1001 Videojuegos que debes Jugar: Constructor

1001 Videojuegos que debes Jugar: Constructor 2

Constructor

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Allá por el año 1997 la compañía Acclaim dio a conocer al mundo uno de los juegos de estrategia más originales de la Historia: Constructor. Yo contaba con nueve años y di tanto la lata a mis padres para que regalaran este juego que ahora mismo estoy mirando su gran caja amarilla con jipis dibujados en la estantería. Este juego de estrategia te ponía en la piel de un constructor inmobiliario que tenía que levantar una ciudad a base de barrios. El argumento del juego no puede estar más de actualidad en estos momentos, pero si continuamos escarbando en el juego encontraremos  que si, que si puede estar más de actualidad aún.

Para llevar a cabo tu gesta, levantar una ciudad de la nada, podías hacer como Albert Pla, ir por el lado bueno de la vida o ir por el lado bestia de la vida. El primero era fácil, construías tu casas, la alquilabas a inquilinos, le arreglabas las viviendas para que tuvieran más hijos, pagaran más alquiler, estuvieran más felices, etc. Estos inquilinos a cambio te daban a sus hijos para que tu le dieras trabajo. Hasta aquí la cosa pintaba bien, era original y todo un reto a veces, pero el juego mejoraba enormemente cuando le dabas una vuelta de tuerca y comenzabas a hacer todo tipo de tropelías para aumentar tu barrio, conseguir más terrenos y lo más importante, hacer que tus enemigos constructores no consiguieran expandirse a base de medidas poco éticas, pero legales, como conseguir que el banco les embargara las casas o. Porque si, señores, estos de Acclaim vieron venir la crisis inmobiliaria con años de adelanto y la plasmaron en uno de los juegos de estrategia más divertidos de la Historia.

Los hijos de tus inquilinos no solo podían convertirse albañiles, podían convertirse también en jipis que eran mandados a ocupar las casas de tus vecinos. Una vez dentro la única forma que tenías de echarlos era darles una paliza. Era bastante gracioso ver al jipi correr delante de un puñado de obreros soltándole leches con llaves inglesas por todo un barrio. Porque los obreros y el capataz también tenían su malicia y podías mandarles a que se cargaran los jardines de la casa para que parecieran abandonadas y las embargara el banco. Pero más adelante, en el juego, no solo podías crear jipis, también podías crear mafiosos. La mafia era uno de los elementos fijos del juego, podías pedirle préstamos a un gran interés y si no los devolvías no te respondían con cabezas de caballo, si no que  se plantaban en mitad de la calle a disparar a todos aquellos que pasaran por delante de sus subfusiles. Y los mafiosos, señores, los mafiosos eran la pieza clave del juego, especialmente cuando les dabas armas de rayos laser (si, este juego también tiene armas de rayos láser, ya os he dicho que es el juego de estrategia más divertido de la Historia) y los colocabas en las entradas de las casas enemigas ojo avizor a los nuevos vecinos. Una vez puestos allí freirían a cualquiera que entrase en la casa, permaneciendo vacía para siempre. Existen mil y una treta relacionada con los personajes, todas las que tu mente enferma sea capaz de desarrollar, pero también existían otras malas prácticas, esta vez desarrolladas con el uso del terreno y los edificios. No había nada mejor que ver como tu enemigo compraba una enorme parcela y la intentaba rellenar con casas de lujo para plantarles tú una fábrica de cemento en el medio. O construir en mitad de la parcela una casa digna de Earl Hickey para impedir que construyera en esa parcela. O mandar a tus matones a que destruyeran el interior de una casa para impedir la reproducción de la especie. En definitiva, existían miles y miles de artimañas (como mejorar únicamente las habitaciones para que tus inquilinos tuvieron niños como conejos descuidando todas las otras habitaciones de la casa) que podías emplear para que tu enemigo cayera en la bancarrota sin que hubiera ningún banco detrás para rescatarlo y tu salieras indemne y forrado del asunto.

Como es natural, la construcción de las casas, su equipamiento, acondicionamiento y emplazamiento es el plato fuerte del juego. La base del mismo son las fábricas de materiales que irás construyendo para poder edificar, primero de cemento, después acero, etc. También tendrás que construir una tienda de gadgets donde poder fabricar armas, ventanas, televisores, etc, y mejorar así la calidad de vida de tus habitantes. Estos irán desde los más paletos de la Historia hasta los Yuppies y más allá. Cada escalón de la clase social tendrá que vivir en una casa a su altura. El juego permite que el inquilino pueda disfrutar de una casa superior a su estatus, pero no contara con todos los beneficios de la casa. Por eso es importante saber que alojamiento se le da a cada inquilino. Cada clase social tiene dos tipos, uno encaminado a tener hijos, otro encaminado a pagarte más monedas por el alquiler. Por tanto todos estos elementos sumados añaden un plus de complejidad y estrategia al juego.

En definitiva, la imaginación es el único límite en este juego y tu habilidad para crear el imperio inmobiliario más sucio de la Historia el techo, habilidad esta que se ha puesto muy de moda recientemente.

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