
Ciertamente, chirría un cinismo atroz en quienes piensan que el cambio climático es una engañifa. Cinismo porque cabe darse una vuelta por cualquier playa, por cualquier parque, por cualquier bosque, pradera, río, colina, por cualquier espacio natural, para observar el seguro rastro en forma de basura de algunos de los humanos que han pasado por ahí. Pensar que la instrumentalización mercadotécnica de las empresas y corporaciones de lo eco-friendly las libra de cometer tropelías contra el medio ambiente, por otro lado, es de una ingenuidad exasperante.
Este símil enfatiza la despreocupación de la humanidad, en su gran mayoría, por las consecuencias de su conducta sobre la naturaleza. Una despreocupación que, desde luego, se desboca a partir de la Modernidad, pero que ya existía antes. Ahí está el llamado «evento de extinción del Cuaternario» o «extinción de megafauna del Cuaternario» en la literatura científica, que viene ocurriendo desde hace unos 50?000 años y en el que se han diezmado los géneros existentes de mamíferos de gran tamaño (el elefante de selva africano, por ejemplo, en la actualidad, está en peligro de extinción). Junto a cambios climáticos se considera que una de las causas fue (o es) la caza excesiva de los primeros Homo sapiens, las primeras tribus, que nada tenían que ver con, en palabras de Barry López en Sueños árticos, la «colonial indiferencia» de la Modernidad y de la industrialización.
Por eso se agradecen juegos como Spilled!, nacido de la cabeza de Lente, nombre en clave de la desarrolladora de Países Bajos que lo ha llevado adelante como un proyecto personal ineludible que debía cumplir. A ello le han ayudado otras personas en programación y arte, pero el alumbramiento, el grueso, es de ella. No es casual que el juego lo protagonice un barco, pues ella misma vive en uno, algo bastante común en aquellas latitudes.
Hasta cierto punto resulta complicado clasificar a Spilled! en la taxonomía existente de los géneros lúdicos de videojuegos. Una taxonomía, por otro lado, totalmente artificial y que responde más a comodidades del mercado que a cualquier intención «científica». No es un juego de acción (aunque haya acciones que realizar), no es estrategia, no es aventura, ni puzle; en tercera persona, bueno, sí, pero no en el sentido en que se suele imaginar esa categoría. Tiene alma de serious game, pero sin caer en los clichés asociados a este no-género (salvo, quizá, el de la medida y limitada duración). No es descabellado pensar en la aparición de otra categoría para este tipo de juegos que van conformando unas características comunes aunque díscolas —como este Spilled!, el reciente Time Flies, The Longest Road on Earth, Gibbon: Beyond the Trees, The Stillness of the Wind o Far from Noise, por ejemplo— evitando el pomposo término de art game o lo vago de cozy game y teniendo en cuenta tanto sus intenciones extralúdicas (sociales, filosóficas, políticas, al igual que los serious games) como de diseño de juego (ahí donde la mayoría de aquellos tropiezan).
Ahí reside el atractivo innegable de Spilled! y el mérito de Lente en su contribución al diseño de juego: en ofrecer una fabulosa síntesis de cómo desarrollar un título «completo», que sacie nuestro apetito lúdico, desafiando límites temporales, presupuestarios y de argumento. No te queda la sensación de haber jugado solo un prototipo de mecánicas del que quizás no se pudiera sacar más, sino, por el contrario, de ser un juego que, con las precisas iteraciones y relaciones entre sus distintos elementos, podría ampliarse a una duración mayor.
A ello ayuda, y de qué manera, el arte y la música, aspectos que forman igualmente parte de esa estupenda síntesis. Ir avanzando por el escenario único de Spilled! es un viaje profundamente bello, un lienzo digital con un pixel art de cuadraditos, compuesto por pequeños trocitos de color y de vida que, juntos, componen una escena que invita a quedarse a vivir. La música, por su parte, está compuesta de cortos pero intensos motivos, relajantes y acogedores en su mayoría, aunque también en consonancia con el momento dramático.
El conjunto de Spilled! es una delicia, y pese a su corta duración o la ausencia de extras, o precisamente por eso, invita a rejugarlo. Una rejugabilidad que no descansa sobre postines, sobre triunfos y logros sin fundamento cuyo único objetivo y naturaleza es la de mantener un statu quo comercial, desidia de la industria. Las ganas de volver a jugar Spilled! burlan el ansia vulgar que ofrece la recompensa inmediata; cuando lleves quince minutos jugándolo, sabes que querrás volver a él, pero no cuándo: puede que en una semana, en cinco meses o en siete años, y seguramente te siga esperando en el mismo lugar, con el mismo atractivo, con la misma delicadeza y las mismas ganas de entretenerte con su arrebatadora estética.
Lente solo tiene otro pequeño proyecto publicado en Itch, un prototipo si se quiere. Sin embargo, Spilled! debería marcar un inicio de ruta donde, sea como sea, siga publicando juegos, porque no le faltan habilidades y visión, y seguro le sobran ganas. Mientras tanto, podemos seguir deleitándonos con esta primera puesta de largo tan especial. Al comprarlo en Steam (único lugar donde está disponible por ahora), además, estaremos donando dinero a la conservación de ballenas y delfines. De verdad, y como colofón al texto, no puedo más que ensalzar la singularidad de esta obra, de su desarrollo y de su lanzamiento. Necesitamos más juegos así: que nazcan de una idea personal, que duren una hora.
