El puñetazo, la patada, en definitiva, la hostia, es algo inherente al videojuego desde casi sus inicios. Pegarnos (pegar) al otro siempre ha sido un ejercicio virtual divertido, aunque en ocasiones, en contadísimas ocasiones, no sólo ha sido divertido, sino que ha alcanzado una categoría más cercana a la disociación espiritual. Dead as Disco busca esto último a través de un menos es más que en su actual versión en desarrollo no siempre funciona, aunque como toda buena canción, hay que esperar hasta escucharla completa para ver la sensación que nos deja en el cuerpo.
Alrededor de estas dos mecánicas hay una envoltura que es en realidad el verdadero anclaje del juego con el posible público, pues Dead as Disco es una absoluta locura a nivel visual que parte de una premisa narrativa bien jugosa. Nuestro protagonista, Charlie Disco, resucita por una noche tras hacer un pacto con Vice, una suerte de calavera faustiana que le dará la posibilidad de enfrentarse a sus antiguos compañeros de banda, los cuales se han “vendido” a una megacorporación llamada Harmony y están organizando un concierto en memoria de su compañero caído hace diez años en extrañas circunstancias (a.k.a. nosotros). El equipo de desarrollo debió pensar que “si todo es pop, hagámoslo pop”, así que fueron cogiendo pedacitos de aquí y allá para construir toda una iconografía de amor por la música como un acto de imaginería lisérgica que a ratos recuerda a Suda51 y otros a Sayonara Wild Hearts.
Dead as Disco, en el momento de escribir estas líneas, está articulado a través de dos modos de juego. Uno, su modo historia, en el que nos enfrentamos con diferentes “jefes finales”, o lo que es lo mismo, con cada uno de los miembros de la que algún día fue nuestra banda. Tenemos un espacio central -un bar, cómo no- desde el que podemos gestionar diferentes mejoras para nuestro personaje, así como atuendos, peinados y bailes, desde donde elegiremos con qué personaje queremos enfrentarnos. Una vez derrotado, este personaje pasará a formar parte de la parroquia del bar y servirá, entre otras cosas, para ir desgranando una trama que parece tener un mayor peso del que se podría suponer en un principio. El otro modo de juego, una suerte de estilo libre, nos permite cargar nuestras propias canciones y crear nuestros escenarios a través de los escenarios que hemos desbloqueado enfrentándonos a estos jefes, para poder hostiarnos con todo oleadas de enemigos. Con todos estos mimbres y una vez constatada que la propuesta funciona, llegamos a los puntos de fricción, que los hay. Los enfrentamientos con los jefes son divertidos, y sobre todo, espectaculares a nivel visual, con animaciones en 2D incluidas en medio de los combates. Funcionan, pero por pura lógica argumental, su numero actual o el que podría venir en un futuro, se antoja escaso. El modo libre también funciona, pero en este momento no lo hace tan bien como debería y no deja de ser una incógnita saber si en un futuro, cuando el juego esté completamente terminado, lo hará. Es más, aunque los problemas de sincronización musical que ahora mismo se muestran terminen solucionándose, no tengo tan claro que este modo sea lo suficientemente sólido como para sostener el conjunto a lo largo del tiempo.
Llegados a este punto, y siendo Dead as Disco un título mucho más acabado de lo que suele ser habitual en una versión preliminar, lo cierto es que apetece más valorarlo por lo que puede llegar a se que por lo que es, pero surgen dudas. No sé si la propuesta de Brain Jar Games, Inc necesita un modo de juego estándar en el que acabar con masillas para llegar a los jefes finales pues eso parece que desvirtuaría la limpieza de su concepto. Tampoco sé si por muy bien hechos que estén esos enfrentamientos, y los están, tienen el peso suficiente como para actuar de forma más contundente que un precioso anzuelo para atrapar usuarios. Más allá de las lógicas correcciones de algunos fallos actuales que se irán subsanando conforme avance su desarrollo, no logro ahora mismo ver un final en el que todos los elementos sumen lo suficiente como para que aquellas propuestas que realmente brillan, destaquen lo suficiente y sirvan de reclamo para un público que va a venir buscando un Batman: Arkham meets Hi-Fi Rush. Quizás, utilizando un símil musical, sólo sea cuestión de encontrar la armonía adecuada porque está claro que hay talento en esta orquesta y los instrumentos están bien afinados. Ojalá salga un buen concierto de aquí.