Análisis: Assassin’s Creed III

Análisis: Assassin's Creed III 7

Todo diccionario que defina en sus páginas la palabra Hype debería ir acompañada de una foto del primer Assassin’s Creed, uno de los títulos que más expectativas entre los aficionados y repercusión mediática ha tenido en la historia de los videojuegos. Una saga que a lo largo de los años hemos visto como se ha ido transformando en lo que es.  En un inicio, una propuesta jugable muy prometedora pero muy mejorable en su ejecución. Después, una continuación que enamoró a la crítica y público, convirtiéndose en uno de esos juegos que definen a una generación. Por último, la explotación de su nombre sacando continuaciones, expansiones o spin offs  aprovechando el tirón comercial y de la fidelidad de los fans ofreciéndonos buenos productos, pero carentes de novedades de peso. ¿Y ahora?, pues llega el momento de darle a la saga nuevos aires. Nuevo héroe, nueva época, nuevas mecánicas y la promesa de resolver las dudas que los fans han ido recopilando en el viaje que Desmond Miles inició hace 5 años. Un nuevo Assassin’s Creed numerado está aquí, el tercer capítulo, y el tercer juego que analizo en Nivel Oculto de esta saga donde ya pedía a gritos en los análisis de La Hermandad y de Revelations la aparición de una nueva entrega numerada.

Assassin’s Creed III comienza justo donde dejamos el anterior capítulo, Revelations, hace justo un año. El fin del mundo se acerca. Desmond Miles debe abrir la bóveda central del Fruto del Edén para salvar a la humanidad. No le quedará más remedio que volver al Animus, la máquina que recopila información de sus antepasados a través de su información genética, para resolver el enigma, y cómo no, siempre huyendo de de los templarios y de la compañía Abstergo, que ansían obtener el Fruto.  Nos toca de nuevo presenciar la vida de uno de sus antepasados. Connor Kenway, un nativo mohawk cuyo nombre verdadero e impronunciable es Ratohnhaké. Le seguiremos cerca de treinta años de su vida que coinciden con la revolución de las 13 colonias inglesas en el continente americano que se rebelaron contra los británicos. Léase, la Guerra de la independencia de los Estados  Unidos de América a finales del siglo XVIII.

 

Mucho se ha hablado ya del cambio de época, que muchos fans no consideraron apropiado y lo vieron como un intento de hacer un juego más atrayente a nivel comercial para el público yanqui. Independientemente de cuales sean las verdaderas intenciones de Ubi Soft, hay que felicitar al estudio en su trabajo de documentación. Si las anteriores entregas de la saga destacaron por su cuidada y exquisita ambientación, esta última entrega no se queda atrás. Y es seguramente, la que presenta una mejor ambientación y rigurosidad histórica. Un trabajo que únicamente puede ser considerado como impecable. En esta ocasión, tendremos la oportunidad de recorrer libremente las calles de las ciudades de Boston y de Nueva York, separadas por una gran extensión boscosa conocida como La Frontera.

Hacen falta muy pocos minutos para darse cuenta que este juego lleva más tiempo de desarrollo que sus dos anteriores entregas, dato que se aprecia fácilmente al cuidado y al grado de detalles que se han integrado. Se nota que es un producto hecho con mucho más mimo. Es incluso de agradecer que a estas alturas, se haya creado un nuevo motor gráfico para la ocasión. Dicho esfuerzo se hace patente en actividades tan conocidas en la saga como el de subir atalayas, que aquí se ha integrado con edificios más variados, iglesias e incluso enormes árboles. También se nota el esfuerzo de los desarrolladores en incorporar novedades de peso. Ciertamente las hay, aunque el salto cualitativo a esta entrega no es de tanta envergadura como el que supuso el paso del primer al segundo capítulo de la saga. Assassin’s Creed III abraza esta vez por completo el género Sandbox o temática de mundo abierto, donde se nos ofrece un montón de actividades y de misiones secundarias totalmente alejadas de la trama argumental. Las más curiosas son las que tienen que ver con la creación de nuestra Hacienda. Iremos salvando a ciudadanos, viajeros y marginados sin ningún hogar para que se instalen en nuestras propiedades y poder prosperar. Dispondremos de carpinteros, granjeros, sastres, herreros, médicos, predicadores, posaderos… con la intención de crear una prospera comunidad. Cada estamento nos proporcionará objetos de diversa índole que podremos usar para fabricarnos equipamiento para nuestras armas o para comerciar. Todavía permanece el sistema de adiestramiento de asesinos que se inició en La Hermandad, donde iremos reclutando asesinos a medida que vayamos liberando distritos de las ciudades y que podremos enviar a diversas zonas en conflicto para traer la paz y llevarnos un buen dinero. Connor también podrá ejercer de justiciero cumpliendo misiones de liberación, que van desde llevar enfermos al hospital a evitar ejecuciones, matar a perros con la rabia, evitar el pago de impuestos, quemar mantas infectadas por enfermedades.  Tampoco podían faltar las misiones de recadero, como matar a templarios clandestinos, llevar correspondencia. Por último tenemos la clásica recopilación de objetos, que en este caso consistirán en plumas, pergaminos de Benjamin Franklin o tesoros. 

A diferencia de las últimas entregas, aquí no hay ningún sistema de reconstrucción de distritos o tiendas. Sin embargo, Se ha implementado un sistema de caza de animales.  Y es que aquello de crear un mundo rural abierto como se hizo con Red Dead Redemption, parece que les caló hondo a los chicos de Ubi Soft. La caza de los diferentes bichos que pululan por la frontera nos permitirá ganar un buen dinero si después de matarlos les arrancamos la piel, algo que siempre podremos hacer a menos que lo hayamos matado con un arma de fuego. Algunos de los animales son pacíficos, otros se lanzarán al ataque nada más verte, por lo que deberemos ejecutar unos Quick Time Events para deshacernos de ellos.  Podemos ocultarnos en la hierba, atraerlos con cebo y liquidarlos, cazarlos des de lo alto de un árbol, colocar trampas… Incluso algunas misiones de encargo consisten en matar a determinados animales.

Todas estas novedades son bastante apetecibles, pese a que las hayamos podido ver en otros títulos. Pero la cosa no acaba aquí. Y es que la mayor y mejor inclusión de esta tercera entrega son las batallas navales que disputaremos por alta mar. Dispondremos de un barco llamado Aquila. Con él realizaremos misiones secundarias en batallas contra diversas flotas enemigas o buscando tesoros. Dichas batallas están muy bien planteadas. Movemos el barco mediante el Stick izquierdo y dependiendo de la dirección del viento, podremos optar por ir a media vela o a toda, variando así nuestra velocidad. En el combate, disponemos de dos tipos de cañones. Uno es individual y automático. Su recarga es más rápida y sirve para atacar a los barcos más pequeños, así como para impactar en alguno grande en el que le hemos abierto un boquete mostrando su punto débil. Después disponemos de la artillería pesada, un grupo de cañones que disparan después de una recarga más tardía y siempre que apuntemos de perfil. También disponemos de la acción de cubrirnos cuando es el enemigo el que nos dispara e incluso en ciertos momentos, podremos abordar el barco. Lo cierto es que el control es bastante arcade, lo cual hace que estas partes sean todo un derroche de diversión, muy probablemente lo mejor del título, por no hablar de la espectacularidad de cada una de ellas. La primera batalla marca y no te importa repetir las que sean.  Después de esto, jugar a Hundir la Flota te parecerá una soberana pérdida de tiempo. Por supuesto, siempre que dispongamos de suficiente dinero, podremos también invertirlo en mejorar nuestra nave, aumentando su potencia de  fuego, reforzando su protección, hacerla más ligera…

 

También ha habido tiempo para depurar aspectos que en otras entregas no convencían del todo, como su sistema de combate. En esta ocasión, pese a que todavía no se pueda considerar como un referente, si que ha mejorado considerablemente. Su sistema se basa ahora más en el contraataque y el de desarmar a los enemigos dependiendo de su rango para matarlos. Por lo menos, esta vez los enemigos no te atacan de uno en uno y en lapsos de tiempo tan largos. Se ha agilizado y es bastante más dinámico, de nuevo con un gran sentido por lo vistoso y espectacular  que jugablemente se traduce en  algo sencillo y bastante automático, un poco en la línea de las dos entregas de Batman de Rocksteady. Tampoco podemos abusar del uso de armas a larga distancia como mosquetes, pues el tiempo de recarga es muy largo. Dudo que podáis pegar más de un tiro en cada combate.

El control de plataformas también se ha simplificado, ahora ya no es necesario saltar, sino que con solo esprintar, Connor ya salta de un espacio a otro sin complicarnos demasiado la vida, primando lo espectacular por encima de todo, algo que tal vez no guste a aquellos que busquen un reto en este sentido.  También hay momentos que controlaremos a Desmond por niveles propios, cosa que también ha mejorado, puesto que ofrece muchos de los mejores momentos del juego, pese a también estar muy automatizados, sobretodo porque están muy ligados con el argumento.

El sistema de libre albedrío por un mundo abierto es abrazado por completo en esta entrega tras los coqueteos en anteriores capítulos, y el cambio le sienta verdaderamente bien. Todo ello sin contar su campaña principal, que nos puede llevar algo más de 12 horas. Si se exprime al máximo, Assassin’s Creed III es un producto verdaderamente longevo. Siempre podremos usar para desplazarnos rápidamente los conductos, que debutaron en La Hermandad y el desplazamiento a caballo para agilizar los largos desplazamientos. También se ha ampliado el multijugador, que parte de las mismas bases, pero haciéndolo algo más amplio en cuanto a opciones de personalización. Se mantiene los mismos modos basados en la de cazar al resto de nuestros rivales y ahora se ha incluido incluso un modo cooperativo. 

La pregunta del siglo, aunque un tanto subjetiva: ¿Es Assassin’s Creed III la mejor entrega de la saga? Si hablamos en términos de contenido y novedades, sí;  Pero a nivel global no lo es ni de lejos. Si hay algo que hemos podido ver en estos últimos años e incluso en casos muy recientes, es que ser el proyecto más ambicioso de una saga no implica llevarse la gloria. No se trata de la ambición y de los recursos que pongas, sino que hay algo que no termina de cuajar. De nada sirven presupuestos millonarios si no hay algo de ambición creativa. Suena extraño decirlo, pero pese a que hablemos de Assassin’s Creed, esta entrega ha perdido bastante de su esencia. La serie de Ubi Soft siempre se ha distinguido por tramas plagadas de conspiraciones, secretos, traiciones, familias poderosas, tomas de poder… Poco o nada veréis de eso en esta tercera parte. Y gran parte de la culpa viene por esa excelente recreación de la Revolución de la Independencia de los USA, un capítulo de la historia que poco tenía de esos ingredientes por los que se distingue esta saga. Casi todos sus niveles e historia, están totalmente volcados en batallas históricas del conflicto. Incluso muchos de esos asesinatos los deberemos cometer en esas refriegas, dándonos la sensación de estar más ante una aventura de corte bélico. Es en este punto donde también se vislumbra otro problema. Assassin’s Creed II era lineal y automático a más no poder, pero ofrecía un diseño de niveles soberbio, ingenioso y único. No tan solo cada fase y asesinato eran diferentes el uno del otro, sino que todos estaban diseñados de forma impecable. Esto no pasa en Assassin`s Creed III. Hay poca originalidad e inventiva, ni siquiera dan demasiado espacio para cometer los asesinatos de diversas maneras. Algo que le hace perder una gran parte de su encanto. Se nota la marcha de Patrick Désilets, diseñador y director de las primeras entregas o de Prince of Persia: Las Arenas del Tiempo (2003). Lo cierto es que gran parte de la culpa de que tampoco veamos nada novedoso a pesar de todo lo nuevo ni que no nos sorprendamos tanto se debe al hecho de que hayamos jugado a una entrega anual, perdiendo así parte de la frescura y encanto que suponía su sistema de juego. Todo se torna demasiado familiar. Es agradable jugar a un nuevo Assassin’s Creed, pero ya no es nada fresco o nuevo debido a su abusiva repetición.

Lo sé. Algunos diréis que lo realmente importante es su historia, pero Assassin’s Creed III también tiene ciertos problemas en ese aspecto. Al principio, uno se percata que la trama tarda mucho, muchísimo en arrancar, más allá de los tutoriales y de que comenzamos a controlar a Connor ya convertido en un asesino. Pero a la larga te das cuenta de que no es que le cueste arrancar, sino que nunca termina por hacerlo. Tiene momentos muy logrados, pero se cuentan con los dedos. Están además ubicados por las últimas secuencias de ADN y están más vinculados a nivel emocional que por su diseño de niveles. Connor, a pesar de tener carisma, no es Ezio, y es algo que a la larga se nota. Es un personaje tan obcecado por su sed de venganza, que nos impide ver otros matices u otras connotaciones en su historia, donde no todos son tan malos ni los buenos son tan buenos. Todos aquellos que busquen respuestas a las preguntas que nos han ido planteando a lo largo de la saga, las encontrarán en este nuevo capítulo, pero también dará paso a nuevas incógnitas. Es el final de la historia de Desmond Miles, pero es el inicio de una nueva era. Su desenlace es correcto, pero quizá no tanto en su ejecución. No sería de extrañar que un grupo de fans se levante  generando controversia como en recientes ocasiones.

Pese a los años de desarrollo, algo muy patente en su ciudado, también ha acabado siendo un juego lanzado con prisas. Algo que se nota en la ingente cantidad de bugs que aguarda. Ni siquiera el parche lanzado en su día de lanzamiento corrige demasiados. Algunos no tienen demasiada importancia, como ver escopetas flotantes, personajes que desaparecen, cliping… otros, en cambio, ligados con la jugabilidad son muy molestos, como cuando nuestro personaje realiza una acción que no es la esperada y nos lastra por completo la misión, algo que ocurre a menudo y que acaba frustrando. Otro cantar es el desplazamiento a caballo, casi inservible por lo poco que dura el tiempo con el que podemos esprintar y por la cantidad de veces que el animal se queda atascado en múltiples objetos, por lo que terminamos perdiendo más tiempo intentándolo sacar de ahí, si es que lo conseguimos, que en llegar a nuestro punto de destino. 

Como ya se ha dicho antes, el motor gráfico es completamente nuevo, llamado Anvil Next, y lo cierto es que su funcionamiento es muy bueno. Tiene otros fallos, más allá de esos bugs, como un recorte en la distancia del dibujado cuando contemplamos las vistas. Aún así, es un motor impresionante, algo que se agradece a estas alturas. Con un enorme nivel de detalle en los rostros y en sus expresiones faciales (fijaos en los ojos) o en las texturas de la ropa, nuevas animaciones…. Otros detalles en cambio, como la vegetación, podrían estar mucho mejor. También hemos de dar una gran bienvenida a los efectos climatológicos, que debutan por primera vez en la saga con muy buenos resultados, sobretodo la lluvia. El sonido vuelve a ser magnífico, en la línea de la compañía gala. Una gamma de sonidos ambientales que hacen que nos sumerjamos completamente en la profundidad de ese entorno rural, una muy buena banda sonora y un no menos estupendo doblaje al castellano.

Assassin’s Creed III es un gran juego y el esfuerzo por sacar un producto redondo es innegable.  Sería el mejor juego de la franquicia si solo nos ceñimos a sus novedades y en cantidad de contenido. Sin  embargo, sólo nos deja satisfechos, nunca termina por dejarnos llenos o conmovidos. Es un producto al que le falta alma o como nos gusta decir en esta santa casa, le falta un poco más de HAMOR. Aún así, y si también perdonamos sus bugs, nos espera una gran aventura si la desentrañamos por completo que satisfará a los fans de la franquicia, con momentos bastante épicos y conmovedores y con un deseado final para la historia de Desmond Miles que nos proporcione respuestas. Sin embargo, cuando algo acaba, algo nuevo empieza, y eso Ubi Soft lo sabe muy bien.

Salir de la versión móvil