Análisis: Starcraft II

Análisis: Starcraft II 2

Hace unos días colgaba en la web mi primer análisis, era de Diablo III y no iba corto de bofetones, para Blizzard (aunque pensando en lo que a Blizzard se la deben resbalar las opiniones personales de uno, pues casi diremos que eran “intentos de bofetadita con final feliz”) y para el propio juego, que en el fondo es a lo que íbamos: Aunque destacaba algunas de las virtudes que tiene, mostraba también sus defectos, que no son pocos.

La cuestión es que éste análisis podría servir de complemento al otro, porque si ahí demonizaba (o Diablizaba) a los chicos de Blizzard hoy los voy a Starcraftizar (que como todo el mundo sabe, es el puro contrario), hablando un poco de ese viejo y puro instinto que todavía guardan en secreto y bajo cien llaves (cual receta de la Coca-Cola) los chicos de la gran B.

Al grano: Starcraft es un juegazo, cuando pienso en él, el fiel de la balanza de mi juicio sobre ésta Megacompañiaza se pierde hacia El Bien: Starcraft, el mayor y más equilibrado y épico juego de estrategia en tiempo real que conozco. El maravilloso multijugador de Starcraft era (y es) un auténtico deporte mental, el primero de los eSports, que se ha hecho más grande incluso que la propia Blizzard. Una suerte de Ajedrez espacial superequilibrado y emocionante, que te obliga a estar atento, tener reflejos, inteligencia, memoria y estrategia en cada partida. Por no hablar de su épica y magnífica campaña, que aprovechaba las mecánicas del juego para hacernos vivir una historia única y emocionante, con personajes inolvidables y una trama realmente buena. No quiero extenderme loando aquella maravilla, queda pendiente para un “1001 Juegos que Deberías Jugar”

Una suerte de Ajedrez espacial superequilibrado y emocionante, que te obliga a estar atento, tener reflejos, inteligencia, memoria y estrategia en cada partida.

Porque ¡ah!, espera, es que teníamos que hablar de Starcraft II.

Ahora es cuando me pongo las gafas de paster y empiezo a rajar y vosotros me aplaudís con vehemencia, dejando el café Starbucks en la mesa, incluso …pero no, resulta que a un servidor el juego, sin ser tan bueno como el uno, le ha gustado bastante.  O mucho:

La historia ha perdido un poco, tal vez porque los personajes buenos y malos están más definidos y los clichés son más evidentes. Sigue siendo emocionante, pero no hasta el punto de comprender las motivaciones de todos los personajes, tal vez se da demasiado por sentado que el jugador siguió la historia del primer juego. O simplemente porque no se invierte tanto en ella, volcando mucho más la cosa hacia el multijugador, aun así han conseguido conservar el nivel épico, con un final de “capítulo” (tanto en Wings of Liberty como en Heart of The Swarm) realmente bueno. Muchas veces con las cinemáticas, pero también con el in-game.

¿Hasta qué punto Starcraft II vive de lo que dejó el primero? La respuesta podría ser: Hasta el punto justo. Digamos que el juego conserva perfectamente el espíritu jugón del primero, pero mejora aún más la capacidad de sus unidades, tanto en tácticas como en estrategias. O sea, que añade diversidad, opciones y además éstas son para todos los gustos y parece ser que del agrado tanto de los más clásicos jugadores como los nuevos. Consigue conservar la misma jugabilidad, y eso es muy bueno.

De los vídeos no hay ni que hablar. This is Blizzard, señores: Son impecables y pulidos hasta el extremo, son épicos y brutales, aquí se la miden con las cinemáticas, para muestra la intro:

En la campaña se han introducido variedad de misiones y una nueva manera (secuencias intermedias entre misiones) de avanzar por la historia en la que nos identificamos mucho más con los personajes principales más característicos de cada raza, los cuales pueden mejorar así como las unidades a su mando, mucho más variadas. Los enemigos también son muy variados, aclimatados al entorno de la pantalla en que nos toque jugar.  La Inteligencia artificial no nos lo pondrá fácil si elegimos un reto alto, además el juego nos sorprenderá con unidades enemigas únicas y “monstruos finales”. Se han introducido logros y misiones opcionales o secundarias, caminos de misiones que desbloquean otras, etc. Todo en aras de la rejugabilidad, muy de agradecer para los que os guste.

Técnicamente hay poco que decir. El juego luce correcto, los modelos no tienen mucho detalle, tampoco los entornos, los movimientos y animaciones son fluidos y originales, algunos muy conseguidos, sobre todo las muertes y animaciones de habilidades especiales de alguna unidad. Lo bueno es que el juego corre bien sin exigir una máquina muy potente.

Artísticamente es notable, hay mucha variedad de escenarios que tienen cohesión y belleza al mismo tiempo, todo se integra y eso hace que te mantengas en el juego involucrándote en la historia. Los retratos, las pantallas de carga, las animaciones y voces de los personajes, todo cuadra y da energía a la escena global. La música es mejor, sí, he dicho MEJOR, que en el primero. No sólo la brutal banda sonora de fondo.  Atentos por ejemplo al Jukebox que hay en la cantina y los auténticos temazos que encierra como “A Zerg, A Shotgun & You”.

En resumen: Starcraft II no llega a la altura del primero, porque no nos engañemos, son otros tiempos. Han pasado ya 15 años y es un juego bastante conservador, pero a veces te sorprende muy gratamente.  Como si fuesen una de esas viejas glorias del futbol, con la creatividad agotada y viviendo de las rentas de su pasado, Blizzard se revuelve de vez en cuando y nos deja un toque de magia para que no se nos olvide lo que fue su esplendor, y de paso nos cuela un gol por la escuadra: Un golazo como Starcraft II, que no va a bajar de los 120 Euros (siendo paciente y amable), si quieres conocer su trama entera. Y encima con la aberración del requisito de conexión a internet y la cuentecita en Battle.net. de las narices. Aún con todo esto yo le daría una buena nota, si me fuerzan un siete y medio o un ocho, que ya es.

Concluyendo: Nadie pretende decir que Blizzard sea EL MAL, de hecho se me ocurren otros ejemplos que lo representarían mejor (Rajoy) y no tengo que irme tan lejos (Merkel, Rajoy, Rajoy). Lo que comentaba en el análisis de Diablo III y también ahora, es sólo una de las realidades de ésta compañía, en lo que la gran B se ha convertido. Siempre queda al gusto del consumidor el juzgar si esto es bueno o es malo.

Tal vez sea culpa mía, o, me aventuro a decir, nuestra, de los que nos reunimos en ésta web.  Muchas veces exigimos a los innovadores que sigan innovando toda su vida, a los genios que sean siempre “geniales”. Sin tener presente que, tal vez estén cansados o quemados, o sean demasiado grandes y pesados como para poder moverse, o, por qué no, simple y llanamente no les dé la gana. Como decía arriba, Blizzard llenó nuestra(mi) infancia/adolescencia con el bonito sueño espacial de Starcraft, (entre otros, que mis buenas horas me pasé resolviendo el Lost Vikings). O sea, que han aportado a la historia del videojuego más que nosotros haremos nunca.  ¿Eso le da derecho a hacer ahora lo que quiera? No, podrían tener más respeto por su público. Pero, las cosas en su sitio, tampoco tuvieron nunca el deber de endulzarnos la vida, y lo hicieron con creces.

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