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Crítica

De cuando en cuando me da por buscar en Internet esas listas elaboradas por alguna revista, foro o bloguero, en la que aparecen los juegos mejor valorados de las videoconsolas de anteriores generaciones. Creo que a estas alturas no me queda nada por descubrir, pero me gusta analizar cuáles son los gustos de otras personas, sobre todo por lo que se refiere al catálogo de SEGA Mega Drive, que es la máquina de la que mejor recuerdo tengo y, parece mentira, de cuyo nacimiento han pasado ya más de veinticinco años. Entre el repertorio que unos y otros repiten asiduamente, encontramos al inevitable Sonic the Hedgehog, y también se leen por norma los nombres de Aladdin, Streets of Rage 2, Golden Axe, Gunstar Heroes o Shining Force II. Sin embargo, en pocas ocasiones he podido encontrar en estas listas un juego de Codemasters que, a pesar de todo, todos recuerdan como uno de los más divertidos de aquella generación, amén de infalible elección en una reunión de amigos frente a la pantalla. Me refiero a Micro Machines, que tuvo varias versiones tanto en esta videoconsola como en otras contemporáneas y también posteriores.

Con esta introducción pretendo reivindicar aquellos juegos que con el tiempo acaban olvidados por no haber marcado especialmente nuestra memoria emocional, pero que al rememorarlos nos traen gratos recuerdos de diversión y de muchas risas en compañía de algún amigo o familiar. Sin embargo, viene al caso esta reflexión porque SpeedRunners, el juego de DoubleDutch Games al que voy a dedicar este artículo, guarda un gran parecido con aquel extraordinario Micro Machines al que me refería, y del mismo modo le auguro un futuro similar.

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SpeedRunners es un videojuego de carreras en el que pueden competir hasta cuatro personas al mando de unos extravagantes superhéroes, y la versión final acaba de salir a la venta después de un par de años como Early Access de Steam. Cada circuito consta de un recorrido cerrado en el que no existe un límite de vueltas. Así pues, un corredor es eliminado cuando al quedarse rezagado del resto es incapaz de seguir dentro de los márgenes de la pantalla, y así sucesivamente hasta que solamente quede uno, que será quien obtenga una victoria parcial. El que consiga sumar tres triunfos será el vencedor absoluto de la carrera. Como vemos, las reglas son muy parecidas a las de Micro Machines, aunque cambia la perspectiva cenital por una vista de perfil. Y lo mejor es que, además de correr, podemos usar algunos trucos ruines para frenar o sacar a nuestros rivales de la pantalla, como sucedía en el juego de Codemasters, convirtiendo la carrera en una sucesión de perrerías que, por cierto, también me recuerda a aquella serie animada de Hanna-Barbera que aquí conocíamos con el nombre de Los autos locos (Wacky Races en su versión original).

Así pues, las carreras de SpeedRunners son una prueba en la que se combina la pericia con los mandos, el conocimiento de los circuitos y el uso acertado de nuestras estratagemas y trampas, que debemos usar en el momento preciso. Y es que en todos los recorridos encontraremos rampas de subida y bajada, plataformas y estorbos diversos. Así, tendremos que saltar o esquivar precipicios, pinchos, cajas y otros inconvenientes, zafándonos además de las tretas de los adversarios que ralentizan nuestro avance. Uno de los aspectos divertidos del juego, como también lo era en Micro Machines, es que la ventaja de ir en cabeza es un arma de doble filo, pues nos acerca a la victoria pero se reduce el tiempo de reacción ante los obstáculos; al igual sucede cuando vamos los últimos, por el peligro de ser sacados de la pantalla, por un lado, y el beneficio de verlas venir con el tiempo suficiente como contrapartida.

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En SpeedRunners está muy bien conseguido el empleo de la velocidad y el comportamiento de los corredores, lo que nos permite, por ejemplo, aprovechar la inercia de las caídas y pendientes para acelerar. También nos podemos enganchar en algunos techos del escenario, consiguiendo balancearnos para salvar los obstáculos o tomar un impulso con mayor rapidez en la dirección escogida. Otro movimiento básico del juego es el de agacharse, y es útil tanto para colarnos por debajo de algunas paredes como para eludir alguna que otra trampa que nos lancen. Estas armas con las que los corredores se fastidian entre sí aparecen en ciertos puntos designados de los circuitos, aunque cuál de ellas obtendremos viene determinado de forma aleatoria. Podemos recibir, por ejemplo, un garfio con el que sujetar a un adversario, o una gran bola rodante que arrolla todo a su paso. También hay cajas que soltar a los perseguidores para que tropiecen, o un rayo congelador que deja paralizados a los corredores que nos preceden durante unos valiosos segundos, entre otras vilezas por el estilo. Cualquier truco es bueno si sabemos cuándo usarlo y si nos sirve para ganar, porque bien es verdad que nos puede salir el tiro por la culata en más de una ocasión. Además de las ayudas mencionadas, también podemos acumular energía según vamos recogiendo una serie de objetos icónicos representados por el símbolo de la suma; este poder se puede usar en el momento que queramos y nos permite dar un acelerón para correr a gran velocidad. De nuevo, la mejor táctica consiste en saber usarlo en los momentos más oportunos y sin tropezar.

Como es de esperar, SpeedRunners está diseñado especialmente para jugarse en compañía, tanto en una reunión de amigos como contra adversarios escogidos de forma aleatoria en Steam. En cualquier caso no es necesario hacerlo así, ya que se incluye un modo de campaña y otro personalizado para jugar en solitario, donde los rivales son manejados por la máquina. Otro detalle interesante de SpeedRunners es que además de los escenarios originales, también podemos construir nuestros propios circuitos, o disfrutar y valorar los que han hecho otras personas. El cuidado que se ha puesto en mejorar el juego a lo largo de estos dos años se ha centrado, sobre todo, en la jugabilidad propiamente dicha, pero no por ello se han descuidado otros detalles para hacerlo más atractivo. Desde el estilo gráfico, con un acabado cercano al cómic, la música, que pasó con el tiempo a incluir instrumentos reales, como el hecho de que iremos desbloqueando personajes y atuendos a medida que acumulemos experiencia, son excelentes añadidos que redondean la intención de DoubleDutch Games de conseguir un juego alegre y, sobre todo, divertido.

Como decía al principio, por tanto, encuentro un parecido razonable entre SpeedRunners y Micro Machines por el estilo y el buen acabado de ambos juegos, pero también porque seguramente acabará perdiéndose más pronto que tarde entre otros muchos nombres que forman ese extensísimo catálogo de Steam, en el que al fin y al cabo se diluyen con cierta rapidez los juegos cuyo contenido es poco novedoso. Pero si bien es verdad que este juego no inventa nada, puede formar parte de la lista de títulos que acaban quedándose instalados durante una buena temporada, por el simple hecho de tener a mano un valor seguro cuando solamente buscas divertirte sin complicaciones y en compañía, por el camino sencillo y a la antigua usanza. Llama a unos amigos e invítalos a casa, aprovecha cualquier reunión para echar unas partidas o compite contra unos desconocidos a través de la red en tus ratos muertos. Cualquier opción es buena. Es por este motivo que cierro mi crítica incluyendo el sello de recomendación de esta casa.

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cyber2
cyber2
Un tuerto hace de guía en el séptimo arte. Un esférico rodando, allá yo tomo parte. Con el rock por bandera y Oscar Wilde en mi credo, ¡cuántas mis aficiones que ni contarlas puedo!
Comments
  • Estupidani
    Estupidani
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    Este juego y Duck Game son, ahora mismo, mis dos juegos favoritos para jugar en compañía. Aunque siento cierta debilidad por el segundo por muchas razones, Speedrunners también se ha conseguido hacer un hueco entre mi grupo de amigos. La cantidad de contenido es potencialmente infinita y las carreras te mantienen en tensión continua. Creo que cabe destacar algo que me sorprendió mucho del diseño, y es que el ‘skill-floor’ o nivel de habilidad requerido para disfrutar el juego es muy bajo, pues cualquiera puede meterse y pillar los controles y las mecánicas el segundos (algo en lo que admito que falla Duck Game), pero al mismo tiempo el ‘skill-ceiling’ o nivel de habilidad máximo alcanzable es muy alto. Tras muchas horas se puede ver un progreso palpable, y los mapas que un principiante tarda minutos en recorrer a un jugador experimentado puede llevarle un cuarto de ese tiempo.

    Resumiendo, por si cabía duda: este juego es bien y merece estar en tu biblioteca. Aunque la review ya lo deja bien claro 😉

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