
Una de las máximas en el juego de rol Cyberpunk es «estilo sobre sustancia«. Es fácil malinterpretarla, lo digo desde la experiencia. A lo que alude esta suerte de patrón oro del juego no es a que lo único importante sea la forma y que el fondo dé igual, sino que da igual lo que hagamos, que tenemos que hacerlo con gracia. El estilo por encima de todo, aún siendo importante el todo. He pensado mucho en esto mientras jugaba a Celestial Return porque creo que es uno de los principios fundamentales detrás de su diseño. Enseguida volvemos a eso.
El estudio detrás del juego, los turcos Metaphor Games, son la rama digital de Metis Creative, un estudio que desarrolla juegos de rol tradicionales y que tiene ya sobrada experiencia en ello. Celestial Return no es su primera incursión (ya tienen otro videojuego en Early Access desde finales del año pasado) pero sí la primera obra que presentan completa al público. Y viniendo del mundo de los juegos de rol, lo lógico era seguir en él, ¿no? Eso es, pasado por varios filtros. Estamos ante un cruce de novela visual y RPG en sí mismo, que recuerda a obras como Citizen Sleeper (o Duskpunk) en tanto nos presenta distintas situaciones para las que deberemos usar nuestros dado. Su otro ineludible referente es Disco Elysium, en tanto las habilidades de Howard, el protagonista, son básicamente distintas facetas de su personalidad. Temáticamente se entienden tanto como las clásicas «voces en la cabeza» como maneras de acercarse a los problemas, y es imposible no acordarse del coloso estonio cuando uno se las encuentra. Una decisión interesante pero que siempre va a ponerte una diana en la espalda porque ya no vas a poder escapar de la comparación. En este caso funciona, aunque luego haré unas puntualizaciones.
Howard es el clásico detective noir cyberpunk que desciende de la tradición que (creo) inicia Rick Deckard en Blade Runner. Lo conocemos en un prólogo que sirve para presentar el mundo del juego, una colosal ciudad llamada NetherVeil que se alza sobre otra olvidada y habitada por los excluidos de la sociedad. En ella gobiernan realmente las Corporaciones tras haber estafado a sus habitantes haciéndoles creer que el futuro era suyo. De hecho uno de los aciertos del juego son los leitmotivs con los que su publicidad taladra a sus pobres súbditos: pósteres, cartelería y comunicación que bien podría distinguirse como socialista, donde se habla siempre de la libertad y del trabajador. Durante el juego nos enteraremos también de que sobre NetherVeil alzarán otra ciudad aún más exclusiva, por si alguien necesitara de menos subtexto aún. Así que nos moveremos por su mapita eligiendo localizaciones, entre lluvia eterna, corrupción material y espiritual, implantes y (tele)trabajadores que usan armazones robóticos para no abandonar su miserable vivienda. Lo particular de este mundo cyberpunk es que también hay un elemento sobrenatural en él: los Abstractos. Entidades que supuestamente nacen de los pensamientos y las ideas de la gente y que se liberan sobre la realidad, la mayoría de veces atormentándola y necesitando contención. O al menos eso piensan en el PID, el cuerpo parapolicial en el que Howard trabaja durante el prólogo.
Precisamente el prólogo sirve para poner todas las cartas sobre la mesa. El diseño basado en conversaciones y acciones, el uso de dados, la existencia de entes sobrenaturales que requieren de nuestros implantes para ser observados… y la inescapable sensación de que todo va a salir mal. En su campaña de crowdfunding el estudio definía Celestial Return como «un manifiesto sobre los reemplazables», una historia en la que la ciudad se irá inevitablemente a la mierda y en la que no triunfaremos pero al menos podremos decidir cómo nos vamos. Me parece un ethos honesto con el que diseñar un juego así, y creo que lo han logrado. Volvamos a lo del estilo y la sustancia. Celestial Return no puede separarse del diseño artístico de Kerem Akman, que lo ha dado todo aquí. Es un juego rabioso, estridente, violento y tantas veces bello como feo, siempre con una personalidad abrumadora. Tiene mucha sustancia más allá de tirar de muchos clichés, pero es que sobre todo tiene estilo. Con cada inicio de capítulo, con los títulos de créditos, con la súbita aparición de un Abstracto increíble… quiere que seas de todo menos indiferente, que sientas y lo hagas al doscientos por cien. Por si no bastara con lo que se ve, Celestial Return sobre todo se escucha. Es un asalto sónico de techno, black metal… se pueden hacer una idea. Es muy fácil entrar en él y dejarse llevar por el bajo machacón y el bucle de locura y violencia que quiere presentarte.
Más allá de la escritura y los temas que quiere manejar, nada deja tan clara la ética del deshecho como su principal mecánica: los dados. Son a la vez el verbo con el que nos relacionamos con el mundo y la moneda cuando queramos comprar alguno de los objetos que puedan salvarnos en otra tirada. Es una decisión de diseño inteligente vincular ambas cosas porque nos deja claro rápidamente que somos un paria y que nuestro lugar en el mundo es carecer de agencia. Al fin y al cabo el dinero funciona de manera muy parecida en la vida real. El problema es que el juego es absolutamente brutal con esto y apenas da oportunidades para ganar dados, por lo que estamos a dos malas decisiones de bloquear la partida y tener que empezar de nuevo en algún punto. Yo mismo tuve que hacer unos cuantos intentos cerca del final para poder terminar. No me cabe duda de que irán parcheándolo porque ahora mismo falta algo de equilibrio. Hay momentos en los que el juego te permite avanzar fracasando y su castigo es a nivel de trama, es cuando mejor funciona la decisión porque alguien como Howard no va a ganar ni a desentrañar todos los secretos de NetherVeil.
Celestial Return es una meritoria primera obra que adolece de algunos de los fallos esperables, pero que tiene tanta alma, tanta insolencia y es tan punk y tan cyber que se la suda. Probablemente habría dejado de lado otro juego con sus problemas, pero a aquí terminaba volviendo continuamente. Con sus clichés, con su protagonista roto y su casting de secundarios del que quería saber siempre un poquito más. Sus insinuaciones y sus ausencias. Su estilo por encima de todo y de todos.
