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Kirby, lo ‘cute’ y sus posibilidades subversivas 1

Kirby, lo ‘cute’ y sus posibilidades subversivas

Achuchable resistencia

En los vistosos parajes de Dream Land habita una criatura de lo más peculiar. De color rosa, con una sonrisa y un rubor adorables siempre impresos en su carita y una apariencia de peluche al que no podrías resistirse a apretujar, Kirby se configura como un indiscutible icono de lo cuqui. Pero no solo resaltan en este personaje sus achuchables cualidades, sino también un heroísmo y valentía imparables que ha demostrado a lo largo de todos los títulos que protagoniza. Porque, dentro de esa bolita rosa, reside una disposición incondicional a luchar contra las injusticias y el mal, salvando su hogar e incluso la galaxia entera siempre que es necesario.

El radical compromiso político de Kirby es un componente imprescindible de su personalidad y conviene recordarlo. ¿Por qué? Porque entre tanta mirada enternecedora y tantas ocurrencias glotonas se nos puede olvidar que lo cute, lo mono, tiene un poder nada desdeñable y puede inspirar algo con más hondura política que un simple suspiro alelado. Y es que son varios los mecanismos sociales y culturales que han hecho de la estética cuqui una a la que mirar de soslayo, con cierto alarde de arrogancia, cimentando así una concepción de lo mono como esencialmente frívolo.

Patreon Nivel OcultoLo mono, sin embargo, se resiste a esta categorización y se recrea en su ubicuidad. Cada rincón de nuestra realidad parece estar cada vez más cuquificado: los emojis que decoran los miles de mensajes que enviamos diariamente, los Labubu que cuelgan de nuestros bolsos o las tendencias de maquillaje importadas de Corea del Sur (como el aegyo sal). En Aceleracionismo cuqui, Amy Ireland y Maya B. Kronic apuntan que la clave de esta expansión de lo cute está en su «positividad complaciente y empalagosa», la cual ha hecho que se adapte a los espacios disponibles que el sistema le ha permitido ocupar. Así, sacando provecho de su naturaleza subliminal (con cierto regusto subrepticio), lo cuqui reconfigura esos lugares donde se cuela y demuestra un potencial subversivo inesperado. Es ese lobo con piel de cordero (Cult of the Lamb). Esa vecina adorable de Animal Crossing que revela su mala hostia en una conversación casual. Es esa waifu kawaii que esconde grotescas intenciones (Doki Doki Literature Club).

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Pero también es, en el fondo, la expresión de un modo de protesta política. Y creo que no hay nadie mejor que Kirby para ilustrar y diseccionar el poder de lo cuqui (o probablemente sí, pero es imposible resistirse a esos ojitos), así que esta criaturita nos guiará por los sorprendentes y disruptivos caminos de lo cute.

La mayoría de juegos de Kirby arrancan con una escena plácida en la que el personaje bien disfruta de una tranquila jornada de pesca, de una siesta o está a punto de saborear una deliciosa tarta. Algo malo siempre interrumpe sus disfrutones quehaceres. De primeras, una criatura tan mona como Kirby puede pensarse desde la sospecha de pasividad o inacción, un personaje tan adorable que puede permitirse existir en el limbo despolitizado de la holgazanería. Ireland y Kronic de hecho señalan que el ser-cute entraña una determinada concepción de objeto. No obstante, como ya sabemos, las historias que protagoniza este héroe rosa demuestran lo contrario: en lugar de rehuir el conflicto y resignarse a que su mundo sufra las inclemencias impuestas por una vil fuerza, se embarca en las aventuras necesarias hasta encontrar la raíz del problema y resolverlo. Resuelve hambrunas (Kirby Dream Land, Kirby Superstar), derrota a una fuerza extraña que retuerce la voluntad de figuras poderosas para conquistar su planeta (Kirby Dream Land 3) o detiene una invasión alienígena que busca la expropiación de recursos (Kirby: Planet Robobot).

Kirby, lo ‘cute’ y sus posibilidades subversivas 4Kirby nos demuestra una y otra vez el poder radical de lo cute – radical cuteness -, una noción que ha adquirido relevancia en los últimos años y que investigadoras como Núria Gómez Gabriel resaltan como una sensibilidad contemporánea de considerable influencia. Tal y como expone la autora, la monería radical desafía expectativas de género, subvirtiendo categorías asociadas a lo cute (lo femenino, lo infantil, lo subordinado) que se encajan en la pasividad política y generando, de esta forma, gestos simbólicos de protesta.

Los ademanes inocentes de Kirby, junto a su esperanza incondicional podrían tacharse cínicamente como algo iluso. Sin embargo, pensarlo desde esta óptica radical nos lleva a descubrir en este carácter un acto de resistencia ante la hostilidad del sistema y ante un status quo que se nutre de la resignación. Una filosofía con ciertos ecos del hopepunk parece inspirar a Kirby: en su obstinada creencia de que merece la pena pelear por el mundo, en su ternura inquebrantable y en su disposición a luchar acompañado, junto a amigos y aliados.

El poder de lo cute también se comunica estética y corporalmente. Los cuerpos cuquis y radicales encarnan una fragilidad empoderada, una en la que, como muestra la anatomía de nuestro querido personaje, no hay ángulos agresivos (una bolita perfectamente redonda) ni una corporalidad compacta o dura, sino más bien blandita -y aquí lo blandito se presenta como una mejor alternativa para amortiguar las agresiones de un mundo cruel, frente a lo excesivamente rígido y quebradizo-. Una corporalidad a la que otros personajes, como el protagonista de Pikuniku, igualmente mono, igualmente beligerante políticamente, le sacan también partido.

Los códigos de la resistencia hipermasculina son, de este modo, reescritos, creando así nuevas distorsiones en los roles de género. Aparece así el inesperado crossover de 2020 entre Doom Eternal y Animal Crossing: New Horizons, una oportunidad para que tanto Canela como el Doom Slayer se infiltraran en los mundos (y géneros) del otro, mezclando sin tapujos los desenfrenos sangrientos y el sosiego isleño del juego de Nintendo. Porque que a Canela le entusiasme reventar demonios en el infierno debería suscitar la misma sorpresa que la que despierta encontrar entre el catálogo de skins de títulos como Counter-Strike o Call of Duty: Modern Warfare 3, aspectos de temática kawaii. En estos contextos, la monería aparece como una anomalía en el universo estilístico de la heteromasculinidad hegemónica que se despliega en los shooters: una estética que tiende a lo anodino, lo gris, y que parece un vestigio de la gran renuncia masculina (un elocuente epígrafe que describe un cambio radical, a finales del siglo XVIII, de la conciencia estética masculina, que abandona lo ornamental y vistoso en pos de un pragmatismo sobrio).

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Kirby es una afrenta a este fenómeno, pero también a la estabilidad del género en sí: de un color rosa chillón y con una identidad de género ambigua, exhibe la precariedad del binarismo. En Japón, originalmente, este personaje no fue descrito como masculino ni como femenino -de hecho, en esta enciclopedia lanzada en 2012 con motivo de su vigésimo aniversario, su género es “desconocido”-. En Occidente, por otra parte, se le suele considerar masculino (aunque parece más una conveniencia lingüística que una sentencia tajante, puesto que también ha habido ejemplos de menciones a Kirby con pronombres neutros, como en este vídeo oficial).

Hay todo un embrollo de teorías y opiniones en torno a la identidad de género de Kirby (masculino, no binarie, de género fluido, agénero…) y no parece haber una respuesta correcta que lo desenmarañe. En cambio, se vislumbra una certeza, y es la del poder de lo cuqui como agente desestabilizador, como una fuerza aceleracionista del género. El aceleracionismo de esta índole se propone aprovechar la inflexibilidad del propio sistema para buscar su caída: la estrategia radica en saturar la categoría del género hasta hacerlo inútil. «Kirby es Kirby», sentencian algunas personas en las innumerables discusiones sobre la identidad del personaje, insinuando ese horizonte en el que el género ha agotado su relevancia. El poder de lo mono parece indicarnos que allá donde haya una criatura como elle, allá donde haya un femboy en VRChat, habrá una amenaza para el binarismo y el sistema sexo-género.

Los caminos de lo cuqui son tan inescrutables como alentadores, revelándonos algunas coordenadas políticas que merecen la misma atención que la que prestamos a esos vídeos de gatitos adorables que nos recomienda el algoritmo. Desgranar el potencial subversivo de lo cute parece una tarea solo posible si impedimos que la condescendencia y los estereotipos nos nublen ante él. O quizás no. Quizás a lo cute le sea indiferente nuestra mirada justa: se seguirá colando en cada rincón y haciendo de las suyas, transformará lo que toque en una achuchable disrupción. La resistencia también cabe en una bolita rosa.

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  1. No se porque darle atributos humanos a algo que claramente no lo es. Me parece falto de imaginación. No creo que las esferas necesiten definir su género, ni me queda claro que lo tenga (y aun menos que importe).¿Lo tiene una vitroceramica? ¿Y un trapecio? ¿Una nube?
    Creo que no…

    Lo mismo, atribuirle intenciones políticas a un estilo visual comercial creo que tambien es un poco atrevido.
    ¿Tiene el cell-Shading intención política?
    Varios de los juegos mas famosos de este estilo visual son directamente anticapitalistas, hablan de revolución y desobediencia. Son antisistema(jet set radio, rollerdrome, Persona 5….)
    ¿Quiere decir eso que este estilo visual tenga una carga política implicita?
    ¿Zelda Windwaker es anticapitalista?
    ¿Genshin impact te empuja a la revolución? (¿O a los micropagos?)
    ¿Los Budokai tienen un discurso de rebeldia antisistema?

    Creo que aqui se confunde movimientos artisticos concretos con esteticas comerciales. Unos se crean con objetivos y principios (y normalmente con un manifiesto que sin duda terminaran violando) y los otros son solo la capa de pintura de un producto.

    Por cierto me siguen encantando tus articulos llenos de referencias a libros y artículos cada vez mas oscuros y enrevesados donde abres debates. Me recuerda tanto a Lovecraft…

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