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Hypnospace Outlaw

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Llevábamos un tiempo rodeándonos de eternos homenajes a la década de los 80. Las taquillas de cine y los crowdfundings de videojuegos se invadieron de colores neón y ritmos protagonizados por sintetizadores. Un efecto contagioso y que parecía no terminar, escondiéndose en esa idea de la nostalgia cuando realmente muchas personas que consumíamos todo esto no habíamos vivido aquella época. Los 90 fueron realmente mi momento, lo que conocí y lo que respiré durante los diez años enteros, y para mí lo anterior solo eran restos, una herencia o algo que me dieron a conocer mis familiares y amigos, a través de productos culturales, para entender mejor a las diferentes generaciones. Hypnospace Outlaw, la última creación de Jay Tholen, sitúa al jugador en un sistema operativo del año 1999, coincidiendo con la llegada de la primera tarifa plana en España. Aún recuerdo el tener que desconectar el módem para poder llamar por teléfono, el ruido que hacía el 56 Kbps al conectarse y, por supuesto, los virus, los emails en cadena y los foros. Se acabó esa interminable oda a los 80, ahora es el turno de lo que de verdad importa: honrar la aparición de internet.

El Kickstarter de Hypnospace Outlaw se lanzó en septiembre de 2016 marcando unas intenciones claras: tenemos que salvar el universo virtual. Desde el momento que entramos al juego, toda la interfaz simula que estamos encendiendo un ordenador con un sistema llamado HypnOS. Nuestra misión es proteger a los ciudadanos de contenido perjudicial y movimientos ilegales de internet, que aún en 2019 es habitual encontrar. Casos de timos, falsificaciones, acoso… En este 1999 alternativo se pretenden hacer las cosas bien, colocando agentes que vigilan y rastrean diferentes webs en su jornada laboral.

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Hypnospace Outlaw
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Lo interesante del videojuego no es tanto su premisa como encontrarnos otra vez en esa comunidad online de los 90. Las webs que se van presentando se caracterizan por una estética vaporwave, herencia de los 80, que se define por el uso excesivo de gifs de baja definición, colores chillones, tipografías sin suavizar en negrita y música repetitiva incrustada en las distintas páginas. Lo que ahora nos resultaría una absoluta horterada y caos estético, cuando yo iba al colegio y creaba mis propios banners y páginas webs en el Macintosh de mi padre, era lo habitual. Este feísmo entrañable es realmente el filón nostálgico del videojuego y lo que llama la atención y acerca a su público.

Dentro de este ciberespacio, existe una moneda virtual llamada HypnoCoin. Conforme vas resolviendo casos, te pagan de esta manera y esto permite que puedas comprar diferentes softwares o complementos digitales. Al inicio de mi partida, tuve una extraña conexión con mi yo de niña, por lo que me daba miedo hacer clic en cualquier botón que tuviera el símbolo del dinero. Cuando era pequeña y navegaba por internet o jugaba a demostraciones de videojuegos que te llevaban a un pago al finalizarlo, creía que a lo mínimo que diera al botón por error, se pagaba todo sin necesidad de añadir tarjetas o cuentas bancarias. Esta magia que yo me creía y no conseguía entender entonces, en Hypnospace se vuelve realidad a modo de monedero virtual. Debido a este recuerdo y por resucitar aquel modo de ir pasando webs, apenas he descargado cosas en mi paso por HypnOS. La experiencia llega a ser tan inmediata, que también he sido igual de prudente que cuando veo internet fuera del juego. Yo os animo a acabar con el miedo al spam y los virus; con Hypnospace es el momento.

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He hablado de una yo responsable y sensata, pero obviamente el primer encuentro con internet nunca lo es. De pequeña también descargué una mascota virtual. Era una oveja que recorría todo el escritorio, escalaba iconos, saltaba… Si intentabas quitarla, solo conseguías abrir más hasta que llegaba un momento que tu ordenador estaba completamente lleno de ovejas y las risas de diversión del principio se convertían en risas nerviosas al final. En ese «A ver cómo le oculto esto a mis padres» solo se me ocurrió guardarlo en un disquete, un disquete realmente contagioso que fue pasando por demasiadas manos ya que ahí también tenía objetos nuevos para Los Sims. Por suerte en HypnOS hay antivirus, por lo que podréis instalar mascotas virtuales sin miedo a los troyanos. Eso sí, mucho software malicioso tiene un desinstalador específico por el que tendrás que pagar. Los creadores que abundan el ciberespacio querrán sacar tajada de la mínima catástrofe virtual.

Lucas Pope ya inició este homenaje a la estética de los 90 con su Return of Obra Dinn. La sencilla técnica pixel art de esta pieza simulaba los videojuegos de aventuras de aquella época de Macintosh. Concretamente, bebía de Sid Meier’s Pirates! (1987), que destacaba por las ilustraciones de piratas hechas con tramas de pixeles blancos y negros. Abrazar este estilo hoy día sirve para dárselo a conocer a los nuevos jugadores y llamar la atención de aquellos que siempre han estado ahí. Existe entonces una comunidad de desarrolladores que lleva el tema visual a una nostalgia real, no solo la de acoger el pixel art con multitud de colores porque es lo más cómodo. Dwarf Fortress (2006) produjo un efecto similar al de las creaciones de Pope y Tholen, innovando con lo ya conocido. Y cada vez que vemos una nueva obra realizada en Twine nos reconciliamos con las aventuras textuales. El atractivo glitch, cómo los errores informáticos pueden convertirse en un recurso visual, es algo que vimos incluso en Undertale (2015), videojuego que ha llamado la atención a una amplia comunidad adolescente a pesar de tomar como referente a Earthbound (1994). Con esto no quiero decir que el público específico de Hypnospace Outlaw deba ser mi generación, solo que el juego producirá efectos muy dispares. La nostalgia es un factor completamente subjetivo, pues actualmente conviven una gran variedad de jugadores.

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Hypnospace Outlaw
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Los modos creativos son lo más destacable del videojuego, aunque no se encuentran a simple vista y corren el riesgo de que los ignoremos siendo lo más divertido. Rescata aquel editor que acompañaba a muchos videojuegos de PC que nos permitía crear nuevos escenarios, modificar ya existentes o incluso cambiar la música. Una de las ramas creativas consiste en crear tu propia web para Hypnospace, insertando gifs absurdos y textos chillones, generando vínculos a otras páginas de la manera más rudimentaria. No podía evitar acordarme de mí haciendo una web en FrontPage contando mi día a día en el colegio. Por supuesto, se puede incluir música, que a la vez la puedes crear o modificar en el Hypnospace Tune Sequencer. Otro golpe de añoranza para mí, que me creía toda una compositora cambiando las canciones de mi videojuego favorito Realmz (1994) en un editor que le acompañaba.

Hypnospace Outlaw se cierra con una doble lectura. Por un lado, está esa ruptura visual que homenajea la aparición de internet, por otro las consecuencias de la creación de un mundo virtual sin identidades ni leyes aparentes. Entre líneas, mientras cerramos webs o marcamos ciudadanos conflictivos, hay una crítica a la censura, los límites y lo políticamente correcto. Los debates que aún perduran en 2019 no se esconden en HypnOS ya que es una realidad que siempre acompañó al desarrollo de algo tan magnificado, solo que ahora está en chats de todos.

Análisis: Hypnospace Outlaw
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Isabel Cano Pérez
Isabel Cano Pérez
Licenciada en Bellas Artes, máster en Investigación y Creación en Arte y doctoranda en Investigación en Arte Contemporáneo. Diseñadora gráfica e ilustradora, investiga la influencia de las vanguardias del siglo XX en los videojuegos en su tesis doctoral. Descansa de todo esto abrazando la trilogía Cornetto o encerrándose en Avernum.

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