Transistor y el amor

Transistor y el amor 4

AVISO: ESTE TEXTO CONTIENE SPOILERS

I will always find you
Like it’s written in the stars
You can run, but you can’t hide
Try
(Paper Boats, Transistor)

De Transistor (Supergiant Games) se ha hablado largo y tendido. Grandes artículos de magnífiques autores han abordado desde la estética hasta la narrativa de la obra, logrando con ello transmitirnos el amor por un título que sigue conmoviéndonos en el presente. De hecho, para mí una de las mayores conquistas del estudio de desarrollo es la de haber encandilado a les jugadores con sus diversos videojuegos, que ni el tiempo ni los nuevos lanzamientos han podido apaciguar. Pero, si echo la vista atrás en cuanto a mi apasionada experiencia con Transistor, reconozco en ella un fondo que hasta hace poco me era casi desconocido, pero del que no pude apartar la vista desde que lo percibí. Es por eso que, aun con la idea en la mente desde el principio hasta el final de mi partida, he podido armar el rompecabezas muchos años después, cuando la existencia, que a menudo es imprevisible, ha decidido que era el momento de darle el relieve que necesitaba para ello. De esta forma, recupero con este texto el matiz, consciente o no por parte del equipo de desarrollo, que me llegó con más fuerza de este videojuego: la naturaleza de las relaciones a distancia.

Nada más empezar Transistor somos testigues de una tragedia. Red, famosa cantante de la ciudad de Cloudbank, observa el cuerpo inerte de su guardaespaldas y amante. El ataque de la Camerata y El Proceso, dirigido a ella, ha acabado con su voz y con la consciencia de su acompañante en una Transistor, la espada con la que tendrá que pelear durante toda la aventura. Más allá de las bondades del arma, que se desentrañan a medida que progresamos en el título, esta se transforma en el espacio que habitará el enamorado sin la capacidad de elección. Con lo que tanto ella como él pugnan con estados que les alejan, irremediablemente, de compartir espacio de una forma plena. Así, a esta primera barrera, o si preferimos distancia, teniendo en cuenta que en el fondo Red y él sobreviven en espacios diferenciados, debemos añadir la imposibilidad de la cantante para hablar con él en voz alta. No es en absoluto un impedimento que, a priori, tenga una forma literal en las relaciones a distancia, pero emula de forma efectiva la sensación de separación y, a la vez, de imposibilidad por acceder a una comunicación directa con la otra persona. En el videojuego, esta situación empuja al amante a verbalizar, y por tanto narrar, lo que sucede para le jugadore, quien se asoma a la historia a través de sus comentarios y anotaciones.

Pero no solo narra. Entre las expresiones que nos regala el amante a lo largo de la aventura, aparecen consejos, muestras de cariño, frases de ánimo y algunas bromas, ya sea hacia su enamorada o a quien quiera escucharle, pero también muchos de sus propios pensamientos, que de vez en cuando conducen a la frustración y tristeza por no poder estar físicamente con Red. Él es la espada con la que ella se protege y restaura el mundo, pero la pérdida de la capacidad de estar con la cantante de forma física en un episodio tan crítico lleva a ambos a pasar de un estado anímico al otro. Ese vacío sustancial, que no puede ser remediado ni a través de las pantallas que Red emplea para escribirle ni de las palabras de afecto que él le dirige siempre que puede, hace mella en la relación. Comer una pizza, bailar, dar un abrazo y besarse es algo inviable en su situación, como en la de miles de parejas que tienen una relación a distancia, puesto que al habitar en espacios apartados las opciones alternativas no pueden complementar unas sensaciones que ni la tecnología, ni la imaginación, tienen la capacidad de compensar. La espera de los mensajes, la batería de los dispositivos o la irrealidad extenuante de ver y no poder tocar a quien está en el otro lado retienen el contacto, como cuando Red intenta escribir en los limitados terminales que encuentra en la ciudad.

Evidentemente, las herramientas de las que disponemos hoy en día favorecen un tanto la cercanía para las relaciones a distancia, sean 1000 o 10000 kilómetros los que alejan a ambos enamorados, pero nunca proporcionan una comunicación efectiva al completo, alivian la desilusión, reducen el anhelo del contacto ni profesan un cuidado óptimo. Las palabras no siempre son suficientes cuando quien llora o está herido queda tan lejos que dependes de tiempo, dinero, organización y transporte para poder arrancarle unas horas al destino. De ahí que las aplicaciones de mensajería y las de llamada solo suplan algunas carencias en la comunicación, la cual está supeditada a horarios, trabajos y tareas de las dos personas, como los mayores enemigos a los que te enfrentas fuera del videojuego. En el caso de Transistor, entre Red y su pareja, ahora anclada en la espada, hay un contacto físico constante que no puede acercarlos de la forma corporal que desean, quedando a merced de las palabras y los escasos instantes en que, uno u otro, deben usar algún método alternativo, entre combates, con el fin de salvar la distancia o hacerla más llevadera.

Por ejemplo, desde la muerte del cuerpo físico de su amante, Red porta la chaqueta que llevaba y era tan característica de él. Asimismo, la cantante toma la espada con cariño siempre que las circunstancias lo permiten, llegando a mirarla con afecto y casi abrazarla. Él, por su lado, asiste a Red con su voz y apoyo moral, incluso antes siquiera de que la cantante sepa que lo necesita. Igualmente, habla de los recuerdos comunes y de las particularidades de la relación y de su amada, como sus gustos y carácter. El afecto trasladado a las particularidades que se profesan, nacido de su amor y convivencia, y adaptadas a la circunstancia en la que se ven inmersos, es la forma que tienen de mantener y recuperar el vínculo. Para hacerlo, cualquier fórmula merece ser explorada, como quien programa una videollamada u organiza una escapada mensual. Por supuesto, no solo las parejas con una distancia notable acusan todo eso, porque es bien sabido que la presencia no lo es todo, pero existir en el mismo lugar o uno cercano facilita la tarea de gestionar una relación.

Porque, sea en el videojuego o en la materialidad, tener una relación a distancia es perseverar y combatir contra ti mismo y lo que te rodea. Es apostar algo sabiendo que hay un peso enorme que arrastras (incertidumbre, distancia, culpa, etc.), como Red hace con la Transistor. Sin embargo, es tan potente aquel que alza la espada, como el ser el arma que ella necesita para que se abran camino. El trabajo en equipo, a pesar de la separación, es la clave del vínculo, aquel que ni La Camerata ni El Proceso pueden romper. No es casualidad que cuando ambos aceptan las condiciones en las que deben relacionarse y las circunstancias que atraviesan, esa batalla adquiera otros matices. Entonces unen fuerzas para acoplarse y complementarse, para no perderse el uno al otro aunque lo demás desaparezca irremediablemente, como Cloudbank y sus habitantes. En esa adversidad, ambos no solo unen esfuerzos, sino que, también acogiendo el malestar que les atenaza, refuerzan una resistencia dual con la que se dirigen a un futuro incierto.

Flaquean, por supuesto, pero cuando uno lo hace, el otro está ahí para velarle. Por esa razón, intercambiar los papeles, que debería ser algo común a todas las relaciones, adquiere una importancia vital cuando se trata de una relación a distancia. Al no tener ciertos elementos que se presuponen en una unión y que, en consecuencia, entorpecen el acercamiento y el ritmo de la misma, limitando las opciones mediante las que cuidas a la otra persona, es indispensable abordarlo desde el lugar en que las problemáticas del alejamiento hacen mella. Ese refuerzo del cuidado, de la comunicación y de la confianza es primordial cuando otros terrenos no tienen suficiente presencia, puesto que de ello depende que la relación se refuerce o bien quede pendiendo de un hilo. No obstante, insisto en que, aun con historias de final feliz, aventurarse en una relación con múltiples kilómetros de por medio no es algo que romantizar. Requiere de un esfuerzo y un sacrificio extra que no todes podemos o estamos dispuestes a apropiarnos.

Admitiendo que Transistor como videojuego puede llegar a ser una alegoría de las relaciones a distancia, es significativo el final que tiene la obra. Después de desentrañar el misterio de Cloudbank, El Proceso y La Camerata y hacernos con el poder para revolucionar el universo que nos ha acogido, pudiendo moldearlo a nuestro gusto, Red toma una decisión drástica: comete suicidio con la Transistor, que es, a la vez, el receptaculo de la conciencia de su amado. La cantante, aceptando que él no volverá a su lado, es quien escoge ir al suyo. Abandonando todo aquello que, sea mucho o poco, le quedaba en el lugar del que proviene, la protagonista se traslada a la ubicación en la que le espera su pareja, consciente de que empezará una nueva existencia pero junto a él. Este es un desenlace “idílico”, aunque lógico, puesto que la evolución deseada en la mayoría de relaciones a distancia es, precisamente, la proximidad. Ante la resolución de que su amante no puede revertir su estado, ergo, hay algo que le ancla ahí, es Red quien produce la reunión.

La canción Paper Boats (de Darren Korb y Ashley Barrett) culmina unos créditos acompañados por las memorias de los dos amantes en la urbe, antes de que podamos apreciar el destino de la pareja. En este encuentro propiciado por la determinación de Red, con un telón de fondo anhelado por ambos, que es un soleado campo con una casa esperándoles, los enamorados se cogen de las manos al fin. Se sonríen y se saludan de forma cómplice, juntos. No existen barreras que les impidan ese contacto. Mientras, los dos cuerpos yacen frente a la espada, uno al lado del otro en Cloudbank, el lugar del que proceden y que han dejado atrás. Una vez más, la tragedia de Transistor, salvando las distancias, puede acercarnos al deseo de reunirse, no exclusivo de las parejas separadas por kilómetros o circunstancias, pero sí bastante extendida entre ellas, puesto que la opción usual para avanzar es que una de las dos personas, o ambas, y que escogen mantener esa unión deban despedirse de parte de quienes eran para construir en otro lugar.

Pero, al igual que en la obra, la posible resolución de acercamiento que se plantea como culminación de la misma no es agradable, rápida, fácil o posible para muchas de las relaciones que experimentan esa situación. Para Red y su amante es en sí la respuesta a eventos en los que se han visto involucrados y que les han arrebatado la opción de decidir, magnificando el drama de los dos amantes. De hecho, recuerdo haber llorado de felicidad y tristeza con el final de Transistor, porque la dicha de la conclusión del videojuego no puede esconder completamente el drama que Supergiant Games expone soberbiamente, incluso a pesar de que el título nos habla de decenas de temas y subtemas seductores, especialmente aquellos relacionados con la tecnología, las clases sociales, el capitalismo, el anhelo de lo imposible y la existencia en sí misma. Pero aun con todo, la obra no pretende esconder que es la historia de un amor. Uno separado por el espacio, pero que logra superar ese escollo, aunque no de la forma menos dolorosa. Si ese final es trágico o no, depende de cómo lo miremos.

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