante la violencia gráfica y lo perturbado de la sociedad actual, aunque se deja cosas en el tintero y acaba cogiendo una vía de escape sobrenatural que «mancha» la trama.

La gente de Quantic Dream es especialmente sensible al tema de los asesinatos, abarcándolas en dos propuestas: Fahrenheit y Heavy Rain. En ambos tenemos como antagonista a un asesino en serie, aunque son muy distintos. En el primero destaca la temática sobrenatural (llegando a cargarse la trama, en mi opinión) y el asesino es clartamente psicópata: no mata por placer, sino porque tiene un objetivo, y le da igual lo que haya que hacer para llegar a él. En el segundo juego estamos ante uno de los mayores esfuerzos narrativos de la generación, con una serie de protagonistas creíbles y un antagonista sobre el que no podremos resolver una incógnita: ¿es psicótico o no? En esta web hemos hablado largo y tendido de ambos juegos, con lo que no me extenderé más.

También hemos hablado mucho de Deadly Premonition, y quizá sigamos haciéndolo. En este caso también hay un asesino, y también dudaremos cierto tiempo a la hora de meterlo en la clasificación ya mentada. Quizás, eso sí, sea más fantástico y menos acertado que en otros «retratos». En ese sentido de asesino sobrenatural y casi invencible tendremos otros ejemplos más antiguos, como Clock Tower o Splatterhouse.

Parece que sólo hablemos de la actual generación, pero nada más lejos del asunto. En el mismo Baldur’s Gate II (por poner un ejemplo) encontremos una misión en la que tendremos que hacer frente a los crímenes de un mago perturbado que necesita la piel de otras personas. No es la temática principal del juego, pero ahí está, como un recurso más en la ambientación.

Muchas veces esto es lo que ha pasado: los asesinos en serie no eran más que un ingrediente en el plato, pero poco a poco van convirtiéndose en el plato principal de una generación que necesita ideas con urgencia. Por ver queda si terminarán como elemento con el que dar variedad o como un género propio. Y por ver queda también si la encarnación que irán tomando será una acertada y relacionada con la realidad, o irán convirtiéndose en hombres del saco. De momento no tenemos a nadie tan icónico como Hannibal, pero sí a todo un Asesino del Origami.

Bibliografía:

– Garrido, V. (2007), La mente criminal

Garrido, V. (2004), El psicópata

– APA (2000) Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales (Texto Revisado)

– http://en.wikipedia.org/wiki/Ted_Bundy

  1. Gran artículo.

    Es curioso que la figura del asesino en serie se haya explotado tan poco en el mundo del videojuego. Máxime cuando desde mediados de los 90 tuvimos una invasión cinéfila a raíz de ‘Seven’ que llenó la cartelera de subproductos con todo tipo de asesinos seriales.

    Paradójicamente, la mayoría de los juegos nos convierten en algo muy parecido. No somos un asesino en serie pero si un asesino de masas sin demasiadas motivaciones (podríamos decir que más cercano al psicótico). Incluso, y esto se me acaba de ocurrir, en títulos como Assassin’s Creed o el vetusto Dreamweb encarnamos a tipos que se dedican a cometer asesinatos selectivos. En el título de Ubisoft hay una «justificación» más o menos lógica pero en el segundo la trama nos indica que hemos soñado que hemos de matar a siete personas para evitar el fin del mundo. Una justificación muy cercana a la psicopatía.

    Por último destaco ‘Shadow of the Colossus‘, donde la enajenación traspasa la pantalla y le pregunta al jugador si de verdad quiere seguir matando a esas increíbles bestias que ni siquiera le atacan.

  2. Es curioso que saques a colación el tema de Assassin’s Creed, porque cumple una premisa importante: matas a gente a cascoporro.

    Realmente es para echarle una pensada, pero Ezio (o Altair) no me cuadra como psicópata (ni psicótico). Puede ser que tenga una idea delirante de la realidad (que las cosas hay que arreglarlas a hostias), pero es genuinamente empático con algunos y se basa en una «moral superior». Obviamente, no hace falta ser un psicópata para matar (basta con poner las noticias para verlo). Aún así, imagino que los protagonistas de Assassin’s Creed acaban desensibilizados. Pero vamos, es un tema complejo.

    Lo de Shadow of the Colossus es que es para echarle de comer aparte 🙂

  3. Muy buen artículo. He disfrutado leyéndolo :3

    Añado otro juego en el que un asesino en serie tiene bastante peso: L.A. Noire. Aunque ya no me acuerdo si era psicópata o psicótico pero juraría que era lo segundo. Eso sí, psicópatas había unos cuantos.

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