
Hay algo raro en Exo Rally Championship que impacta desde el principio. Algo que durante los primeros minutos no logras entender muy bien qué es y sobre lo que sientes un rechazo instantáneo, casi visceral. Puede que se deba a que estamos acostumbrados a ciertas “reglas” con respecto a cierto tipo de propuestas, pero lo cierto es que los títulos de conducción, y sobre todo los de ralis, ya sean arcades o muy técnicos, cierto ambiente festivo. Sus pantallas de carga, su música, el diseño de los diferentes menús… Todo invita a salir con el vehículo de turno y terminar de barro hasta las cejas. Exbleative, que es el nombre del estudio tras el que se encuentra el solodev Jay Weston, realiza un camino inverso al que recorría con Exo One. Si en aquel título nos introducíamos en un paraje alienígena de una forma casi omnisciente y pasábamos de la sorpresa inicial a la calma, aquí, desde el primer momento, hay una suerte de aura que no llega al terror, pero que desde luego podríamos definir como pesimista. El fondo del menú principal es un coche destrozado en un planeta desértico acompañado de una música compuesta por sintetizadores en tonos muy bajos. Es como si desde el primer minuto el título nos quisiera decir que hay algo que no anda bien o que hacer esto que vamos a hacer no es del todo correcto. Aunque puede que simplemente el bueno de Weston nos quiera dejar claro que esto no es un arcade y que conviene tener cuidado.
El comienzo del título es seco y frío. Es una navaja oxidada en la garganta que recuerda muchísimo a cómo eran los videojuegos a finales de los 90 o principios de los 2000. Hay un pequeño tutorial, sí, pero muy poco más. Tienes una breve presentación de lo que va a suceder, cuatro explicaciones de los controles básicos y venga, a competir que se nos echa el tiempo encima. Aquí empieza la parte divertida para algunos o la parte de “espera un momento porque no sé qué demonios estoy haciendo” para otros. Pueden apostar en qué lado estaba yo. Nuevamente nos encontramos con un inicio de carrera inquietante, donde preside una música que los subtítulos de cualquier plataforma de streaming definirían como “ominosa” y un proceso de inicio de carrera que desde luego es cualquier cosa menos dinámico. Después pisas el acelerador y te das cuenta de que lo que Exbleative tiene preparado para ti no es, ni mucho menos, un recorrido a través de diferentes planetas donde alcanzar un estado de éxtasis. Toca volver a empezar.
Exo Rally Championship es absolutamente honesto con su propuesta, la cual podría definirse como “cualquier error en cualquier momento hará tu vida muchísimo más difícil”. Un ejemplo. Antes de cada carrera tenemos la posibilidad de volar con un dron sobre el recorrido e ir marcando un trazado de cómo queremos realizarlo, colocarnos señales de advertencia y varias cosas más que nos serán tremendamente útiles durante la carrera. Bien, cualquier podría pensar que este dron es la excusa formal para poner una cámara libre en la que realizar nuestro cometido. Pues no. Es un dron que tiene cuerpito de dron y que por lo tanto se puede estrellar contra cosas y romperse, lo cual impedirá que podamos realizar ningún tipo de trazado. Otro ejemplo. Antes de comenzar cualquier carrera nos tendremos que situar en la línea de salida, esperar a que se realice un check de nuestro vehículo y esperar con el freno de mano puesto a que unos drones nos den la salida. Nuevamente, esto podría ser automático o simplemente sencillo, pero no será raro que en un momento dado te veas maniobrando en gravedad casi cero o con tanto barro en el que apenas te puedes mover para tratar de colocarte en el lugar correcto para poder empezar la carrera. Mensaje entendido.
Ahora que incluso alguien como yo ha comprendido que estamos ante un simulador que no te va a regalar nada, comienza el periodo de aprendizaje real, el cual tampoco es que sea nada revolucionario, pero requiere paciencia. Tendremos que ir superando diferentes pruebas para poder ir sacándonos un carnet, el cual nos permitirá acceder a mejores vehículos que a su vez nos permitirán acceder a mejores pruebas del circuito. Comenzamos, lógicamente, con un vehículo más o menos sencillo que nos permitirá aprender los controles básico y según vayamos mejorando accederemos a otros que contienen diferentes características, entre las que sin duda destacan los propulsores RCS. Se trata de una suerte de artefacto que nos permitirá expulsar aire en cualquier dirección para equilibrar nuestro vehículo. Esto, durante las primeras etapas es prácticamente anecdótico y apenas lo utilizaremos para equilibrarnos durante un salto, pero según avanzas por los diferentes circuitos resultará completamente imprescindible, sobre todo en aquellos donde la gravedad (hablo de la fuerza, no de la importancia) es un verdadero problema.
Dominado el RCS -más o menos-, confiando en que las recomendaciones por defecto del taller sean las correctas -no me voy a meter ahí porque se pueden tocar tal cantidad de parámetros que me desborda por completo- y de nuevo con el corazón puro, Exo Rally Championship nos devuelve la mirada y lejos de contemplar el abismo, empezamos a percibir lo que -imagino- Weston quería que sintiéramos. No voy a hablar de estado de flow ni de la alquimia sensorial que generaba Exo One porque la cosa no va por ahí. De hecho, creo que la sensación más parecida sea la de los largos paseos del primer Death Stranding. Cada centímetro de terreno importa, cada superficie de contacto de cada rueda es un triunfo o una derrota. Girar las ruedas para aprovechar que la tracción trasera ahora está tocando levemente suelo con piedras, el cual nos permitirá corregir nuestra dirección y aprovechar la inercia del RCS se siente, al igual que cada paso del título de Kojima, como un pequeño triunfo que va más allá del resultado final.
Al final, Exo Rally Championship hace justo lo contrario que su anterior título: nos baja a tierra. Su sensación de oscuridad, casi de pesimismo, no es tanto una advertencia como una constatación de que esto que estamos haciendo, esto de bajar a planetas para competir con vehículos locos no está bien. Nosotros no deberíamos estar ahí. El planeta no nos quiere y nuestro paso por él va a ser cualquier cosa menos bonita. No somos pioneros, no somos exploradores intergalácticos. Somos corredores de ralis interplanetarios en donde nunca se ve una forma de vida. A lo mejor es toda una alegoría en contra del tardo-capitalismo, no lo sé, pero indudablemente es una experiencia que ha merecido la pena.