Análisis: Denshattack!

Análisis: Denshattack! 2
Fecha de lanzamiento
15 julio, 2026
ESTUDIO
Undercoders
EDITOR
Fireshine Games, Boltray Games
PLATAFORMAS
Nintendo Switch 2, PlayStation 5, Xbox Series X y Series S, Xbox Cloud Gaming, GeForce Now, Microsoft Windows

Mirar Denshattack! cuando ya llevas unas cuantas horas jugando es como mirar una pompa de jabón que aparece en medio de un parque en un día soleado. La observas extrañado, admiras la simpleza de su belleza mientras tus ojos tratan de captar los diferentes colores que se forman a través de ella. Tu mirada no puede apartarse mientras poco a poco va acercándose hacia el suelo. Sabes que pronto estallará y no será más que un recuerdo latente de un día cualquiera, así que no quieres apartar la mirada ante algo tan perfecto, pequeño y efímero. Imagina que cuando toque el suelo, esa pompa que no sabes bien de dónde salió continuara ahí, que rebotara y volviera a surgir de lo que debería haber sido su final alzándose de nuevo para robar la mirada a otro durante unos segundos. Denshattack! consigue que algo que parece destinado a romperse aguante el tipo sin apenas magulladuras. A día de hoy no entiendo cómo lo hace, pero lo bueno de ciertos momentos es que no hace falta entenderlos, pues basta con disfrutarlos.

Existe una enorme diferencia entre utilizar la nostalgia para tus propios beneficios o construir desde la nostalgia. Denshattack! es sin lugar a dudas aquel arcade de Sega que nunca existió. Uno que debería haber estado junto a Crazy Taxi o OutRun 2 en los recreativos del lugar donde veraneas y donde te habrías dejado un buen dinero tratando de llegar al final de la prueba en el tiempo marcado. El equipo de Undercoders es perfectamente consciente de esto en su propuesta estética. La diferencia entre construir y utilizar está en cómo a través de un conjunto de elementos que claramente remiten a una época muy concreta del videojuego, construyes una propuesta formal que se aleja buscando otros horizontes completamente alineados con los preceptos del videojuego actual. Para lograr esto, por supuesto, hay que subir una cuesta que contiene un poco más de desnivel del habitual, aunque como en las buenas montañas rusas, subir mucho significa que lo que viene después será aún más divertido.

La curva de dificultad inicial de Denshattack! es alta. Controlar nuestro tren-skate no es en sí complicado, lo que permite ir avanzando. Ahora bien, MOLAR con nuestro tren-skate ya es otra cosa muy diferente. El juego, en sus primeros compases no hace más que añadir elementos que posteriormente serán muy disfrutones, pero que en un inicio se sienten algo apretados porque no has terminado de dominar los dos primeros cuando ya te están introduciendo dos más. Conscientes de esto, el equipo de desarrollo catalán opta por la técnica OlliOlli, que no es otra que “yo te dejo avanzar a poco bien que lo hagas porque sé que ya volverás a este nivel a intentar conseguir tu medallita de oro”. La confianza que tiene Undercoders en su proyecto va calando poco a poco en el usuario a base de solidez. Solidez en la propuesta, en las mecánicas y en cómo estas se van integrando de una manera natural en un usuario, que al menos en mi caso, puede sentirse un tanto desconcertado ante el apabullante despliegue que vemos en pantalla.

Una vez superado este escollo inicial, Denshattack! comienza a ofrecernos regalos de todo tipo donde el “todo vale” se convierte en una suerte de leitmotiv sobre el que surfear. Bueno, sobre el driftear. Escenarios a cada cual más loco, bifurcaciones de recorrido, musicote excelso o un absoluto desprecio por algunos cánones, como el uso de la cámara, con la que juegan cuando y como quieren. Todo se siente como una fiesta en la que no sólo no estabas invitado, sino que no sabías que existía. Un desparrame de color a ritmo frenético con el que poco a poco vas sintiendo cierto compromiso, lo que hace que no quieras únicamente superar niveles, sino hacerlos de tal manera que tu comportamiento esté a la altura de lo que el propio nivel te ofrece. A eso pueden sumarle divertidísimos enfrentamientos con jefes finales, una trama desarrollada a base de pequeñas -pero magníficas- animaciones donde nada tiene puto sentido y la constante emoción de sobre qué extraño artefacto terminará nuestro tren ahora que el escenario se ha quedado sin vías.

Denshattack! debería romperse en algún momento al igual que una pompa de jabón. Su propuesta de ir incorporando mecánicas sobre mecánicas para ver de diferente manera aquello que ya habíamos aprendido y reinterpretarlo a toda hostia a través de un tsunami de música y color puede sonar bien, pero es algo increíblemente difícil de hacer. Que no explote es inusual. Que encima sea divertido es extraordinario. Que por momentos te permita alcanzar ese estado de flow en el que el que todo encaja como si realizar saltos con un tren fuese algo que llevas haciendo desde niño es prácticamente un milagro.

Quizás convendría reflexionar acerca de cómo es posible que títulos como Denshattack! ya no tenga cabida dentro del mainstream. De cómo hemos pasado en tan poco tiempo a tener una industria del videojuego donde un proyecto de estas características únicamente pueda ser realizado por un estudio independiente. O quizás podemos dejar este pensamiento crítico de lado y centrarnos únicamente en que Undercoders ha sacado uno de los mejores videojuegos de lo que llevamos de año y uno de los mejores videojuegos de la historia del desarrollo patrio. Estamos en plena ola de calor, así que prefiero con ese pensamiento. Es más fresquito.

Análisis: Denshattack! 5
RECOMENDADO
Denshattack! es todo diversión. La desquiciada propuesta de Undercoders no se siente como una llamada nostálgica, sino como una reivindicación de la que es imposible escapar.
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