Nidhogg 2

Crítica

Nidhogg 2 es feo, muy feo. Creo que ya lo comenté cuando anunciamos su salida en la web, pero creo importante volver a recalcarlo. Nidhogg 2 es feísimo. Pero de un feo bien, como el bulldog francés de mis padres que viene corriendo ahogándose a saludarte y desearías con todas tus fuerzas que no te besara porque sabes que esa lengua no ha pasado por ningún sitio bueno. Algo que en otro juego sería un defecto o una incapacidad por darle una pátina bonita que seduzca al jugador se da aquí porque sus desarrolladores han querido, recurriendo a un Toby Dixon que se ha abrazado a lo grotesco en sus diseños.

Quizá es lo único que necesitaba como continuación, porque lo cierto es que Nidhogg no requería nada más. Sus duelos eran frenéticos y estratégicos, con el color de cada personaje chorreando por el suelo, los floretes chocando y el enorme gusano devorando al ganador. No, no hacía falta continuar nada y con esa locura y sus enfrentamientos locales bastaba para destruir una o dos amistades. ¿Estamos ante la primera vez que un desarrollador hace aposta a su juego más feo? No lo sé, pero venga, hablemos un poquito de ello y veamos qué puede darnos como secuela, además de esos machangos horripilantes.

Pero antes de eso, y para quien no conociera el Nidhogg original, ¿de qué va todo esto?

En la primera parte estábamos ante un juego de acción y esgrima profundamente estratégico, en el que dos contendientes se enfrentaban usando estoques (o lo que quiera que fuera aquello, dos pequeños mondadientes largos y pixelados en pantalla). El objetivo no era en absoluto matar muchas veces al enemigo, sino avanzar hasta la siguiente pantalla (el jugador de la izquierda hacia su derecha, el jugador de la derecha hacia su izquierda). Sólo podíamos avanzar tras ensartar a nuestro enemigo, y pasadas varias pantallas llegábamos a nuestro auténtico objetivo: ser devorados por el Gusano, un bicho que surgía en la pantalla final para zamparse al campeón.

Una partida solía tener un ritmo frenético e incluir insultos al rival (directamente a su puta cara, además, si era en enfrentamiento local), estocadas, saltos con caídas en plancha y lanzamiento de espadas. Esencialmente, nada de eso ha cambiado.

“La nueva nitidez nos muestra algo que ya estaba pasando pero éramos incapaces de ver”

Las partidas siguen siendo en formato hiperbreve (salvo en su modo de juego para un jugador, en el que recorremos todos los escenarios, que tampoco dura más de quince-veinte minutos), pero algo fundamental ha cambiado en la esencia del juego. Al arma principal se han unido algunas más: una daga muy rápida que se puede usar en varias posiciones (y lanzar), un arco lentísimo pero letal a distancia (cuyas flechas se pueden devolver con buen timing) y un espadón que parte al enemigo en dos y desarma al oponente con casi cualquier bloqueo. 

Uno pensaría que esto lo que hará será proporcionar variedad táctica, pero realmente convierte a Nidhogg 2 en un título donde la acción y la rapidez mental están por encima de cualquier cálculo. Las posiciones de cada arma siguen teniendo una influencia capital… pero sólo cuando los duelos son con pares idénticos. Las peleas acaban convirtiéndose en algo tan (o más acelerado) que en el anterior, mientras rezamos para que nos toque un arma mejor que la del contrario (una suerte de piedra-papel-tijera) para avanzar en nuestro alocado sacrificio ante el Gusano.

Visto así, está claro que Nidhogg 2 no sólo se aleja de su predecesor en el apartado artístico, con ese salto desde la austeridad del píxel hacia el mundo grotesco y asqueroso de Toby Dixon. Se independiza de papá Gusano pidiéndonos que quememos más adrenalina y nos enfademos más, sin eliminar del todo su componente táctico pero dándole un barniz de variedad y violencia adicional. No sabría decir si por el camino ha perdido parte de su personalidad o simplemente nos ha dado unas gafas a todos los demás para que veamos que no, que la nueva nitidez nos muestra algo que ya estaba pasando pero éramos incapaces de ver.

Lo que está claro es que cumple con lo que debe cumplir: es tremendamente divertido, provoca unos niveles de pique insanos (ojo a los enfretamientos locales) y en ningún momento es injusto, ni siquiera con el reparto de armas (que, ojo, podemos eliminar). Además es sencillo entender lo más básico de sus combates, y a la vez costará llegar al nivel avanzado de dominio, distraidos como estamos por toda la fealdad en pantalla. Y bueno, sigue siendo el mejor simulador de dejarse devorar por un glorioso Gusano, o al menos el segundo mejor.

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