Columna: Levedad

Yago de Hita

Levedad podría considerarse un juego corto que hace honor a su título durando entre cinco y diez minutos. Durante ese tiempo nos cuenta la historia de alguien aficionado a la fotografía que ve pasar los días jugando con la apertura del obturador. Sin embargo, es un juego que se extiende durante dieciocho fotografías a través de las cuales nos cuenta la historia de cómo tratar de capturar el paso del tiempo a pesar de que este siempre se nos escapa. Un relato que necesita construirse en sus propios términos para transmitir su mensaje: todo se acaba. Y, en ocasiones, la mejor forma de plasmarla ocurre olvidándonos del retrato perfecto. Capturar el momento a través de nuestro modo de sentirlo en lugar de seguir las reglas impuestas por la técnica. Jugar con la escena en vez de someternos a ella.

Levedad indie gameCon la fotografía como eje principal y una cámara como mediadora entre la jugadora y el paisaje, Levedad nos reta a tratar de capturar la transformación de nuestro alrededor desde el tejado de un recóndito bosque, sin decirnos a dónde apuntar. Sin puntuarnos de ninguna forma la calidad del encuadre ni el buen ángulo de la fotografía. El reto se olvida completamente del domino para tratar de responder a la inquietud. Podemos concluir cada día con una imagen tan clara o borrosa como queramos, a sabiendas de que la vida avanza ajena a nuestro carrete. Cambiando los filtros por el tiempo de apertura del obturador, la obra hace angustiosa la nostalgia por los momentos vividos. Toda imagen tomada desde su tejado se vuelve inexacta y difusa, reflejando algo que no está tanto en su escenario como dentro de todas nosotras.

Mientras, cigarros y botellas nos detallan el sufrimiento por las despedidas inevitables. La vida se convierte en tránsito, en los dos puntos entre los que se marca el trayecto de una carretera. En los viajes de los demás que sin quererlo nos alejan de la paz de nuestro bosque buscando el retiro por el que quizá nosotras llegamos a ese tejado en primer lugar. En el despertar al alba de quien no puede separarnos de nuestras soledades por más cerca que nos encontremos. La escena se llena y se vacía de detalles que nos impiden olvidar la temporalidad de nuestra estancia. No tenemos ningún control sobre los eventos que se suceden ante nosotras. Foto tras foto, se acerca la conclusión y en nuestras manos solo está la capacidad para representar los sinsabores del final. A la jugadora le avisa el carrete, al personaje le avisa su inminente partida.

Levedad indie gameSolemos tomarnos la rejugabilidad como un valor añadido fomentado por la estructura del desarrollo de un juego. Pero si volvemos un par de veces a la obra de Julián Cordero, no encontraremos cambio alguno. Salvo, tal vez, nuestro enfoque. Y es que quizás nos apetezca volver de vez en cuando y buscar alguna forma de superponer y difuminar la escena de nuevo, para plasmar la fugacidad de nuevas maneras, sin necesidad de desbloquear nuevas opciones. Sintonizar de nuevo con esa perspectiva de la afición que tantas horas ocupa en ese tejado. Mostrar algo tan personal que puede ser compartido por tantas personas por el hecho de serlo. En cierta medida, en el diseño del juego conviven al mismo tiempo la construcción de una narración concreta con el aprecio por el arte que lo es cuanto más nuestro lo sentimos. Cuanto más podemos jugar con ello. Porque lo único cierto es que el peso del tiempo nos abruma a todas por igual, por leve que parezca.

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Yago de Hita
Estudiante de videojuegos con miras a la investigación y el diseño. Mi figura retórica favorita es el hipervínculo.

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