Todo el que alguna vez ha trabajado con código ha dejado algún que otro recadito al jefe, a su mujer, a su compañero o al que venía a sustituirle. No es raro encontrarse con cosas como «Estoy haciendo esta puta mierda obligado» o «vaya melones calza Marimar» cuando te toca trabajar con un código heredado. Y ojo, hay que entenderlo. El código es para un informático su diario, su compañero de viajes, su hijo bastardo que nunca le felicitará el día del padre porque no sabrá quien es. No es raro, por lo tanto, que los desarrolladores de videojuegos dejen alguna que otra perlita escondida dentro su obra.
En Wired han realizado una recopilación de algunas de esas joyas en forma de confesión que realizaron los programadores en sus horas más bajas. Las hay de todo tipo, desde amargas quejas por el horario de trabajo, insultos varios hasta los productores o alguna que buscaba reivindicar la labor del desarrollador cuando aún no se firmaban los juegos. De entre todas me voy a quedar con la realizada por Kaoru Nakajima, programador gráfico de una de las mayores mierdas de la historia del videojuego: Ganso Saiyuuki: Super Monkey Daibouken (Famicon). De hecho en Japón está considerado uno de los grandes Kusoge (juegos de mierda). Atentos al mensaje que se le ocurrió introducir al amigo:
Podéis leer el artículo completo aquí (en inglés).
Gracias @whinedo por el chivatazo.



