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Beholder

Crítica

Beholder

La Vida de los Otros es una película alemana que consiguió el Óscar a mejor película de habla no inglesa en 2007. En esta película se retrata la vida de un implacable capitán de la Stasi, la policía política de la República Democrática Alemana, que en 1984 ve tambalear su firme fe en el sistema comunista al ser encargado espiar a una pareja de artistas.

Esta película exprime el lenguaje cinematográfico al transformar a la audiencia en un público activo. La audiencia cinematográfica, que siempre ha estado dotada de una cierta naturaleza voyeur al observar la vida de unas personas desde una cierta distancia, ahora son partícipes del mismo viaje que recorre el capitán de la Stasi cuando comienza a tambalearse todo su mundo.

El lenguaje de un medio es fundamental a la hora de contar una historia. ¿Papers, Please habría funcionado como una película independiente? Yo creo que no. La naturaleza de la narrativa interactiva es aprovechada al máximo por Lucas Pope para transmitir la historia de un agente de aduanas en una nación totalitaria.

Como La Vida de los Otros, Papers, Please es capaz de usar su narrativa para contar una historia emocional manteniendo el ritmo tenso del thriller mediante un uso soberbio del tono. En la Vida de los Otros utilizan la subtrama del adulterio para dotar de humanidad a todos los personajes implicados, mientras que en Papers, Please se mezclan historias anodinas, dramáticas con momentos absurdamente cómicos que ayudan a aliviar la pesada carga que sentimos sobre nuestros hombros.

Sin embargo, Beholder es una parodia de estos ejemplos. No una intencionada, pero sinceramente no puedo encontrar una forma más certera de describir lo que esta breve obra independiente de los rusos Warm Lamp Games ha desarrollado.

“Tu misión consiste en espiar a todos los vecinos y mantener al régimen informado

En Beholder eres el casero de un edificio gubernamental en una ficticia nación totalitaria, y al igual que en La Vida de los Otros, tu misión consiste en espiar a todos los vecinos y mantener al régimen informado. Sin embargo, a pesar de estar plagado de referencias a la película (de hecho, nuestro superior se llama exactamente igual que el superior del capitán de la Stasi) y de Papers, Please llegando a incluir al personaje del juego como inquilino, y de contar con un sistema de juego galardonado extraído del demoledor This War of Mine, Beholder no podría resultar más insustancial.

El juego, aunque es sólido en su diseño, no podría ser más repetitivo. Llega un inquilino, espera a que se marche de casa, entra, registra todo lo que veas y hazle un perfil. Luego elige si quieres chantajearle, denunciarle o hablar con él para ver si hay alguna misión secundaria. Puede que no parezca muy diferente a This War of Mine o a Papers, Please, sin embargo, en esos dos títulos, la rutina se usaba para potenciar el impacto de las historias humanas que nos presentaba cada personaje.

En Beholder las historias son previsibles y están escritas con poca gracia. Parecen seguir un patrón claro en el que quieren que el jugador se pare y tenga que tomar una decisión difícil. No obstante, los personajes rara vez consiguen implicar al jugador, y si lo hacen la dificultad siempre radica en conseguir una cantidad absurdamente desorbitada de dinero para resolver el problema.

“Algunas normas tienen un potencial totalmente desaprovechado, como prohibido llorar, leer o escuchar música

Y es que la curva de dificultad en Beholder tiene más que ver con el dinero y el equilibrio que damos entre proteger a nuestra familia y ayudar a los inquilinos. Sin embargo, todos los problemas se solucionan a base de billetes, dando lugar a un desarrollo poco imaginativo en el que rara vez podemos intercambiar favores, extorsionar a los vecinos o hacer tráfico de influencias dentro del sistema político para el que trabajamos.

Así mismo, al haber extrapolado las mecánicas de otros títulos, Beholder sufre de sus mismos errores. Por ejemplo, al igual que en Papers, Please, en Beholder se nos da una familia que nos pide dinero para solucionar problemas. Unas cantidades mayores de las que verán en la totalidad del juego. Sin embargo, como estos personajes simplemente deambulan por el mundo sin tener un desarrollo mayor que el que tendría una lavadora, por ejemplo. Así que no les costará cortarles el grifo y olvidarse totalmente de sus siluetas, totalmente indistinguibles de las de los demás habitantes del inmueble.

En el último tramo el juego trata de emular a This War of Mine, tratando de sorprender al jugador con momentos y puzles que nos sacan de la rutina, pero que salen de ninguna parte. También aparece la que a mí parecer es la única historia bien escrita e interesante de todo el juego. Sin embargo, como todo ocurre al mismo tiempo, con hasta cinco tramas activas al mismo tiempo, la mayoría de las veces totalmente independientes unas de otras, y algunas con un límite de tiempo, da una sensación de absoluto caos que casa muy poco con un universo totalitario donde desde el primer minuto nos dicen que la “gente aún cree que tiene derecho a la intimidad”. Y a pesar de proclamar esta máxima interesante en el primer minuto del juego, el juego rara vez hace gala de intimidad. Los personajes que se supone que son pareja pueden ser vistos haciendo vidas al margen de sus compañeros sentimentales. Los habitantes de este mundo son siluetas de cartón deambulando sin orden ni concierto por el mundo, dejando sus hogares porque tenemos que entrar a cotillear entre sus cosas para poder denunciar sus infracciones.

Lamentablemente, cuando las infracciones son cosas tan absurdas como poseer pescado o tener un patito de goma, conviviendo con algunas normas que tenían un potencial totalmente desaprovechado como prohibido llorar, leer o escuchar música, el juego no puede ser tomado en serio.

La cantidad de elementos sustraídos de otros juegos, me hacen pensar que en Warm Lamp Games no saben qué es un homenaje y qué un plagio. Que un personaje de tu historia presente similitudes físicas o incluso el mismo nombre que el que tiene en la obra referenciada puede ser un homenaje, pero que ese personaje con exacta silueta y nombre ostente el mismo rol y personalidad que en otro título, eso es plagiar un personaje. Así como, incluir el matrimonio de Papers, Please al final del juego podría ser un guiño interesante si no fuese porque son literalmente los mismos personajes con idéntico trasfondo y que juegan un rol vital en la conclusión de la historia.

Beholder es un juego bien ejecutado. Sinceramente, si esto fuese un análisis tendría una valoración mucho más positiva. Pero este juego quiere ser tomado como un producto cultural. Quiere ser criticado, no analizado. Y como obra de arte no puedo dejarlo pasar. Este título carece de ganas de decir algo y se limita a juntar las ideas de otros en una obra anodina, sin gracia y que en muchos momentos parece estar parodiándose a sí misma.

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