En Análisis, PC

Mientras el videojuego iba creciendo como elemento de diversión cotidiano nos íbamos dejando varias cosas por el camino. La primera de ellas, y quizá la más significativa, ha sido la dificultad. Su desaparición ha sido tan paulatina que, casi sin darnos cuenta, un día nos despertamos pensando que nos habíamos acabado en modo piloto automático los últimos diez juegos comprados. La presunción de inocencia pasa por pensar que quizá con el tiempo nos hemos convertidos en super-hombres indestructibles a los que ya no hay reto que les pueda hacer sombra. Luego llega un Dark Soul y te devuelve a la realidad.

Tampoco nos rasguemos ahora las vestiduras con esto de la dificultad -a veces no sé cómo me aguantan con estos bandazos-, al fin y al cabo la dificultad de los 80 y los 90 se encontraba ahí para alargar el juego de manera artificial, o al menos así sucedía en multitud de ocasiones. Intentemos pues buscar la dificultad “limpia”, esa dificultad que no surge de un enemigo colocado tras una esquina que la primera vez va a acabar contigo si o si, o de esa trampa en el suelo que sale para humillarte y hacerte empezar el nivel otra vez. No, hablemos de la dificultad desde la mecánica, hablemos de poner las cartas sobre la mesa desde el primer minuto. Un honesto “esto es así de jodido” bien plantado en los cinco primeros minutos de juego. Hablemos pues de Retrobooster.

Si miramos en el twitter de Terry Welsh, lo primero que observa es que tiene cara de buen tipo. Su foto de portada es una inofensiva toma en la que sonríe junto a lo que parece ser un batido gigante y el mar de fondo. Un hombre que fácilmente le ayudaría a subir las bolsas de la compra o le prestaría cualquier mierda para echarle al gintonic y hacerse el guay. No se equivoque, Terry Welsh es un tipo perverso, malvado diría yo, una mente llena de odio empeñada en volcar toda esa ira en un único videojuego. Retrobooster parece ideado para joderte la vida, pero cuidado, de manera honesta y a la cara, sin medias verdades, sin truquitos, ya me entienden.

¿Recuerdan un pequeño título de NES llamado Solar Jetman? Si ustedes aún conservan todo su cabello es muy probable que no, pero si por algún casual llegaron a probarlo, estoy seguro de que no lo habrán olvidado. Retrobooster es, básicamente, una puesta al día del concepto de Solar Jetman llevado al límite. Mantiene una dificultad que empieza desde el primer minuto, ya que se basa en su sistema de control, el cual imagino que será un orgasmo para cualquier físico pero que al resto de los mortales nos puede llevar a destrozar un teclado/mando con cierta facilidad. No es que el sistema de control esté mal realizado, al contrario, su implementación es prácticamente perfecta. Un sencillo sistema de propulsión delantera y trasera más un giro, dos botones de disparo y un escudo. El problema es la inercia, la maldita inercia, una inercia demencial que obliga al jugador a sentarse muy fuerte delante de la pantalla y adquirir niveles de concentración cuasi-nirvanales para enfrentarse a los retos que propone el antesparecíabuenapersona de Welsh.

Navecillas reptadoras, meteoritos, naves esféricas, cañones de atracción gravitatoria, engranajes, portales, campos de fuerza y los pedazitos de todos ellos serán nuestros enemigos. O mejor dicho, serán los que dificulten aún más nuestro verdadero reto, que es control de la propia nave. Todo está implementado con gusto, en su justa medida, y al menos en los niveles de dificultad normal -que evidentemente es donde yo me he movido-, no hay ningún momento que se pueda considerar imposible debido a una desorbitada cantidad de enemigos. De hecho tengo la sensación de que con un mayor esfuerzo en la realización de puzles -que también los hay- la inclusión de enemigos sería innecesaria. También hay humanos, humanos imbéciles cabe resaltar, humanos que hay que rescatar con mucho cuidado porque son incapaces de apartarse de una nave descendiendo con los motores activados. Humanos que dan recompensas en forma de items o energía pero que en la mayoría de ocasiones mataba por puro placer cual titán darwinista.

El resto de Retrobooster es un acabado resultón, con un uso de la física en explosiones que para sí quisieran la mayoría de AAA, una BSO con ecos de techno noventero algo descompensada y una diversión que una vez superado el reto inicial del control de la nave, se vuelve instantánea, sin olvidar un modo cooperativo a pantalla partida que tiene pinta de ser maravilla pura, pero que aún no he podido probar. Retrobooster es, en definitiva, un buen juego que no se sirve de píxeles como puños para reivindicar su propuesta old-school, sino que tira de mecánica de la época para recordarnos que el tiempo pasa, el pelo se cae y quizá nos hemos vuelto demasiado condescendientes con los retos actuales. No es poco.

Juanma
Co-Fundador de Nivel Oculto. Puedo aguantar la respiración durante 10 minutos, buen manejo de la espada y experto en duelo de insultos. Ambitorpe.
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