Fragments of Him

Crítica

Uno de los motivos por los que un videojuego suele convertirse en algo memorable es la elegancia con la que trata ciertos temas que el resto de su clase no ha hecho más que embarrar. La muerte, el fin de las cosas, el conflicto familiar, la amistad… Parece mentira, pero con todo el camino que llevamos recorrido todavía hay temas nucleares al ser humano que se le atascan a un medio demasiado obsesionado por colar mecánicas innecesarias para que parezca que estamos jugando a algo. Y como no podía ser de otra forma, de entre toda esta selección de temas que dan vergüenza ajena cuando aparecen en un videojuego, está el amor como sospechoso (y criminal) habitual.

A menudo reducido a una mera mecánica de acumulación de puntos y de decir lo que el otro espera oír (un día habrá que reflexionar sobre si éste mensaje no influye a buena parte de los jugadores), el amor cuenta con muy pocas honrosas excepciones (¡pero qué excepciones!) en el medio, y un listado larguísimo y ridículo de fallos. No escapa nadie. Los mismos Obsidian, tan queridos como son en esta web, perpetraron una serie de tramas “románticas” en Alpha Protocol que son de lo peor que han hecho, y desde entonces han optado por dejar el tema fuera de todos sus videojuegos. Y si uno trata de hacer memoria y se pone a contar, rápidamente se queda sin dedos en la mano cuando toca hablar del fin del amor: o un melodrama estúpido o la habitual muerte de la mujer del protagonista para darle una excusa por la que vengarse de los malos.

Con todo esto en mente, vengo a hablarles de Fragments of Him, que no sólo quiere darnos su visión sobre el nacimiento del amor sino también sobre su final.

La obra de SassyBot Studio parte de una situación dramática pero a la vez terriblemente costumbrista: un accidente de coche. Una tragedia más habitual de lo que querríamos pensar, que crea un hueco enorme en la vida de cada una de las personas cercanas al difunto. Precisamente es su primer acierto, abandonar el melodrama y que la muerta sea estúpida y carezca de sentido. No salva a nadie, no es una gesta heroica y no hay grandes frases, sólo un bólido arrollando a otro y sacando al conductor del mundo de los vivos.

El tono va a mantenerse casi siempre así, moviéndose por la lógica tristeza que debe generarnos, pero sin albergar grandes excesos ni tirar por el camino de la pornografía emocional. Sólo se permite el lujo de hacernos seguir a Will, el protagonista, durante su último día en la Tierra y que veamos cómo toma una decisión importante que nunca podrá llevar a cabo… pero es que esas cosas pasan también. El día menos pensado uno puede cruzar por la puerta de casa y no volver nunca más y los cabos sueltos no otorgan ningún tipo de inmunidad.

Así que ha llegado la muerte, y con ella el enorme vacío que quiere tragarse todo lo que hay a su alrededor. Fragments of Him la usa de manera inteligente, dándonos un recorrido para entender bien el espacio que ocupaba nuestro protagonista en la vida de los demás. Primero nos hace manejarlo a él en su último día, recorrer en primera persona su casa y su camino al trabajo, observar cada pequeño objeto que cuenta la historia de amor entre él y su novio, Harry. Y luego nos lo arrebata, dando paso a las tres personas más importantes de su vida: su abuela, su mejor amiga y su pareja, a quien llegaremos por último.

El camino que nos da es, de nuevo, una muestra elegante de escenas de vida. De fragmentos a los que vamos asistiendo, cosas tan sencillas como una cena de Nochebuena, una noche en un pub o un paseo por el parque. En ellas explora algunos otros aspectos de las relaciones humanas: la pérdida de contacto con la familia, el descubrimiento de la sexualidad, la brecha generacional… Una pequeña cápsula de inquietudes, de dolores pequeños y familiares.

Y entonces, el final. Cuando lleguemos a la historia de Harry, ya le habremos cogido el cariño necesario a Will como para que nos conmueva todo lo que veamos. Asistiremos a cómo su mundo se desmorona, a la desaparición de todo lo que es importante en su vida. De nuevo, algo que nos enseña con suma elegancia, sin grandes alardes.

Fragments of Him logra enseñarnos un proceso tan humano y natural como es el duelo con el equilibrio justo entre la emocionalidad y la veracidad de su historia. Nos explica más con pequeñas insinuaciones que con palabras lo que pasa cuando se nos va alguien a quien queremos. Cómo nosotros mismos empezamos a perdernos y nuestra propia identidad se degrada, cómo necesitamos nuevas fuentes de conocimiento sobre nuestra vida y cómo, finalmente, uno puede acabar haciendo las paces con la pérdida y aceptar que el dolor no nos abandonará del todo nunca, y que eso es bueno.

Otro acierto es, precisamente, que nos muestre una relación de amor no normativa. Parece mentira que en 2017 haya que hablar de esto, pero aparte de la mecánica de recolección de puntos de “buen tío” para canjear por un polvo que exhiben muchos juegos, aún hay que buscar para encontrar otros tipos de representación. De nuevo, la tranquilidad y sobriedad con la que lo presenta debería servir para que entre incluso en las cabezas más cerradas… si se acercaran a él.

Me ha gustado casi todo en Fragments of Him. Su estilo minimalista, su mecánica sencilla de interacción con objetos para evocar esos fragmentos de vida de los que habla, una historia conmovedora sin ser lacrimógena… Pero, sobre todo, su honestidad. Un videojuego que habla de una de las mayores pérdidas que podemos experimentar como lo haría cualquiera de nosotros. Un logro, a mi juicio, descomunal.

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Mostrando 2 comentarios
  • Maricella
    Responder

    Recuerdo haber jugado la primera versión, pero ahora con este análisis necesito esta segunda vuelta, no sé si el corazón lo aguante otra vez, pero siento que es necesario <3

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  • […] de Christof. Entiéndanme, hay millones de historias mejores en los videojuegos (Alone With You y Fragments of Him vienen a mi mente), pero es refrescante que la propuesta aquí sea que el amor depende de quien […]

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