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Primeras Impresiones: Democracy 4

Make Socialism Great Again

Fecha de lanzamiento
6 octubre, 2020
ESTUDIO
Positech Games
EDITOR
Positech Games
PLATAFORMAS
PC (Early Access)

Mientras escribo esto me acuerdo de los enajenados que piden que no metamos política en los videojuegos y me pregunto qué pensarán de la saga Democracy. La primera entrega apareció en el ahora utópico 2005, y hasta llegar a aquí hemos pasado por tres más y un inmenso DLC dedicado a África, tratando de acercarse a sus particularidades. Hablamos de quince años de trabajo en un videojuego que el estudio se empeña en decir que es sobre política pero no político. Con todo el cariño del mundo, creo que es imposible hacer eso. Puedes declarar en tu web que pretendes ser imparcial y no introducir ningún tipo de sesgo para que las hordas de gamers no se enfaden, pero a medida que eliges qué cosas meter y qué funcionamiento ha de tener tu videojuego, va a ser político. Pero no pasa nada, hemos venido a jugar.

Nada más empezar uno entiende que Democracy 4 está aún en fase de desarrollo. Funciona bastante bien y sin errores gordos ni bugs, pero ya nos enuncia que hay contenido que estará disponible más adelante (entre otras cosas, Españita como país jugable). Entre las naciones que podemos escoger sí están los EUA, Canadá, Francia, Reino Unido y Alemania. Democracias liberales que más o menos divergen en el formato de su economía pero cuyas políticas podrían parecerse bastante, quitando el asalvajado libre mercado yanqui o el mayor proteccionismo chauvinista francés. Esta selección ya es política. Pero, como he dicho, hemos venido a jugar.

¿Están familiarizados con la anterior entrega? Más o menos todo sigue igual, pero con más cantidad de opciones y adaptado a los tiempos que corren. Se han introducido una enorme gama de decisiones que se acercan a encrucijadas actuales, mayor énfasis en la conservación del medio ambiente, criptomonedas y autoritarismos diversos, sistemas parlamentarios con más partidos y la posibilidad de gobiernos de coalición… En general el trabajo que se está haciendo para mantener un surtido de opciones engarzadas en 2020 es encomiable. Y yo no lo he padecido aún, pero parece que también uno de los eventos negativos que puede tocarnos es el de la pandemia y que podremos arrogarnos de poderes especiales para combatirla.

En Democracy 4 el Producto Interior Bruto (PIB en castellano, GDP en inglés) es el rey, el pilar sobre el que todo se asienta. Otra decisión tremendamente política al utilizar un indicador que ya se cuestiona desde distintos ámbitos. Pero no importa, es sólo un juego. Y este juego nos pone a las riendas de una democracia liberal, de cuyos esquemas no podemos salirnos. A mayor PIB más recaudaremos de los impuestos (salvo que los bajemos o los subamos tanto que nos empiecen a salir borbon defraudadores fiscales por todos lados) y más cositas podremos hacer, y al revés. Y la mayoría de decisiones que tomemos, desde que el Día del Trabajador sea festivo hasta dar becas a emprendedores van a tener influencia en él. Las medidas que adoptemos, a su vez, no sólo afectan a la economía del país, sino de sus habitantes y grupos de población, que son también grupos de electores. Por ejemplo, prohibir la energía nuclear probablemente nos baje el PIB, pero contentará a los ecologistas. O nacionalizar el agua mejorará la vida de los pobres pero molestará mucho a los capitalistas.

Es cierto que desde Positech Games no se quieren posicionar y hacer juicios, si hacemos un poco la vista gorda con la elección de indicadores. Hay todo tipo de medidas, más o menos impopulares, y nadie nos impide tomarlas. Uno puede convertir su país en la arcadia neoliberal a la que vienen los evasores fiscales a meter algo de dinerito y que aún así sea un país “próspero”, al menos en términos de PIB. O puede montarse una socialdemocracia nórdica proteccionista  y arrasar en las elecciones porque todo el mundo vive (bien) del Estado. Pero siempre sin salirse de la democracia liberal y con unos límites bastante marcados en los que en la izquierda estaría quizá una socialdemocracia bastante valiente y en al derecha un autoritarismo bananero esclavo de los mercados.

Bueno, sí habrá quien nos impida tomar las medidas que deseemos. Por un lado la plétora de grupos de presión y hasta terroristas si empezamos con las medidas más radicales e impopulares a lo loco. Y los electores si no les convencemos. Pero esto también podemos cambiarlo. Lo dijo José Luis Arrese, ministro de Vivienda franquista, “queremos un país de propietarios y no de proletarios“, antes de comenzar con uno de los proyectos de ingeniería social más salvajes de la Historia. En Democracy 4 hay decisiones que tomamos que harán que los grupos de electores varíen. Quizá logremos que haya más padres y menos pobres. O menos capitalistas y más gente que se identifica como socialista. La clave si queremos ganar y hacerlo bien está en ir poco a poco modelando nuestra nación en la dirección que queramos conducirla.

Yo, tras varias partidas, no tardé en aprender que si quería liderar a Alemania y convertirla en un país “socialista”, al menos hasta los límites que marca el juego, tenía que ir poco a poco. La clave, sobre todo, estaba en el balance económico. No puede endeudarse uno demasiado (y esta es otra declaración política y un charco en el que no me voy a meter en esta web) porque acaba pagando demasiados intereses y contando con menos euros para llevar a cabo un programa de gasto e inversión. Así que subí muy poco a poco impuestos no demasiado impopulares: a las grandes riquezas, a las empresas que operan en el país pero tributan fuera… Fui tan tímido en el camino hacia la primera elección que en la brújula ideológica se me estaba ubicando en el liberalismo. En cuanto tuve un poco de dinero y supéravit contable empecé con una agenda radical de cambios en el país, nacionalicé el agua, creé una empresa estatal de aviación y empecé a meter dinero en ciencia y cultura. El paro bajaba y la pobreza también, y los capitalistas del país se empezaban a enfadar. La siguiente ley obligaba a que en los comités de dirección de empresa hubiera trabajadores, aposté por la energía nuclear mientras reforestaba el país… Un mix importante de estrategias económicas dirigidas por el Estado y de ciertas restricciones para las clases más pudientes.

Después vendría la vivienda pública, los impuestos a las casas vacías, ayudas para la reconversión rural… No toqué el Ejército (de hecho, metí más dinero en ciberguerra) y gané el Mundial de fútbol. Y cuando finalmente di el golpe de gracia con una subida impositiva y nuevas tasas hubo quien se planteó escamotear y defraudar a Hacienda… hasta que saqué una ley para hacer públicos los datos de los defraudadores. Lo cierto es que la estratificación poblacional se redujo una barbaridad: apenas quedaban pobres en el país, prácticamente todo el mundo era de “clase media” salvo dos o tres ricos sueltos que colaboraban solidariamente para mantener el sinnúmero de ayudas y beneficios que recibía la ciudadanía. En el fondo esta receta no es nueva y ni siquiera es socialista salvo en algunas libertades sindicales que cedí, esto es puro capitalismo de Estado. Pero la gente era feliz, el PIB estaba por las nubes, el país se convirtió en una potencia científica e industrial e incuso algunos de los problemas iniciales (como el alcoholismo y la obesidad) fueron atajados.

En conclusión, Democracy 4 es un juego tremendamente político. Lo es desde el comienzo por los marcos que asume como ciertos (y les entiendo, el neoliberalismo nos ha cercenado la imaginación y vivimos en el there is no alternative thatcherista) y lo es cuando decide qué efecto tiene cada política en distintas áreas de la nación. Y me parece bien que lo sea. Es divertido jugar con las reglas con las que juegan los países de nuestro entorno y comprobar dónde están los límites, ver lo que significa tener un PIB elevadísimo mientras tu nación está llena de borrachos y desgraciados o jugar a retorcerlo todo hasta ver qué pasa. Me gusta también la enorme actualización en temas, con mucho hincapié en nuevas formas de autoritarismo, agenda verde y LGTB+ o conflictos raciales. Tengo ganas de ver qué más van añadiendo cuando y en qué se convierte cuando el juego esté completo. Supongo que será un simulador de política mucho más profundo, pero seguirá sin ser imparcial ni apolítico.

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