Beast Agenda 2030: La Resistencia

Javier Alemán

Estamos a finales de 2019 y parece que seguimos sin superar la existencia de H. P. Lovecraft. No es una queja, sino más bien una afirmación: desde que el videojuego empezó a arrastrarse fuera de ambientes académicos para entrar en las casas la sombra del escritor de Providence ha sido larga y fecunda. Aún así hay varias formas de acercarse a él, desde las más directas hasta las meramente temáticas, préstamos culturales de cosas que ya están fuera de la obra del propio autor. Hoy voy a hablarles de algo así, de un videojuego que mete todos esos tentáculos y bichos de las profundidades en la batidora pero lo hace para otra cosa: Beast Agenda 2030.

La intención de Ouch Giver Games (tremendo nombre para un estudio de videojuegos) es soltar al jugador en un entorno en el que tenga una gran libertad de actuación, la última ciudad humana que resiste el avance imparable de sus nuevos amos. Porque dos años antes de la acción, en 2028, aparecieron desde bajo el mar unos seres tentaculares y se presentaron como creadores y salvadores de la humanidad, imponiendo una suerte de orden y paz perpetuos y permitiendo a quienes no creyeran en ellos exiliarse a una isla remota. Dominado todo, somos los de la isla remota los que tenemos que defendernos.

En teoría, Beast Agenda 2030 es un action-RPG, pero en la práctica deja acercarse a los problemas de varias formas, siempre sin combate directo pero con muchos cacharrillos tecnológicos. En su presskit pone el ejemplo de que para abrir una puerta cerrada podemos hackearla si tenemos la habilidad correspondiente, estampar un coche contra la puerta, controlar mentalmente a un enemigo o colarnos usando nuestro gancho para agarrarnos a una de las navecitas de los bichos malos. Todo con sus menús, sus perks y la posibilidad de jugar con muerte permanente para darle un poco más de jodienda al asunto.

Si la combinación les intriga, lo tienen disponible desde hace escasos días para PC.

About
Javier Alemán
Co-administrador de Nivel Oculto. Escribo libros y vivo una hora por detrás del mundo civilizado. Una vez Juanma me emborrachó en un restaurante alemán.

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